Ideas unamunianas en el contexto de una dictadura:
un análisis de la novela Sostiene Pereira bajo una perspectiva humanística.

Eloísa de la Parra

Cuando un pueblo vive una dictadura como la que vivió Portugal con Salazar, puede descubrir las distintas maneras en que la autoridad externa intenta someter a la voluntad intrínseca de cada ser humano. En estos casos, el gobierno se encarga, entre otras cosas, de disminuir los privilegios de los trabajadores y destinar pocos recursos a la educación, pero sobre todo se encarga de vigilar que no emerjan grupos de opiniones políticas contradictorias capaces de alterar el orden establecido. Sin embargo, aún cuando parece que el poder de un dictador llega a ser omnipotente, pocas veces éste puede alcanzar lo que hay en la profundidad de las almas de su pueblo. Dentro de la novela de Antonio Tabuchi, Sostiene Pereira, podemos ver cómo en Pereira, el personaje principal, se gesta poco a poco una revolución prudente, que cuestiona su presente y no puede más que comenzar a luchar con el arma de la escritura, con la esperanza de mejorar el futuro portugués. Así pues, este ensayo pretende ejemplificar que algunos conceptos presentes en un régimen dictatorial y de gran peso en ésta ideología, como la religión, el patriotismo y la censura, no son capaces de intimidar a un alma que ha encontrado una misión.

Se dice que la religión abre los ojos de los hombres, pero también puede llegar a ser una venda que impide contemplar una amplia gama de posibilidades. Si bien, uno de los objetivos de la religión es calmar las inquietudes de la humanidad por comprender algunos sucesos de la vida, cuando ésta se explora demasiado a fondo, pueden encontrarse las puertas que conducen hacia ciertos rincones oscuros, en los que habitan ideas que pueden llegar a oponerse a las "verdades" religiosas establecidas y heredadas. En Sostiene Pereira, puede verse desde el inicio que el alma de Pereira era un campo fértil para sembrar nuevas concepciones y filosofías respecto a este tema. En primer lugar, contrario al status-quo católico, el personaje de Pereira era un hombre que cuestionaba la resurrección del cuerpo, porque le parecía inútil que la muerte fuera tan sólo un medio de traslado hacia lo mismo: hacia el superfluo mundo de los vivos (ahora después de que habían muerto). Sin embargo, le parecía difícil compartir esta inquietud con cualquier persona, incluso con su amigo el sacerdote, hasta que encontró una verdadera empatía, en cuanto a sus preocupaciones e intereses, con un joven revolucionario izquierdista.

La aparición del Padre Antonio dentro de la novela no es fortuita, sobre todo si nos adentramos un poco en la biografía de Antonio Salazar. Cuando el famoso dictador estaba muy lejos de serlo y era muy joven todavía, fue enviado a un seminario en busca de la mejor educación posible. Por supuesto, no llegó a ordenarse como sacerdote, sin embargo, en su pueblo se le llegó a conocer también como el "Padre Antonio", mismo nombre que Tabuchi retoma para su personaje. Además, para disminuir las posibilidades de que este personaje sea sólo una coincidencia en la novela, se conoce que Antonio Salazar compartió un modesto alojamiento con un sacerdote que tiempo después llegaría a ser el patriarca cardenal de Lisboa, mismo hecho que ocurre en la novela. Así que tal vez el propósito de Tabuchi sea mostrarnos un ángulo frágil de la religión, pues en la novela se plantea una religión que no escucha sino que impone "verdades".

Dentro de la novela, el Lisboa era un periódico orgullosamente católico, pero si se considera que la religión se materializa sobre la gente, y por lo tanto que los problemas sociales sin justicia son de alguna forma problemas religiosos, resulta comprometedor declararse verdaderamente católico. Esto se ejemplifica con el caso del asesinato que sucede en la plaza, a plena luz del día, y sin embargo no es incluido en el material del Lisboa, que se abstiene de incluir esta noticia entre sus páginas o de elevar al menos una voz de protesta; tras la excusa de ser un periódico aislado de asuntos políticos, o más bien, indiferente a la problemática social. Al respecto, podemos advertir que existe un punto en el que la religión y el patriotismo se convierten en meros espejismos que desaparecen tan pronto como el individuo se hace consciente de su propia realidad.

|"Los portugueses procedentes de clases cosmopolitizadas, de ciudades como Lisboa u Oporto, los que se formaron en los libros de ciencia, los que en el fondo se avergüenzan de su patria, esos son los que dicen y repiten que ahí no hay cuestión religiosa ni interesan a nadie los problemas religiosos" (Unamuno 42).

Tal vez entonces, cuando se han abandonado algunas de las ideas que frágilmente sustentaban una existencia, es posible sentir la imperante necesidad de afrontar con valor cada día de la vida . El personaje de Pereira reconocía la importancia de la muerte en función de la importancia de la vida. Por esta razón consideraba necesario dedicarse a escribir necrologías de grandes escritores en el periódico, para evitar el olvido por parte de los lectores portugueses. Dice Miguel de Unamuno al respecto que "En la religiosidad portuguesa hay un culto a la muerte; sólo que, en vez de ser trágico como en España, es elegíaco y tristón. Hay culto a la muerte, al olvido, a la paz última". (Unamuno 43). Además, el escape de este personaje hacia los cuentos franceses que subrayaban las libertades democráticas, era una clase de botella lanzada al mar que podría recordarle al pueblo su identidad. Sin embargo, al contratar a Rossi (el joven revolucionario) como asistente, Pereira se dio cuenta de que el matiz que su nuevo ayudante pretendía dar a los artículos no era el mismo que él venía dando desde hacía tiempo. No era una búsqueda de paz difuminada mediante referencias a la muerte de grandes figuras, sino que era la búsqueda de una muerte inminente que sería suficiente para encauzar nuevas luchas entre los vivos con la bandera de los ideales de los muertos. Por esta razón, ninguna de las necrologías de Rossi era publicable. No obstante, estos papeles archivados lograron alentar a Pereira para que encontrara la manera de evadir la censura, por medio de los cuentos franceses.

