Consumir, producir, ¿para cuándo crear?
Flavio Marín Flores
Quien regresa a México tras una larga ausencia, encuentra un país decididamente
cambiado, abierto al mundo, donde se consume todo de todas partes y donde
ya no se produce pensando sólo en un mercado interno.
Lo que no se encuentra aún es una corriente creativa, generadora de capital
intelectual, que valore su entorno y desarrolle productos que cautiven y
que signifiquen una opción de consumo, contrapartes de tantos y tantos bienes
que producimos bajo diseño foráneo.
Es raro oír: "hay que apostarle a tal empresa mexicana porque trae
unas ideas o tecnologías propias muy buenas", o pláticas en nuestro
medio académico sobre patentes, capital intelectual o empresas basadas en
una nueva visión con alcance regional o global. Decimos "¿qué vendemos?",
no "¿qué creamos?". Pareciera que el espíritu emprendedor aún
se limita a asociarnos con quien nos viene a enseñar cómo hacer las cosas,
cómo vender ideas foráneas, cómo explotar franquicias, conceptos -¿alguna
firma consultora mexicana viene a la mente?-, ropas, tiendas con base en
capital intelectual desarrollado en otros lares. Ineludiblemente inducidos
por la sobrevaloración que nos han enseñado a darle a lo desarrollado fuera
y, por ende, inducidos a valorar cada vez menos los recursos naturales y
humanos que tenemos.
Quienes ven a Suiza tan próspera, a Alemania dueña de una industria química
suprema, a Finlandia -sí, Finlandia- con la empresa líder en telefonía celular
digital -cuando Motorola va, Nokia ya regresa-, quizás no recuerden que
tales empresas tienen sus raíces en culturas en las que había un mínimo
de recursos naturales y/o financieros. Al valorar sus magros recursos con
trabajo, imaginación y esfuerzo, influenciaron y persuadieron a gente allende
sus fronteras para que lo apreciaran, compraran y disfrutaran.
¿Recuerdan a los inmigrantes italianos, alemanes y españoles en el siglo
pasado, a principios y mediados del presente? Salían de sus países buscando
un futuro mejor y más próspero en México, en Venezuela; de la misma forma
en que nuestros braceros se van a EUA porque ven mejores oportunidades que
en México, los europeos seguían llegando a nuestro país hasta hace 30 ó
35 años. ¿Qué pasó desde entonces? El mundo cambió. Lo que importa ya no
son los recursos naturales, ni siquiera el capital financiero, sino el capital
intelectual -y de éste, el de mayor calidad, clase y valor es la imaginación,
la habilidad de crear.
La aseveración anterior puede parecer exagerada, no lo es. 1998 ha visto
los precios más bajos de los últimos 30 años para materias primas perecederas
y no perecederas. Petróleo, hierro, cobre, cereales, plata, oro; todos han
bajado hasta un 20-30% en el último año.
Para observar el valor del capital intelectual en relación al capital financiero
basta comparar una empresa rica en este último (GM) con una rica en imaginación
(Yahoo). En ventas, GM tiene 153 000 millones de dólares al año;
Yahoo, 153 millones. En margen de ganancia, GM posee 1.9% mientras
Yahoo pierde 12.60%. En teoría económica tradicional industrial,
secuencial, lógica, racional, contable, GM debe valer mucho más que Yahoo,
¿o no? Pues no. El valor de mercado de estas empresas es: GM, 51 billones
de dólares; Yahoo, 16 billones de dólares. En los últimos 12 meses
las acciones de GM han crecido 9.9%; las de Yahoo: 623%. ¿Por qué
es tan grande el valor de Yahoo? Porque está llena de imaginación,
de capital intelectual. La evidencia es contundente y maravillosa. Los muchachos
que empezaron Yahoo estaban aún estudiando, hará unos 4 ó 6 años,
cuando se les ocurrió. En ese breve tiempo han generado una empresa con
valor de mercado superior al de un buen número de empresas y corporativos
de Monterrey y/o México (comparar con FEMSA, MODELO, ALFA, PEMEX, CEMEX,
etc.). Si ellos pudieron, ¿por qué no usted, nosotros, yo?
Si el mundo perteneciera a quienes más dinero tienen, España seguiría siendo
una de las superpotencias del mundo. En el siglo XVI, España era number
one (1), su ingreso económico era 10 veces
mayor que el de Inglaterra, compraba todo, producía poco, y creaba casi
nada. A fines del siglo pasado, Argentina era una de las diez economías
más importantes del mundo(2) y ¿qué pasó?, ¿quién
conoce una marca Argentina, una tecnología Argentina, una Nokia Argentina?
El desarrollo sostenible demanda que seamos creativos y generemos beneficios,
productos y marcas fundamentadas en lo que nos rodea. ¿Por qué tantos perfumes
finos y caros se basan en flores, extractos y esencias de plantas europeas?,
¿porque son mejores y más aromáticas que las del Amazonas y que las nuestras,
o porque eran las que tenían a la mano quienes crearon la moderna industria
del perfume en Francia, Italia, España o Suiza? ¿Por qué comemos kiwi caro,
verde, raro, mientras despreciamos con frecuencia las frutas de nuestro
propio patio?, ¿será porque nos han dado razones para comer el kiwi, mientras
que nosotros no las hemos dado para comer mango, chico-zapote, etc.? ¿Por
qué sembramos trigo donde nunca se había dado y luego nos espantamos de
no poder competir con los que lo siembran donde siempre se ha producido?,
y ¿qué decir de las vacas, del ganado artificialmente introducido a tantos
y tantos lados que ha llevado a nuestra dieta a gravitar a donde requerimos
forzar a la naturaleza para satisfacerla?
Si nosotros no creamos a partir de nuestros recursos naturales, ¿quién
lo hará? Quizás hayan pasado por el HEB y visto jugo de sávila
importado. Quizá lo produjimos nosotros y lo vendimos a 10 para que lo re-empacaran
con conceptos y palabras bonitas, nos lo regresaran y nos lo vendieran,
si tuvimos suerte, a 100. Y todo porque nos da flojera crear y optamos mejor
por producir y vender tal cual, en lugar de meterle cerebro al asunto e
idear el producto, empaque y concepto que nos permitan vender a 100 ó a
1000.
Es tiempo de dejar de conformarnos con sólo producir para consumir, es
tiempo de empezar a crear para compartir no sólo el trabajo de nuestros
brazos, sino también los frutos de nuestra mente, imaginación y espíritu
con quienes nos rodean. Es tiempo de modistas, diseñadores, perfumistas,
cosmetólogos, consultores, farmaceutas, arquitectos, escritores, inventores
y empresarios mexicanos no de copia y producción, sino de innovación. La
responsabilidad para que sobreviva nuestro entorno es nuestra, la competencia
está en la imaginación.
(1)Durant, Will and Ariel. The Story of Civilization,
part VII, The Age of Reason begins. Simon & Schuster, 1961, p. 274:
"Those of us who have been brought up on the English historians
easily forget that after as well as before the defeat of Armada Spain was
the greatest, richest, farthest flung empire on earth... The Spanish court
of this age was the most splendid...The Spanish lenguage was spoken by millions...".
(2)Lewis, Paul H. The Crisis of Argentinian Capitalism.
The University of North Carolina Press, 1990, pp. 13-14: "...in
1910. In terms of per capita Gold Reserves, it ranked ahead of USA and Great
Britain, only slightly behind France...Argentina ranked eighth among nations
in the value of its exports, tenth in the value of its imports, ninth in
overall trade...Argentina had become...one of the welthiest of nations...".