Contaminación atmosférica: consecuencias
e implicaciones
Gabino de Alba y Gerónimo Cano
Los habitantes de casi todos los países estamos expuestos a unas 500,000
sustancias extrañas al medio ambiente natural, muchas de las cuales invaden
el aire que respiramos y son nocivas para la salud. Otras sustancias de
naturaleza coloidal o gaseosa como el monóxido de carbono, el ozono, polvos
y humos son prácticamente ubicuas en el ambiente aéreo y resultan de procesos
naturales abióticos y bióticos: actividad volcánica y geotérmica, descargas
eléctricas, incendios forestales, fermentación y respiración celular, etc.
Todas las sustancias mencionadas se mantienen durante largo tiempo en rangos
de concentración estrechos gracias a eficientes mecanismos de reciclamiento
a cargo de la propia naturaleza. Sin embargo, la actividad industrial genera
ahora tales cantidades de sustancias extrañas que están alcanzando ya el
nivel de contaminantes peligrosos para la biota en general, puesto que rebasan
la capacidad del ecosistema para deshacerse de ellos, y sus niveles tienden
hacia el aumento, permanencia e irreversibilidad.
En consecuencia, la sociedad contemporánea está preocupada, cada vez más
consciente y atenta a los problemas del entorno en que se vive. Ver el aire
de la ciudad que se habita saturado de humo y polvo y pensar: "eso
es lo que respiramos día tras día" nos preocupa y nos enoja.
La mayor fuente de contaminación atmosférica es el uso de combustibles
fósiles como energéticos. Petróleo, gas y carbón son usados en cantidades
enormes, del orden de millones de toneladas por día, y los desechos de su
combustión se arrojan a la atmósfera en forma de polvo, humo y gases. Los
dos primeros podemos verlos y nos desagradan, pero los gases que no podemos
ver, son los más peligrosos.
En teoría al menos, polvo y humo pueden evitarse, pero los gases, son inevitables
y pueden causar desde lluvia ácida hasta el calentamiento de la tierra (efecto
invernadero), así como el incremento en los niveles del ozono y el monóxido
de carbono que son altamente tóxicos para los humanos
Las principales causas de lluvia ácida son los óxidos de nitrógeno y azufre
que se generan al momento de la combustión; el nitrógeno lo aporta la atmósfera
y no hay forma de evitarlo, el azufre forma parte de los combustibles, eliminarlo
completamente es muy costoso; la lluvia ácida y la niebla ácida estarán
con nosotros dañando todo lo que toquen, tanto en el campo como en la ciudad.
Estos compuestos en forma de gotas de lluvia y de niebla son de corta vida,
pronto reaccionan con algo orgánico e inorgánico, al reaccionar se consumen
pero dejan un daño que puede ser irritación de mucosas en humanos y animales
o deterioro en la cutícula de las hojas de los vegetales, en ambos casos,
dando entrada a patógenos y reduciendo la producción agrícola.
Otro problema grave, permanente y de muy lenta y costosa solución es el
CO2. Este gas produce el efecto de invernadero que causa el calentamiento
de la Tierra. Todo parece indicar que el planeta ya sufrió el primer incremento
en la temperatura, pero no será el único ni el último. Mientras más CO2
se arroje a la atmósfera mayor será el incremento térmico de nuestro planeta.
La sociedad mundial no quiere reconocer los efectos del calentamiento,
se ha limitado a argumentar que se derretirá el hielo de los polos causando
incremento en el nivel de los mares y las correspondientes inundaciones,
todo lo cual es muy cierto. Pero hay mucho más: el incremento térmico dará
a la atmósfera mayor dinamismo, tendremos un clima tormentoso que causará
daños en las ciudades y en la agricultura; bajará la producción de alimentos
y el hambre será un problema en extensas áreas del mundo.
Las altas temperaturas serán favorables a los peores enemigos de la humanidad:
insectos, ácaros y patógenos que atacarán la agricultura, mermando aún más
la producción de alimentos. La población humana subnutrida y agobiada por
el calor será presa fácil de plagas y enfermedades. A las hambrunas se agregarán
las epidemias, la guerra sería un tercero en la discordia para acelerar
el colapso social.
En suma, si continúa el consumo de los combustibles fósiles, el calentamiento
de la tierra continuará, los efectos adversos se acentuarán; la cultura
urbano-industrial sufrirá el impacto destructivo del ambiente y la supervivencia
de la especie humana estará en peligro.
La única salida a estos problemas tan graves es dejar de usar los combustibles
fósiles, lo cual no es ni imposible, ni catastrófico; en la actualidad existen
las tecnologías y los recursos naturales para hacerlo. Lo que falta es que
las élites directivas conozcan el problema y comprendan su importancia.
¿Hay algo más importante que la supervivencia de nuestra especie?
Los combustibles fósiles son la principal fuente de energía en nuestros
campos y ciudades. Sin ellos, toda la economía y la vida de relación estaría
paralizada; pero en la naturaleza hay otras fuentes de energía que son abundantes,
económicas, fáciles de usar y que no causan contaminación.
Las más importantes son la energía lumínica del sol y la energía del viento.
La primera puede captarse por medio de las celdas fotoeléctricas y usarse
directamente. Respecto a la segunda, desde hace siglos se han usado los
molinos de viento para moler grano (España) o para bombear agua (Holanda),
entre otras cosas; ahora se usan para producir energía eléctrica que a su
vez puede utilizarse para realizar la electrólisis del agua y generar dos
gases: hidrógeno y oxígeno; el primero es un excelente combustible que puede
sustituir con ventaja al carbón, gas y petróleo en los procesos energéticos
industriales.
La sustitución de los combustibles fósiles por otros no contaminantes,
como los ya mencionados, abre un amplio campo de investigación y desarrollo
que va desde el equipo para preparar alimentos en la cocina hogareña hasta
los procesos industriales y los medios de transporte.
México es especialmente rico en estos energéticos no contaminantes. El
centro y el norte del país son ricos en sol; las costas del Océano Pacífico
son ricas en viento.
Las otras formas de contaminación no tratadas en este escrito también pueden
ser, y de hecho son, peligrosas; deberán ser tratadas una a una hasta eliminarlas
del todo. La sociedad debe saber y tomar muy en cuenta que la contaminación
es principalmente un producto de la cultura, que sólo ésta puede eliminarla
y que erradicar todas las formas de contaminación es una necesidad para
lograr el desarrollo sostenible.
Finalmente, deseamos compartir con el lector esta reflexión: para asegurar
una existencia armónica y duradera con la naturaleza, la humanidad tiene
que ajustarse a las leyes del ecosistema (las leyes de la ecología). No
hacerlo es preparar el camino hacia el colapso social.
Deseamos enfatizar asimismo que el desarrollo sostenible sólo se podrá
obtener cuando la sociedad incluya entre sus valores más importantes las
normas que rigen el funcionamiento de un ecosistema en clímax. Esto compromete
a todos sin excepción, es decir a los individuos y las instituciones de
nuestra sociedad.