El eclipse de la
razón
Manuel
Rojas Garcidueñas
Hace
poco la Academia de Ciencias de Nueva York publicó un libro cuyo título,
La huida de la razón y la ciencia1 enuncia por
sí mismo su contenido, ya que presenta las muchas maneras en que la visión
científica y el sentido común se han puesto en entredicho en las universidades
americanas. Plantea un panorama desconsolador para quien pertenece al mundo
académico o participa de la cultura occidental.
No se puede resumir
el libro en dos párrafos: son 600 páginas y más de 30 autores revisan tópicos
de ciencias naturales y sociales. Bunge2 recopila diversos ataques
en dos apartados: pseudociencia y anticiencia, y presenta algunas proposiciones
con las que todo universitario estará de acuerdo: "Todo cuerpo académico
debe adoptar estándares rigurosos de aprendizaje y cultivo escolarizado.
Ningún académico tiene derecho a presentar como verdaderas ideas no justificadas
por la razón o la experiencia". "Todo cuerpo académico debe ser
intolerante a la contracultura o a la cultura falsificada". Estos postulados
contrastan con los que Gross3 asienta que están en el trasfondo
del postmodernismo: 1) La autoridad está siempre en el error; 2) Los tópicos
técnicos pueden ser analizados aunque se sea ignorante en ellos; 3) El argumento
abstracto prevalece sobre los hechos.
En los Estados Unidos
el ataque tiene varios frentes y en realidad lo que se desea es atacar a
la cultura occidental. Hay un aspecto étnico: para los afrocentristas estudiar
el mundo clásico es racista4 y llegan a afirmar que los griegos
robaron los conocimientos a los egipcios, los cuales, ¡incluyendo a Cleopatra!,
eran negros5. Otro aspecto es el ecológico sustentado en la ecología
profunda, para la cual Occidente es sinónimo de modernidad y ambos lo son
de destrucción ambiental6, y se afirma que en último término
la razón es la fuente de la crisis ecológica7.
La falsa ciencia
se desborda a la sociedad sin por ello abandonar el aula. Filosofías orientales,
astrologismo, poderes parapsicológicos, New Age...conceptos nuevos y otros
tan viejos como la magia suplantan a la visión racional. Weissmann8
y Sampson9 exponen la anticiencia en medicina: son los chamanes
de la New Age que "ponen en armonía" al organismo con el cosmos
y charlatantes de la medicina naturista, ignorantes de la farmacología y
fisiología. Es claro que venimos de la medicina pitagórica y de la utilización
empírica de plantas medicinales, pero algo se ha andado desde entonces;
bastaría comparar las pruebas exigidas para introducir un nuevo medicamento
con las experiencias de doña Juana, recogidas a través de doña Chole, sobre
la curación del cáncer con cierta yerba.
El ataque a la razón
no es de hoy; Occidente se desarrolló en el flujo y reflujo de la razón
y la fe; el cristianismo primitivo fue aceptando la lectura del "libro
de la naturaleza" junto con la lectura de la Biblia. Poco supo la Edad
Media de la Ciencia, pero Alberto Magno y Roger Bacon, entre otros, tuvieron
inquietudes científicas y no por ello fueron quemados. En cuanto a la tecnología,
L. White fundamenta su progreso en varios ensayos10 y afirma
que para el siglo XIII: "Europa tomó la dirección científica arrebatándola
de manos de Islam." 11 En cuanto a la razón, en la universidad
medieval los textos no eran tan sólo leídos sino discutidos (lectio et
disputatio). Lentamente Occidente elaboraba su cultura.
Sin duda el dogma
y la interpretación literal de la Biblia coartaron la discusión de muchos
tópicos, pero no de todos y con el paso del tiempo éstos fueron menos. En
1680 se discutía si los cometas eran anuncios de castigos divinos, como
sostenía el jesuita Kino, o un mero fenómeno natural, como refutaba el también
clérigo Sigüenza y Góngora; aun en la Nueva España la Inquisición no intervino
en la disputa. Un siglo más tarde se discutió si los microorganismos se
formaban por generación espontánea, según defendía Needhan, o si provenían
de otros microbios, como argumentaba Spallanzani. Ambos eran clérigos católicos
y se sintieron libres, y lo estaban, para tomar cualquier posición científica.
La religión no era una estrecha vereda sino un camino ancho en el que se
podía caminar por la derecha o por la izquierda en tanto no se traspasaran
los límites dogmáticos de la fe.
El siglo XVII fue
de preparación ideológica. Trabulse, reconocido historiador de la ciencia,
escribe: "Los hombres del siglo XVII vieron venir el reinado de la
ciencia y el destronamiento de la poesía en cualquiera de sus manifestaciones...
el surgimiento de un nuevo ser, para quien los valores del arte eran irracionales
y absurdos. Vieron el sacrificio de los valores morales en aras de una técnica
siempre creciente"12 . El siglo XVIII fue de realizaciones;
presentó la deificación de la razón enfrentada al cristianismo para renovar
la visión del mundo. Hazard13 muestra con qué decisión, con qué
saña a veces, se atacó a la religión en general, a la filosofía, el derecho
y la moral tradicionales. Se deseó y en buena medida se logró una nueva
estructura cultural basada en el racionalismo y en una visión cientificista
(filosófica, decían ellos).
