Un cuento para mujeres
Norma E. Tapia Gardner
Había una vez un universo de aves, donde todos los pájaros podían elegir
el tipo de ave que querían ser. Pero las pájaras no. Ellas debían ser golondrinas,
con todo lo que ello implicaba. Las golondrinas se dedicaban a hacer nidos,
a convertirlos luego en hogares acogedores y tiernos, a tener polluelos
y alimentarlos. Su capacidad de vuelo y su conocimiento del mundo, era muy
limitado.
Dentro de ese limitado mundo, hubo algunas pájaras que se decidieron a
ser gaviotas, esto causó gran revuelo: ¿Por qué estas pájaras querían volar
más alto? ¿Por qué querían conocer el mar? ¿Por qué deseaban disfrutar del
vuelo? ¿Por qué aventurarse y querer llegar más lejos del tibio nido? Se
preguntaban las demás aves. Nadie las comprendía... Eran pocas, pero estaban
convencidas: eran audaces, inteligentes y perseverantes. Por eso, aunque
les tomó mucho tiempo, estas gaviotas fueron logrando cosas.
Hubo algunas gaviotas notables que en la historia de los pájaros quedaron
registradas como heroínas, otras llegaron a ser grandes estadistas, científicas,
escritoras, artistas, otras conquistaron cosas que beneficiaron a todas,
hasta a las que no deseaban ser beneficiadas. Todo ello significó mucho
esfuerzo para esas gaviotas pues en el camino tuvieron que luchar, sufrir,
renunciar al nido y a veces también al amor de los pájaros o al gusto de
ser madres y empollar en sus nidos.
Pero este universo continuó avanzando. Un buen día, no sólo hubo pájaras
gaviotas, sino también palomas y palomos que, como todos saben, se turnan
para empollar a sus crías; también hubo pájaras gorriones, pájaras alondras,
pájaras canarias, periquitas del amor, pichonas, golondrinas, chuparrosas,
codornices, avestruces, calandrias, etc.
Y las nuevas generaciones de pajaritas de aquel universo, ya no tuvieron
que elegir entre ser gaviota o ser golondrina, entre volar o tener un nido.