Emprendedores y empresarios
clientes endiablados
Anibal Basurto Amparano
Odilón presume que su empresa está enfocada al cliente; su tienda está
llena de cuadros que gritan frases como: "el cliente es primero",
"aquí el cliente es la persona más importante del mundo" y otras
boberías de moda. Leo sus cocodrilescos letreros, que más bien se parecen
a los cebollazos que se prodigan tan generosamente los artistitas de Televisa,
mientras espero que termine su tercer round con el proveedor que
lo trae "finto" desde hace dos meses
..
-Estuvo bueno el tercer asalto ¿verdad Odilón?
-Sí hombre, este canijo proveedor que no entiende que mis clientes no me
han pagado y, lógicamente, no puedo pagarle a él; pero hablemos de cosas
menos tristes, platiquemos de lo que nos decías el otro día en la cámara
acerca de tipos endemoniados
o poseídos
o algo así.
-Clientes endiablados, Odilón, pero este tema no es algo menos triste,
se trata de un asunto mucho más penoso que el pleito con tu pobre proveedor.
¿Te has fijado Odilón que a pesar de todo lo que está pasando con eso de
la competencia, todavía en la inmensa mayoría de los negocios de Hermosillo
te siguen tratando con la punta del pie? Aquí mismo en tu changarro, con
perdón tuyo, casi le pones redilas a las paredes para que quepan los dulzones
letreros de amor al cliente y, sin embargo, no tienes baño para ellos; vi
a un señor que tiene más de media hora sin que tus empleados lo pelen y
en el área de ventas hace un calorón marca llorarás, sin embargo, eso no
es lo sorprendente; lo verdaderamente increíble es que no se quejen y, peor
aún
¡que vuelvan!
-¿Sí verdad?, no había reflexionado en eso, pero aunque no me lo creas,
le estoy haciendo la lucha para que mi cliente esté satisfecho con el servicio
que le damos.
-Pues allí está tu error Odilón. Actualmente nos estamos conformando con
dejar satisfecho al cliente, pero eso no es suficiente en estos tiempos.
La verdad, mi buen Odilón, es que estamos tan acostumbrados a recibir un
servicio mediocre, que lo mediano lo consideramos bueno y lo malo tolerable.
A donde vayas en nuestra ciudad te encontrarás con un pésimo servicio, hasta
las franquicias que llegan a la región se contagian de la epidemia del mal
servicio que priva aquí. El jueves pasado, por ejemplo, fui a una de estas
empresas que está frente a la plaza Zaragoza a que me encuadernaran 18 libros,
me esperé más de media hora y nadie me hizo en el mundo; salí echando lumbre
por la miserable pérdida de tiempo.
Cuando a un cliente le das menos de lo que espera, se convierte en un cliente
insatisfecho; cuando le das lo que busca, se transforma en un consumidor
satisfecho, pero si le ofreces más de lo que pide, entonces lo conviertes
en un cliente endiablado, es decir, endiabladamente fiel a ti.
Ahorita Odilón, la oportunidad no está en buscar satisfacer a los clientes;
con el pésimo servicio que da todo el mundo, eso es fácil de lograr. La
oportunidad está en lograr clientes endiablados.
-¡Ah jijo! ¿y qué demonios es un cliente endiablado?
-Un cliente endiablado es aquél que, merced al servicio que le brindas
y rompiendo todas sus expectativas, se convierte en un fanático de tu negocio.
No importa lo que le ofrezca la competencia, acudirá siempre contigo porque
lo has hecho un adicto a tu servicio.
Conozco gente, Odilón, que viaja grandes distancias para comprar en la
empresa a la que es adicto, que paga más, que hace lo que sea necesario
por acudir a los establecimientos que han logrado rebasar todas sus expectativas.
Así es la cosa Odilón: si quieres clientes real y consistentemente tuyos,
si quieres ser líder de una empresa con crecimiento constante, ¡olvídate
de los clientes satisfechos!; eso, con lo pobre que están los estándares,
cualquiera lo hace. Busca clientes endiablados que te seguirán a
donde vayas.
-Ya me cayó el veinte. Te confieso que jamás lo había visto desde ese enfoque,
pero
¿cómo le hago para lograr clientes endiablados?
-Seguramente pensarás que es algo difícil y mágico logarlo, pero
no es así; desgraciadamente, en los negocios nos hemos alejado demasiado
de lo básico, es decir, del cliente, de la gente y la innovación.
Para lograr clientes endiablados necesitas hacer tres cosas muy
simples, y tal vez por su misma simpleza nunca llegues a realizarlas, pero
ahí te van:
Primero: Saber lo que tú quieres. Es muy bueno saber lo que quieren
tus clientes, tu competencia, tu equipo humano, etc., pero es infinitamente
más importante saber lo que tú quieres. Ésa es la primera pregunta que le
hago a quien desea mejorar su negocio y, curiosamente, nadie sabe lo que
quiere.
Segundo: Saber lo que tu cliente quiere. Es algo que se dice fácil,
sin embargo, ya en el terreno de los hechos, es un asunto verdaderamente
difícil por la simple razón de que los líderes de los negocios no saben
escuchar ingenuamente al cliente; oyen de él lo que quieren oír y punto.
Si tu cliente quiere algo que tú no quieres, si su ventana de percepción
no coincide con la tuya, entonces no es tu cliente y le dirás amable y francamente
que tú no le puedes ofrecer lo que él busca. Fíjate cómo los negocios de
pizzas no te ofrecen una comida muy rica que digamos. Ellos no pueden atender
a esos clientes que buscan sabor en las comida, ése no es su negocio, el
suyo es atender clientes que quieren comida rápida; insisto, aquél no es
su mercado, hay que entenderlo y hacerlo entender al fallido cliente.
Tercero: No prometer, sino entregarse. Esta entrega debe ser de
manera creciente y consistente. La consistencia es vital para crear clientes
endiablados; alguien estará dispuesto a formar parte de esta endiablada
legión únicamente cuando sabe que puede contar contigo una y otra vez.
Si hoy das un buen servicio y mañana no, volverás locos a tus cliente y
se irán con la competencia a la menor provocación.
La clave para lograr esa consistencia se reduce a dos cosas: sistemas y
entrenamiento.
Pues, como puedes ver mi estimado Odilón, el servicio al cliente va mucho
más allá de esos letreros huecos que tienes en las paredes; te recomiendo
que los quites y mejor te pongas a demostrarlos con los hechos...