Despegan su empresa de aviones automáticos
A partir de este año, el Campus Monterrey comercializa el primer avión de pilotaje automático desarrollado por profesores y alumnos de posgrado, cuyas aplicaciones útiles van desde la fumigación remota, la vigilancia costera y la evaluación de escenarios de desastre, hasta el monitoreo urbano.
Creado por la empresa Aerovantech S.A. de C.V. en junio de 2009, este vehículo aéreo surgió en la Incubadora de Empresas del Tecnológico de Monterrey gracias a la iniciativa de los doctores Arturo Galván Rodríguez, profesor investigador de la División de Mecatrónica y Tecnologías de Información y Aldo Díaz Prado, profesor investigador adscrito a la Cátedra de BioMEMS, así como del ingeniero Alejandro Escárpita, alumno del Doctorado en Ciencias de Ingeniería.
“El año pasado arrancamos las actividades de la empresa e hicimos los primeros prototipos a través de prueba y error; más tarde buscamos nuevas adaptaciones hasta que demostramos que nuestro aparato volaba y podía mantenerse en el aire por un periodo largo de tiempo”, mencionó el doctor Aldo Díaz.
Después de que probaron varios prototipos, los investigadores pasaron a la etapa actual de fabricación del primer avión comercial de gran alcance y autonomía denominado BETA1.
Algunas de las características que hacen que este vehículo aéreo se destaque son: flexibilidad de empleo de cámaras comerciales, piloto robot (el vuelo es gestionado por la computadora), piloto virtual (presencia y ojos virtuales para ver el tráfico y reportarse vía radio con el centro de control de tráfico aéreo), y transponder (para una mejor identificación del radar).
Además, el avión ocupa una pista mínima de despegue, pues se estableció como distancia de arranque la longitud de una cancha de futbol soccer. Cuenta con dos motores, redundancia electrónica y mecánica, y paracaídas balístico con despliegue automático si la computadora detecta una anomalía de comunicación o parámetros de vuelo.
Sus dimensiones alcanzan los tres metros de longitud, cinco metros de envergadura y 85 centímetros de altura; y tiene un peso aproximado de 95 kilogramos al despegue, incluyendo el combustible. El BETA1 supera una velocidad de 200 kilómetros por hora manteniendo una autonomía de hasta 15 horas o un recorrido máximo de 1,500 kilómetros.
Emprendiendo el vuelo
“Estamos saliendo de la etapa de spinoff y entrando a la de start up, es decir, de arranque propio para entrar al mercado. Hemos demostrado las capacidades del producto y creamos una empresa formal con presencia jurídica y que ha adquirido capital intelectual y financiero para poder ser sustentable. Tenemos fuertes inversionistas y entramos al mercado con mucha competitividad”, explicó el doctor Díaz Prado.
Agregó que a finales del año pasado se unió como inversionista el ingeniero Jaime Sada, empresario con experiencia en aeronáutica dedicado a la comercialización de aviones en los últimos 25 años. “Él es piloto y tiene un amplio conocimiento en navegación y pilotaje. Y también ha visto este avión como una oportunidad de negocio”, aseguró.
El investigador dijo sentirse orgulloso de formar parte de una empresa creada por profesores y alumnos del Tecnológico de Monterrey y feliz de haber “despegado” en la capital de Nuevo León. “Gran parte de este logro se debe al apoyo del Centro de Innovación y Transferencia de Tecnología (CIT2)”, dijo.
“Esto puede servir como un antecedente de demuestre que sí es factible sacar las empresas con un trabajo conjunto entre profesores y alumnos, y así llevarlas a un nivel de comercialización. Cuando se tiene el espíritu emprendedor, se puede incursionar en el desarrollo tecnológico y encontrar los mecanismos de apoyo”, concluyó.
Agencia Informativa / Michael Ramírez |