José Saramago visitó en tres ocasiones el Tecnológico de Monterrey.
Dos partidas a un mismo viaje. El mundo debe de aprender a dialogar: Rajmohan Gandhi Diseñan y fabrican máquina herramienta reconfigurable. Destaca EGADE Business School en ranking de América Economía. Nuevo presidente de la Asociación Nacional de Facultades y Escuelas de Ingeniería. Recibe el Premio de Ingeniería de la Ciudad de México. Analiza en libro la mejora continua en la Gestión Pública. El consumidor: ¿sabe lo que quiere?. Reflexiones sobre el fenómeno migratorio.
Pasa de la creatividad a la innovación.
Analizará en Cambridge la industria de los servicios en México.
![]() |
Dos partidas a un mismo viaje
Lo mejor no llega solo, y tampoco se va así. En un par de días, en lo que pareciera ser un acuerdo para dejar a los que nos quedamos pero para hacerse compañía entre dos que se van, José Saramago y Carlos Monsiváis dejan como recuerdo su paso por el Tecnológico de Monterrey, a través de la Cátedra Alfonso Reyes.
Como si no fuera suficiente la partida de un escritor, esta vez, como en un acto de castigo para los que se quedan y de placer y picardía para los que se fueron, dos de los más grandes autores, críticos y pensadores de dos siglos, mueren. La Cátedra Alfonso Reyes del Tecnológico de Monterrey tuvo el privilegio de compartir con José Saramago y con Carlos Monsiváis momentos y charlas en diferentes años.
El primero en irse, a sus 87 años, el 18 de junio fue el portugués José Saramago. Pero antes de hacerlo, visitó en tres ocasiones el Tecnológico de Monterrey, invitado por la Cátedra. En diciembre de 1999, acudió al Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México donde impartió la Conferencia Magistral “Descubrámonos los unos a los otros”; en ese mismo mes pero del año 2004, acudió al Campus Monterrey donde ofreció la Conferencia Magistral “El despertar de las democracias ciegas” y en noviembre de 2006, volvió a la Ciudad de México para presentar su libro "El nombre y la cosa", cuaderno de la Cátedra Alfonso Reyes.
“Le gustaba mucho compartir con los estudiantes su entusiasmo por la literatura, sí, pero sobre todo, creo, compartir su entusiasmo por la justicia y la libertad. Por eso no me fue muy difícil convencerlo de acudir”, dijo Silvia Garza, quien fuera directora de la Cátedra Alfonso Reyes en esos años.
Con menos años andados pero con la misma agudeza en su visión sobre el hombre y el mundo, se fue a sus 72 años, al día siguiente, el 19 de junio, el mexicano. Carlos Monsiváis.
En octubre de 2009, la Cátedra celebró su décimo aniversario y en su lista de invitados estaba el original Monsiváis. “La idea era contar con personalidades de de especial peso en literatura, historia y ética, por eso invitamos a Carlos Monsiváis”, señala Dora Esthela Rodríguez, directora de la Cátedra. Lamentablemente, y como ya se había vuelto costumbre en los últimos tiempos, se disculpó y no acudió a la cita… quizás sus gatos lo extrañarían demasiado.
El desaire no importó. A su partida, la directora de la Cátedra opinaba: “Yo me quedo con ‘Catecismo para los indios remisos’ porque maneja una ironía, una burla y una tradición muy interesante para cualquier persona que lo lea, especialmente para un mexicano”, a la pregunta de qué leer del autor. Su obra también forma parte de los cuadernos de la Cátedra Alfonso Reyes, a quien heredó “Las tradiciones de la imagen: notas sobre la poesía mexicana”.
“Si no nos movemos adonde están el dolor y la indignación, adonde está la protesta, no estamos vivos, estamos muertos”, dijo Saramago en San Cristóbal de las Casas, en marzo de 1998. En una imagen captada por el periódico La Jornada, en ese mismo mes y año, pero en su visita a Acteal, Saramago está acompañado por el escritor Carlos Monsiváis. Quizás, decidieron hacer de nuevo un viaje juntos.
Y es que ambos tenían en común esa congruencia entre el pensar y el hacer, y ese desparpajo único por unir ambos actos para compartirlos con quienes los rodeaban, y con quienes les huían y hasta les odiaban, por su decir. Su aportación a sus países de origen y al mundo entero, es amplísima. No solo por sus obras, sino por su pensamiento y sus acciones que, a diferencia de sus frágiles cuerpos, permanecerán, por la eternidad.
Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía…
Hijo y nieto de campesinos sin tierra, José Saramago nació en la aldea de Azinhaga, provincia de Ribatejo, el día 16 de noviembre de 1922, aunque el registro oficial mencione, como fecha de nacimiento, el día 18. Sus padres emigraron a Lisboa cuando aún no había cumplido dos años de edad. La mayor parte de su vida transcurrió, por tanto, en la capital, aunque hasta el comienzo de la edad madura fueron numerosas, y a veces prolongadas, sus estancias en la aldea natal.
