La mejor
biografía de un ser humano consiste en no dudar de sus obras...

Arquetipo
de los hombres de empresa regiomontanos y líder industrial
animado a lo largo de su vida por una mística de progreso social y de trabajo,
Eugenio Garza Sada fue un mexicano que no concebía un desarrollo
económico sin los consiguientes beneficios para el mayor número
de personas, comenzando por los trabajadores de su empresa y sus familias.
Convencido
de que "sólo la industria puede dar trabajo a la
gente y darle de comer bien", predicó principalmente
con el ejemplo, contribuyendo de manera decisiva a la
pujanza, la riqueza y el elevado
nivel de empleos de la ciudad norteña en la que vio la primera
luz y a la que -junto con otros visionarios y luchadores- hizo crecer
y prosperar de modo portentoso.
En
1892 nació Eugenio Garza Sada, hijo de Isaac Garza y Consuelo
Sada Muguerza de Garza. Cursó su educación primaria,
secundaria y preparatoria en un colegio marista de su
ciudad natal y en el Colegio de San Juan, en la vecina ciudad
de Saltillo. Graduado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts,
en Cambridge, como ingeniero civil, don Eugenio siempre fue una persona
optimista, enemigo de la ostentación y sobre
todo, preocupado por el desarrollo social y económico.
A
su regreso de Boston en 1917, Eugenio Garza Sada se incorporó
a Cervecería Cuauhtémoc Moctezuma -empresa que inició
su padre-, en la que comenzó su carrera como auxiliar en el departamento
de estadísticas y con el paso del tiempo fue ocupando puestos
de mayor responsabilidad. El trabajo -según su pensamiento-
conducía al hombre hacia la libertad y la cultura,
por lo cual, él era un activo promotor del trabajo.
Caracterizado
por ser un hombre de pocas palabras y muchos hechos, don Eugenio Garza
Sada tuvo la visión de crear, apoyado por un grupo
de empresarios, una institución educativa capaz de formar
hombres integrales y no sólo técnicos capaces: hombres
generosos para ofrecer lo que saben en beneficio de la sociedad.
Convencido
de que los jóvenes eran la base para el desarrollo de un mejor país,
su espíritu visionario vio en la educación la posibilidad
de sembrar las bases para cosechar un mejor futuro para la juventud.
Producto
de estas ideas, surgió el Tecnológico
de Monterrey, el 6 de septiembre de 1943, cuando
don Eugenio y otros empresarios constituyeron una sociedad civil denominada Enseñanza
e Investigación Superior (EISAC), la que creó
ese mismo año el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores
de Monterrey que inició sus actividades con Preparatoria,
Facultad de Ingeniería y Facultad de Estudios
Contables, así como un internado.
Asimismo,
a través de la Sociedad Cuauhtémoc y FAMOSA canalizó
recursos muy importantes para la impartición de cursos
y para el otorgamiento de becas para los hijos de quienes trabajaban en
las empresas dirigidas por él.
Al
dejarnos en 1973, dejó tras de sí,
una obra empresarial y educativa sin precedente; la educativa,
es una obra viva que evoluciona y mejora de manera continua.
Con
información del semanario Panorama