Un
grupo de estadounidenses que promueven el "creacionismo científico" ha
revivido, en los años recientes, la vieja controversia sobre el valor
de la teoría de la evolución (1). A principio de la década de los 20´s
se inició en las escuelas públicas de los Estados Unidos una cruzada popular
contra la enseñanza de la teoría de la evolución. En 1925 Tennessee fué
el primer estado de la Unión Americana en prohibir la enseñanza de la
evolución (2).
Los creacionistas
han logrado que en las escuelas públicas de algunos estados de la Unión
Americana se imparta, al mismo nivel y con el mismo énfasis, la teoría
de la evolución y la de la creación divina. La batalla legal sobre la
controversia entre la creación y la evolución se centró en los contenidos
de los libros de texto; en 1983, en el estado de Louisiana, pidió judicialmente
que hubiera igualdad en la enseñanza de la "ciencia de la creación", y
la "ciencia de la evolución" ya que los libros de texto usados en ese
estado presentaban solamente la evolución (3). La situación ha llegado
a un punto en el que algunos creacionistas han presentado demandas en
la corte para sostener su causa.
Los libros de texto
se convirtieron así en el campo de batalla de la controversia, debido
a que presentaban la evidencia y la influencia más tangible sobre el contenido
de los cursos (4). Tomando esto en cuenta, algunas casas editoriales y
algunos autores de libros de texto de biología empezaron a proteger sus
intereses, incluyendo en los textos la aclaración de que la evolución
no es un hecho sino nada más una teoría. En algunos libros la evolución
se describe, pero sin mencionarla por su nombre, y en otros tantos se
han eliminado temas como el registro fósil. Como resultado, muchos maestros
de las escuelas públicas en los Estados Unidos se sienten intimidados
por la controversia, y en lugar de enseñar ambos puntos de vista prefieren
omitir el tema.
La obra de Charles
Drawin: El Orígen de las Especies, se publicó hace 140 años (5, 6) y sin
embargo, aún existe confusión sobre lo que significa la teoría de la evolución.
Esta confusión se debe tanto a su deficiente presentación, como a la resistencia
de los creacionistas quienes le atribuyen a la misma la decadencia de
la sociedad moderna (la promiscuidad, los métodos anticonceptivos, las
perversiones, los abortos, la pornografía, la proliferación de crímenes
violentos, etc.). Por otra parte, los creacionistas introducen una nueva
técnica de ataque que consiste en criticar la teoría de la evolución en
términos supuestamente científicos; argumentan que los métodos usados
por los científicos para establecer la antiguedad de los hechos no son
confiables, y que por lo tanto no hay razón para dudar de la fecha bíblica
de la creación; además, atacan la validez de los registros fósiles sosteniendo
que no hay ningún fósil que muestre las formas transitorias entre los
diferentes tipos de vida (7). Por todo lo anterior, algunos consideran
que la teoría de la evolución debe ser erradicada del sistema educativo;
sin embargo, hay que tomar en cuenta que desde hace tiempo existen técnicas
y equipos, como el uso de los isótopos radioactivos, que nos permiten
determinar con bastante exactitud la edad de las rocas, sedimentos y fósiles,
para obtener valiosa información sobre el proceso evolutivo (8, 9).
Aunque los argumentos
de los creacionistas son fáciles de refutar, son los sofismas que utilizan
lo que molesta a los hombres de ciencia. Por un lado los creacionistas
quieren que los argumentos sean científicos, y por otro, no aceptan el
método científico que demuestra que la evolución es un hecho.
Los evolucionistas,
en cambio, distinguen muy claramente entre los aspectos teóricos y empíricos
de su teoría. Darwin enfatizó la diferencia entre sus dos grandes contribuciones
que fueron: demostrar el hecho de la evolución, y proponer una teoría
que explicara su mecanismo: la selección natural (10). Sin embargo, aún
cuando los biólogos discuten sobre la importancia de este tema, los diálogos
y controversias entre ellos, siempre fundamentadas en el método científico,
son saludables y estimulan la investigación y la búsqueda de nuevas pruebas.
Contrariamente, la religión no se relaciona con el método científico,
aunque los creacionistas pretendan darle esos visos con fines políticos.
Actualmente, las grandes iglesias cristianas admiten la evolución, incluyendo
al hombre; son solo las sectas bíblicas fundamentalistas las que no aceptan
otra interpretación que no sea la literal.
Así pues, sin tratar
de analizar las virtudes ni el papel de la religión, es necesario enfatizar
que la religión y la ciencia representan dos mundos separados, dos formas
de ver la naturaleza. Si se recuerda la relación entre ciencia y religión
en siglos pasados, debemos reconocer que hoy en día ambas partes se respetan;
el Papa Juan Pablo II durante la celebración del 60 aniversario de la
Pontificia Academia de Ciencias, en 1996, dijo: "Quisiera recordar las
intenciones de mi predecesor Pio XI, quien deseó rodearse de un selecto
grupo de académicos, confiando en ellos para informar a la Santa Sede,
con completa libertad, sobre los avances en investigación científica y
de esta forma ayudarlo en sus reflexiones. Él pidió a los que llamó el
Senado Científico de la Iglesia, que sirvieran a la verdad. Yo extiendo
hoy otra vez esta invitación a ustedes, seguro de que seremos capaces
de aprovechar los frutos de un diálogo confiable entre la iglesia y la
ciencia". La mayoría de los teólogos sostienen que la física y la biología
moderna tienen poca influencia en las actitudes religiosas esenciales
del hombre, y por su parte, los científicos estamos convencidos que la
religión no es parte de la ciencia. La evolución ha permitido indudablemente
lo que Bronowsky ha llamado "El Ascenso del Hombre" (12). Por lo tanto,
el único punto que permanece indefinido, y en consecuencia provoca confusión,
es el invento del "creacionismo científico".
Biblbiografía.
1.- Larson,E.J. 1989.
Trial and Error. The American Controversy over Creation and Evolution.
Oxoford University Press. New York & London
2.- Ibid. p. 3
3.- Ibid. p. 7
4.- Ibid. p. 8
5.- Darwin, C. 1979.
The Ilustrated Origin of Species by Charles Darwin. Abridged & Introduced
by Richard E. Leakey. The Rainbird Publishing Group, Ltd. London.
6.- Edey, M.A. and
D.C. Johanson. 1990. Blueprints. Solving the Mystery of Evolution. Penguin
Books. New York.
7.- Browing, J.D.
1997. Basics of Creation versus Evolution. An overview of the issues involved
in the Creation versus Evolution controversy.
8.- Dobzhansky, T.,
F.J. Ayala, G. L. Stebbins, and J.W. Valentine. 1977. Evolution. W.H.
Freeman and Company. San Francisco.
9.- Templado, J. 1988.
Historia de las teorías evolucionistas. Editorial Alhamabra Mexicana,
S.A. Mexico.
10.- Palafox, M.E.
1991. Evolución y Darwinismo. Editorial MiNos, S.A.. de C.V. México.
11.- Pope John Paul
II. 1996. Magisterium Is Concerned with Question fo Evolution For It Involves
Conception of Man. Message to Pontifical Academy of Sciences, october
22, 1996.