El triunfo jamás
fue completo; el siglo XIX fue de lucha entre materialistas a ultranza y
conservadores de una pieza, pero finalmente se limaron asperezas y se buscaron
concordancias, llegándose a una convivencia más o menos incómoda. A.D White
estudió detalladamente el proceso de aproximación en las diversas ciencias.14
La posición científica actual la resume certeramente Trabulse: "La
ciencia moderna conoce sus límites y se sabe incapaz de dar una solución
adecuada (al problema de la fe) por la sencilla razón de que no siendo Dios
parte de sus postulados el problema carece de significado para ella".12
Ahora se quiere desandar
lo andado. Tras una larga lucha, las grandes iglesias cristianas han aceptado
al fin la teoría de la evolución, incluyendo a la humana, elaborando una
posición conciliadora (encíclica Human Generi 1950). Pero ahora los
fundamentalistas bíblicos, confundiendo a propósito los conceptos de evolución,
materialismo y marxismo, atacan la enseñanza de la evolución. No se trata,
sin embargo de un movimiento dogmático religioso; otros grupos atacan a
la medicina moderna, a la tecnología y otros predican filosofías hinduistas.
Es un ataque definido contra la herencia de los iluministas del siglo XVIII
e incluso contra toda la cultura occidental, tanto en su componente racionalista
como en su componente cristiano.
El ataque a la razón
y la ciencia también ocurre en México. Se propone a la herbolaria tradicional
como superior a la medicina científica; se afirma que nuestras raíces únicas
son indígenas, como si el aporte cultural y genético de España fuese inexistente.
Se llegó a decir que la exigencia en el conocimiento en las universidades
era una posición elitista; no se dice ahora pero muchas universidades parecen
aceptarlo tácitamente. En muchas instituciones se adopta una visión pragmática
privilegiando la enseñanza de tecnologías administrativas y de informática,
y para balancear su pragmatismo se diseñan cursos de valores que, en muchos
casos, no son pertinentes en su contenido con los problemas que enfrenta
una sociedad tecnificada y cuyo nivel no es apropiado para una educación
superior profesional, pues parecen diseñados para adolescentes.
Sin duda la educación
superior debe suministrar una formación ética y cultural, pero en muchos
planes de estudio y en la metodología utilizada se advierte menosprecio
a la formación académica, escolarizada. Esta estrategia ha mermado en parte
la importancia de difundir la ciencia y considerarla no sólo como generadora
de tecnología, sino como un ejercicio para interpretar el mundo. La enseñanza
de la ciencia no debe reservarse solamente a los futuros profesionales de
ella; es una enseñanza de la visión lógica, objetiva, de los fenómenos y
de nosotros mismos, así como del valor de los hechos experimentados en la
obtención del conocimiento; es un importante elemento formativo en la cultura
que nos nutre, y su abandono significa caer en los postulados que Gross
señala para el postmodernismo: creer que los tópicos técnicos pueden ser
analizados aunque se sea ignorante en ellos y que el argumento abstracto
debe prevalecer sobre los hechos comprobados. Hay muchos casos en los que
estos postulados, así como el postulado de que la autoridad nunca tiene
la razón, aparecen claramente en las protestas sociales.
No quisiera creer
que la ciencia y la razón han huido de nuestra sociedad, pero ciertamente
parecen eclipsarse. En buena parte se debe a los excesos de un racionalismo
extremado y a las falsas promesas de los cientificistas, que convencieron
a muchos de que la ciencia traería la felicidad al hombre, pero ciertamente
ni se la ha dado ni puede dársela. A una acción corresponde una reacción
de igual intensidad pero de sentido contrario; al cientificismo optimista
del siglo XIX sucede ahora el descrédito de la visión científica.
Un cuadro de Goya
muestra a un caballero vestido a la moda del siglo XVIII durmiendo sobre
una mesa; tras él, en la sombra, acechan unas figuras fantasmales; el cuadro
lleva un letrero: "El sueño de la razón produce monstruos". El
cuadro y la frase son ambiguos, en general se interpreta como "cuando
la razón no vela, aparecen monstruos" pero también podría significar
"los ensueños de la razón engendran monstruosidades" Los extremos
se tocan y creo que ambos significados pueden ser verdaderos. Por ello subscribo
las palabras del premio Nobel Francois Jacob: "El siglo de las luces
y el XIX tuvieron la locura de pensar que la razón no solamente era necesaria
sino suficiente para resolver todos los problemas. En la actualidad sería
mayor demostración de locura decidir, como quieren algunos con el pretexto
de que la razón no es suficiente, de que tampoco es necesaria"15.
Muchos hilos son
necesarios para urdir la trama de la cultura y el juicio de L. White10
parece muy certero: "A medida que se asienta el polvo levantado por
las controversias científico-teológicas una cosa resulta más clara: aún
nos hallamos entre un amor y un sufrimiento que requieren de una explicación".
1
NYAS. The flight from science and reason. Edit P.R: Gross; N.Lewit; M.W.Lewis.
Annis Newy York Academy of Sciences vol. 775 (1996) New York.
2 Ibid.,
p.96
3 Ibid.,
p.81
4 Ibid.,
p.305
5 Ibid.,
p.308
6 Ibid.,
p.312
7 Ibid.,
p.220
8 Ibid.,
p.183
9 Ibid.,
p.189
10 L.
White. Machina ex-deo- La tecnología y la cultura- Editores Asociados (1993)
México.
11 Ibid.,
p.90
12 E.
Trabulse. Ciencia y religión en el siglo XVII. El Colegio de México (1974)
México, p.175
13 L.
Hazard. El pensamiento europeo en el siglo XVIII.Revista de Occidente (1946)
Madrid.
14 A.D.White.
A history of the warfare of science with theology in Christendom. Dover
Publ. (1960) New York (original 1880)
15 F.
Jacob. El juego de lo posible. Grijalvo. Barcelona, 1982, p.132
