Destruyendo un Arte
Armando Fernández
La civilización tiende a evolucionar para bien o para mal. Los medios de comunicación controlan cada vez más a las masas, afectando la manera de pensar de la población. Es una lástima que la música clásica tienda a desaparecer por falta de cultura y por el control de los medios en los gustos de la gente. En estos días el arte de la música se ha degradado por culpa de la comercialización, a la busca de bienes económicos y materiales, así que todo termina siendo un negocio que vende productos de baja calidad, haciendo creer al consumidor que lo que ofrece es lo mejor.
En los siglos pasados la música barroca, clásica y expresionista, logró mantenerse a flote gracias a que las personas que tenían intereses musicales disponían de más tiempo para adquirir conocimientos en este campo, y sus mentes no recibían una influencia tan directa como la que ahora ejerce la mercadotecnia. Hoy los verdaderos músicos, llenos de talento, se mueren de hambre combatiendo los gustos que implantan las radiodifusoras y la televisión. Se puede decir que lo que "pega" hoy en día es música prefabricada, vacía en letra y composición, con temas trillados y progresiones tan monótonas que a la larga resultan insoportables. La mayoría de los grupos que logran estar en los primeros lugares de popularidad desaparecen tan rápido que en unos años jamás alguien se acordará de ellos. Casi en su totalidad, los pseudo músicos de esta época buscan el dinero, no lo hacen por entrega al arte. Los virtuosos tienen que rebajarse a tocar música vacía, detrás del cantante, buscando el bolillo de rodillas mientras que el galán o la modelo se hacen millonarios usando tecnología para poder entonarse. Estos artistas detrás de las estrellas son completamente desconocidos, siendo que ellos deberían estar en la cima.
Al contrario de esto tomemos el ejemplo de la música barroca, una expresión artística creada a fines del siglo XVII y principios del siglo XVIII, que involucra formas complejas, ornamentación extravagante y yuxtaposición de contraste de elementos, expresando de manera genial cualquier sentimiento o sensación, como movimiento, tensión y
orden. Las formas y estilos del barroco convergen a la perfección en las obras de Johann Sebastian Bach (1685- 1750), quien aportó a la música nuevos estilos, introdujo matemáticas en sus composiciones y logró combinar perfectamente el contrapunto y la armonía. Cuando un autor piensa en líneas de instrumentos independientes controlando consonancias y disonancias, se da el contrapunto; por el contrario, en armonía se busca el tipo de acordes que se entrelazan para integrar la composición. Bach aportó a la música la técnica de fuga, donde se pueden apreciar melodías diversas, arregladas vertical y horizontalmente, a manera de representación del completo orden del universo. El ejemplo más conocido de una fuga está en la composición Tocatta y fuga en D Menor . Al igual que esta pieza, Bach dejó a la humanidad obras como las 30 variaciones de Goldberg que se desenvuelven en una tonada popular, compuso innumerables composiciones de canon, fugas, variaciones de coro, preludios, sonatas y conciertos. Después del barroco, la música dio un giro diferente, surgió Mozart, Haydn, y después los románticos como Beethoven y Tchaikovsky, pero fue en el periodo barroco cuando se creó la escencia del lenguaje de la música, es decir, se establecieron las bases y las técnicas en las que se han basado compositores posteriores.
En la actualidad existen muy pocos programas de radio que promueven la cultura en Monterrey, que buscan iluminar las ideas y abrir el panorama de los radioescuchas para que no vean al mundo musical sólo a través de la clavija de una puerta. La única estación que hace esto es patrocinada por el estado e insituciones educativas, sin embargo, parece que es un porcentaje mínimo el que la sintoniza buscando no ser consumido por los medios de comunicación. Así que los programas que transmiten música clásica, enseñando variedad, proponiendo algo diferente, educando e ilustrando con historia o con descumbrimientos nuevos, como la técnica de la nota trece, se quedan en la espera de que llegue una oportunidad más para fomentar el arte.
Se dice que no existen compositores con gran potencial en nuestra época, pero es porque nadie los conoce; no son
comerciales, están acorralados ante la ignorancia de los que se dicen escuchas, los que se dicen críticos, los que controlan qué se pone y qué no se pone en la radio, los que deciden por el futuro de los gustos. Y es que hoy como antes, el virtuosismo surge de pronto entre las calles del anonimato, y lamentablemente, muchas veces su eco no logra sobrepasar las barreras de su circunstancia. En Rusia, por ejemplo, se forman músicos con gran potencial en los conservatorios a causa de que las escuelas de educación primaria son muy caras e inaccesibles a la mayoría de la gente, así que de algún modo, la música se vuelve un medio de sustento para quienes no pueden aspirar a estudios formales, pero no es fácil que algo intangible, como la música, les asegure un porvenir resuelto, y resulta entonces aún más difícil pensar en sobresalir. Uno de estos músicos fue Sergey Rachmaninov(1873-1943), uno de los mejores compositores en la historia que estudió en varios conservatorios rusos entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX, sin embargo, la mayoría de los egresados de las mismas academias llevan una vida de miseria; tocando en las calles, poseedores del don, los conocimientos y la técnica que les falta a muchos otros de nuestros "artistas" que simplemente han tenido mejor suerte.
En cierto modo, la ventaja que tenían los compositores de antes sobre los de ahora, es que desde muy pequeños adquirían conocimientos musicales y tenían más tiempo libre para entregarse a su afición, ya que no existían otros entretenimientos, como algunos de los actuales que sólo entorpecen el intelecto; tenían el entusiasmo y se convirtieron en genios. Por ejemplo Wolfgang Amadeus Mozart (1756- 1791) quien se sentó frente a un clavicordio a los tres años de edad, buscando una sucesión armónica de tercias, y para los seis años ya había compuesto una gran cantidad de minuetos, sonatas y hasta un concierto. En nuestra era se tiene más tecnología que se podría aplicar en pro del arte y no en contra. Sin embargo, las ganas de destacar como buen músico se consumen al ver la sociedad, al enfrentarse a obstáculos que frenan la dedicación y que se aparecen en todas las etapas de la vida. Hoy muchas de las personas que hacen música hermosa lo hacen por amor al arte, ya que no se gana dinero; quieren aportar algo al mundo sin obtener nada a cambio.
Debemos reflexionar, buscar otras alternativas auditivas, escoger realmente cuál es la música que más nos gusta y tratar de que el bombardeo que ataca nuestra mente no afecte nuestras decisiones. Los medios deben correr el riesgo de dar a conocer otras opciones de estilo y no lavar el cerebro de la audiencia repitiendo las mismas canciones a lo largo del día, viciando a la gente con el mismo ritmo, tono y melodía. Si no es posible cambiar esto de inmediato, debemos buscar dar a las próximas generaciones mayor libertad de elección; debemos mostrarles a nuestros hijos la música clásica, así ellos optarán por escucharla o no. Sería una lástima que después de tantos siglos nosotros seamos las generaciones que tiendan a desaparecer todas las obras maestras de aquellos genios.