Pero, ¿qué sucede cuando el mundo exterior parece demasiado duro, y el alma siente morir en el intento por sobrevivir?

"Tal vez el alma purgue sin salir del cuerpo mismo a que animó y que está pudriéndose y haciéndose tierra. Esta es la idea oscura que, aun sin darse cuenta, abriga al pueblo Portugués. Portugal es hoy un purgatorio poblado de ánimas" (Unamuno 49).

Esta idea de Unamuno puede tener cabida si consideramos que un alma está condenada a permanecer gobernando eternamente la vida de un cuerpo, propensa a observar sin descanso también el lado oscuro del mundo, y así pagar en vida el alto precio de los errores humanos. Sin embargo, Tabuchi propone una posibilidad de salvación individual mediante su teoría de "confederación de almas", es decir, la explicación de que un alma puede apagarse y morir en un cuerpo que sigue vivo, pero para dar paso a la nueva luz de un ánima joven y distinta. Así pues, dentro de la novela, el personaje de Pereira se nos presenta como un hombre con un alma tranquila pero triste, colaboradora pero apática, y viva pero muerta. No obstante, su alma gris ocupaba de todos modos la primacía interior, purgando las tibiezas de una vida que a los cincuenta años no había podido convertir sus más grandes ideas en compromisos. Sin embargo, este personaje renació al conocer a un par de jóvenes con el alma verdaderamente viva, encendida. Este evento fue en cierta manera el golpe de estado que derrocó a la antigua alma "dictadora" de Pereira, aquella que no permitía su propia rebelión, ni el emerger de sentimientos ignorados. Fue entonces cuando surgió el nuevo "yo hegemónico" en la vida de Pereira, y le brindó la fuerza necesaria para comenzar a actuar conforme a lo que realmente pensaba.

Por otra parte, el régimen de Salazar trataba de imponer el patriotismo, consciente de que este concepto era un fuerte lazo para mantener a la gente en una aparente tranquilidad. Así como Musolinni en Italia y Hitler en Alemania lograron enaltecer la auto-percepción de su pueblo, Salazar discretamente, también lo intentaba a su manera, incorporando a su élite a los sacerdotes, los monárquicos y los soldados que podían ejercer influencia sobre los analfabetas de Portugal, quienes a falta de preparación, eran oídos abiertos para escuchar la fantasía de una música antipatriótica, y eran también manos ansiosas de trabajo que construían edificios neoclásicos capaces de transmitir la apariencia de un ambiente ordenado. Piensa Unamuno que en ninguna otra parte hay una separación tan profunda como la de Portugal, entre la población rural y las clases cultas y que la cultura de estas últimas es extranjera, mejor dicho francesa. ( Unamuno 42). 

Como en cualquier dictadura, la autoridad de Portugal intuía que un volcán podía explotar en cualquier momento si se daba pie a que subiera la lava. Por esta razón la censura fue un aspecto clave en la vida, los diarios, las publicaciones y hasta en los comentarios portugueses. Cualquier medio masivo existente se examinaba cuidadosamente para evitar que cualquier idea capaz de alarmar a la opinión pública o hacer reflexionar sobre la dignidad de la nación, saliera a flote. Cabe mencionar que los editoriales de los periódicos eran escritos por miembros del gobierno, y solo secciones como la deportiva estaban en manos del pueblo, cuidando de que en ellas no se expresaran frases patrióticas efusivas. Sin embargo, Pereira encontró en los cuentos franceses del s. XIX un medio de lanzar un secreto a voces, un grito de guerra en un susurro, la expresión libre de censura. Sabemos que la literatura es, en cierta forma, una de las mejores maneras en que dos almas pueden comunicarse, porque el sentido que en ella se transmite va más allá de las palabras. En el arte, como en el caso de los cuentos franceses empleados por Pereira, no fue necesario escribir la palabra "rebelión " o "izquierda", para despertar sentimientos transformadores.

De esta manera, al terminar de leer Sostiene Pereira, es posible sostener que mediante el conocimiento de las profundidades del alma humana pueden encontrarse respuestas más concretas que aquéllas que por el momento pueden alcanzarse mediante una religión heredada. Así mismo, los cuestionamientos sinceros hacia el ánima conllevan a poseer una interpretación social fundamentada, en la que, si llega a nacer el patriotismo, será este un sentimiento auténtico. Por último, la historia de Pereira nos deja un decreto final: auto censurar al alma humana es negarse la oportunidad de convertirse en un ser nuevo.

Bibliografía:

Briningham. Historia de Portugal. Cambridge, Estados Unidos, 1995.

Tabuchi. Sostiene Pereira. Anagrama. Barcelona, España, 1999.

Unamuno. Por tierras de portugal y de españa. Austral. Madrid, España, 1960.

regresar

 

 

xxxxxxx xxxxxxxxxxxxxx