Octavio Paz señala que México se inserta en una cultura occidental pero
en cierta forma es excéntrico a ella. Un aspecto importante de esta marginalidad,
más allá del folklore, es la ausencia de valor que tiene la ciencia
característica de Occidente- en la cultura del mexicano común. Si deseamos
ser algo más que usuarios de tecnologías ajenas es necesario conocer qué
es el pensamiento científico y qué condiciones propician su realización.
Tal es el objeto de este escrito, sin duda, no haré más que apuntar el tópico.
La ciencia no es una mera acumulación de conocimientos ni tampoco un saber
hacer. La ciencia es una estructuración de conocimientos para llegar a una
explicación razonada de las causas, interrelaciones y efectos de los fenómenos
observados e implica una manera de ver el mundo.
Generalmente nuestros juicios sobre las cosas y sucesos están teñidos por
nuestros gustos, nuestra idiosincrasia y tal vez lo que nos enseñaron en
la infancia. Por el contrario, la visión científica es en esencia objetiva:
nos guste o no, nos haga felices o desgraciados la verdad científica no
cambia porque no depende de mí, no está en mí, es objetiva. A diferencia
de la religión o la filosofía, la ciencia no inquiere sobre las causas últimas
pues siempre está sujeta a revisión y a modificación más o menos profundas;
por ello, la ciencia se limita a buscar las causas inmediatas o mediatas
de los fenómenos: investiga la causa de una enfermedad particular pero no
se pregunta por qué existe la enfermedad. La verdad científica es lógica
y no se propone explicaciones que no pueda comprobar con sus métodos: la
vida después de la muerte es un problema personal importante, pero no es
objeto de la ciencia pues no se puede someter a experimentación o comprobación
objetiva. La ciencia es impersonal y por lo tanto fría: la explicación médica
del por qué fue inevitable la muerte de un niño enfermo no es un consuelo
para la madre. Por esta frialdad impersonal muchas personas y culturas sienten
rechazo hacia la visión científica. En muchos casos se tiende a suponer
que el consenso de la mayoría determina cierta verdad o falsedad, sin embargo
no es así pues aunque cien mil personas crean en el horóscopo no hay ninguna
explicación física que los avale y carecen de verdad objetiva.
Para su desarrollo la ciencia exige diversos quehaceres y personalidades.
La ciencia básica - entendida ésta como aquella que no persigue una aplicación
práctica inmediata de conocimiento sino su aumento por la proposición de
nuevas hipótesis, generalizaciones con valor predictivo o descubrimientos
de fenómenos no descritos - no es un lujo de países ricos sino la base de
la pirámide del saber. La sociedad que no la considere en sus planes está
sacrificando su futuro a exigencias, a veces secundarias, del presente.
Debe haber una gran mayoría de científicos que apliquen los conocimientos
a las necesidades del hombre pues de otra forma el saber sería irrelevante.
El conocimiento es acumulativo por lo que exige que haya personas que lo
sometan a crítica, lo reevaluén y lo transmitan; tal es la misión del profesor
universitario. En nuestros días el avance científico exige aparatos muy
caros, especialistas con personal de apoyo, mantenimiento de las instalaciones,
etc. Se necesita un director con disciplina administrativa pero con entendimiento
de la ciencia para que administre conforme a sus fines y métodos y no como
si fuese una empresa comercial. Una sociedad que no sepa apreciar la ciencia
jamás podrá tener sus frutos pues no estimulará su desarrollo; se necesita
quien, quizá sin dedicarse a la ciencia, la conozca lo suficiente para difundirla
y hacer que la sociedad la entienda y valore.
El científico, sobre todo el investigador, debe tener originalidad e independencia
de criterio para buscar nuevos caminos y nuevas soluciones pero sin prescindir
de lo que otros han pensado o encontrado. Lo anterior solamente puede realizarse
en una sociedad y lugar de trabajo que permita el disentimiento, la libertad
profesional y que demuestre comprensión por su trabajo; y que mejor lugar
y sociedad que aquélla en la cual los entornos académicos se conforman brindando
tolerancia respecto al modo de pensar y conducirse, y un aliento al libre
intercambio de ideas y conocimientos sin paralelo de otras culturas. Cabe
señalar que ninguna cultura ha desarrollado una sociedad con esas características
tan acentuadamente como la cultura occidental y es por ello que en las sociedades
de Occidente es donde la ciencia ha dado los más y mejores frutos.
Es importante que la sociedad provea a los científicos de espacios de trabajo,
remuneración adecuada, status social y libertad intelectual; pero también
que promueva asociaciones profesionales y académicas. Por diversas razones,
en muchas instituciones habrá solamente un especialista en cada área cuyos
juicios no serán controvertidos para quienes trabajan en otras ramas, si
el especialista no tiene intercambio con sus colegas por no acudir a congresos
ni publicar, no pasará mucho tiempo antes que la falta de crítica lo lleve
a creerse un sabio cuyos juicios no pueden mejorarse. También es fundamental
dar a los científicos un sentimiento de comunidad, una membresía en su ciencia
particular para que no deje de ser un profesional en su rama. Enseñar durante
años un mismo curso lleva a la repetición y "fosilización"; se
necesita contacto con los colegas para revisar y renovar ideas. Cuando un
profesor de microbiología a nivel universitario deja de ser buen microbiólogo
deja también de ser buen profesor pues la educación profesional exige ser
dada por profesionales en los aspectos relativos al futuro ejercicio de
las tareas científicas y tecnológicas involucradas en la carrera.
Bibliografía recomendada
Pérez Tamayo, R. Acerca de Minerva. F.C.E.: México, 1987.
Geymonat, El pensamiento científico. Universitaria de Buenos Aires:
Buenos Aires, 1958.