Hizo estudios secundarios (de liceo y técnicos) que, por dificultades económicas, no pudo proseguir. Su primer empleo fue de cerrajero mecánico, habiendo ejercido después diversas profesiones: delineante, funcionario de sanidad y de previsión social, traductor, editor, periodista. Publicó su primer libro, una novela, Terra do Pecado, en 1947, habiendo estado después sin publicar largo tiempo, hasta 1966. Trabajó durante doce años en una editorial, donde ejerció funciones de dirección literaria y de producción. Colaboró como crítico literario en la revista Seara Nova. En 1972 y 1973 formó parte de la redacción del periódico Diário de Lisboa, en el que fue comentarista político, habiendo también coordinado, durante cerca de un año, el suplemento cultural de aquel vespertino.
Perteneció a la primera dirección de la Asociación Portuguesa de Escritores y fue, desde 1985 a 1994, presidente de la Asamblea General de la Sociedad Portuguesa de Autores. Entre abril y noviembre de 1975 fue director adjunto del periódico Diário de Notícias. A partir de 1976 pasó a vivir exclusivamente de su trabajo literario, primero como traductor, después como autor. En febrero de 1993 decidió repartir su tiempo entre su residencia habitual en Lisboa y la Isla de Lanzarote, en el Archipiélago de Canarias (España). Estuvo casado con Pilar del Río.
Viajó por los cinco continentes dando conferencias, recibiendo títulos académicos, participando en reuniones y congresos, tanto de carácter literario como social y político. Pero, sobre todo, participó en acciones para reivindicar la dignidad de los seres humanos y del cumplimiento de la Declaración del los Derechos Humanos, en pos de una sociedad más justa, donde las personas sean prioridad absoluta, y no el mercado, o las luchas por el poder hegemónico, siempre destructivas.
En 1998 le fue concedido el Premio Nobel de Literatura. Y desde ese año su publicación fue prolija con Folhas Políticas (1976-1998) (1999), La caverna (2000), La flor más grande del mundo (2001), El hombre duplicado (2002), Ensayo sobre la lucidez (2004), Don Giovanni ou o Dissoluto Absolvido (2005), Las intermitencias de la muerte (2005) e Las pequeñas memorias (2006). El viaje del elefante (2008), un cuento, una narración, una fábula. Sus últimas obras fueron la novela Caín y artículos en la red como "bloguero".
“Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar, necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que sin ideas no vamos a ninguna parte", así citaba la última entrada en su blog.
Si no fuera por el cinismo, la verdad habría
pasado definitivamente de moda…
“Cuando pienso que tengo una sola vida, me gustaría ser gato, pero cuando observo mis movimientos observo que lo felino no se me dio. Creo que procedo con rapidez, pero no sé si es la rapidez que se dirige al abismo o es una rapidez más fructífera”, quizás por eso Carlos Monsiváis tenía como amigos casi una decena de estos peludos mamíferos.
Carlos Monsiváis Aceves nació en Ciudad de México el 4 de mayo de 1938. Crítico e irónico, el autor fue según el poeta José Emilio Pacheco, el único escritor “que la gente reconoce en la calle”.
Estudió en la Facultad de Economía y en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), fue uno de los participantes del movimiento estudiantil de 1968 que, según los mexicanos, abrió una puerta a la democracia.
Considerado un gran cronista de la vida cotidiana de los mexicanos, del arte y de sus personajes populares, escribió multitud de ensayos, un libro de fábulas, así como biografías de personajes que han dejado huella en la vida mexicana. Su obra cuenta más de cincuenta libros publicados, y sus trabajos están en revistas y periódicos. Con un trabajo diario en la prensa escrita y en la televisión, así como en foros públicos, Monsiváis fue uno de los grandes difusores de la cultura mexicana.
Reconocido por su crónica impecable, como ensayista pulcro e imaginativo, Carlos Monsiváis obtuvo el Premio Nacional de Periodismo por su larga trayectoria en el mundo de las letras y del periodismo. Se le considera uno de los autores más importantes del país, por resaltar la exquisitez de lo más puro de la cultura mexicana. Entre sus obras están Amor perdido (1976), Nuevo catecismo para indios remisos (1982), Los rituales del caos (1995) y, la más reciente, Apocalipstick (2009).
El escritor también fue sido distinguido con numerosos premios, entre ellos el Príncipe Claus que otorga Holanda (1998), la Medalla Gabriela Mistral que entrega Chile (2001) y el Premio FIL de Literatura de Guadalajara (antes Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo) de 2006, así como con un Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Arizona (2006).
Su ‘omnipresencia’ en múltiples foros (revistas, mesas redondas, programas de radio y televisión, periódicos, coloquios, museos, películas, antologías, prólogos...) lo convirtió en una celebridad y en uno de los intelectuales más reconocidos. Amante de los gatos y gran coleccionista del arte popular, los objetos que atesoró durante cuatro décadas se exhiben desde 2006 en el Museo del Estanquillo, en el centro histórico de la Ciudad de México.
Agencia Informativa