La nueva economía: instrumento promotor de desigualdad 2 / 2

María Teresa de Albo

Una vez más el Foro Económico Mundial ha sido escenario del enfrentamiento de ideas encontradas con respecto a las virtudes de la globalización. Grupos de ciudadanos que contemplan la desigualdad de los pueblos y hallan como única culpable a la economía de mercado, instan a los gobiernos mundiales a abandonar dichas prácticas. En esta ocasión, en Cancún, el gobernador del Banco de México fue contestatario: "no hay atajos, no hay caminos cortos, no hay soluciones mágicas", con lo que sin enfrentarse directamente con quienes demandan un cambio en las políticas sociales-económicas de los países industrializados, enfatiza lo cuestionable de restringir la problemática a una sola explicación.

Es sabido que la globalización ha dejado en el camino a muchas personas marginadas y los medios de información nos advierten que la pobreza es la única variable económica que ha mantenido tasas de crecimiento constante durante los últimos años. Sin embargo, también hay que recordar que la desigual distribución de la riqueza en el mundo es una realidad que siempre ha enmarcado al mapa global, dividiendo con un enorme abismo a los países ricos de los pobres y aparentemente esta brecha, en lugar de disminuir, se ahonda con lo que en un principio parecía una herramienta democratizadora: el desarrollo de las tecnologías de información.

Aunque el uso de la computación y el Internet no tiene fronteras y el acceso a información pareciera ahora un bien libre (a diferencia de los bienes económicos que son escasos y limitados), las aplicaciones de dichos instrumentos, generadas a través del conocimiento y la ciencia para el apoyo a la toma de decisiones de las empresas, representan costosas inversiones, que no todas las sociedades pueden enfrentar, más se han convertido en enormes palancas del crecimiento tanto para empresas particulares como para instituciones gubernamentales, permitiéndoles enfrentar a la economía electrónica de una manera rápida, flexible y exitosa. Esta ola de innovaciones es positivamente aceptada a nivel mundial y no deja de representar una valiosa herramienta de mejora pero ¿cuántos tienen acceso a ella?

La teoría económica nos indica que una de las fuentes de crecimiento de los países es la mejoría en los conocimientos técnicos (Fischer, Dornbusch, & Schmalensee, 1990), la cual demuestra, por medio de nuevos y perfeccionados métodos de elaboración, la mejor utilización de los factores productivos; este avance deriva en gran medida de los conocimientos de los mismos trabajadores (empleados y empresarios) cuya experiencia laboral les permite hacer las cosas con eficiencia y junto a la generación de innovación e inventiva, representan un factor de crecimiento y elemento de diferenciación entre las empresas y a la vez, crecimiento para los países en los que se ubican. Aunque las innovaciones no están limitadas a un determinado ambiente o lugar, la disposición de los gerentes a adoptarlas, invertir en ellas o incluso para encontrarles una utilidad que permita enfrentar los costos de su implementación, representa un fuerte obstáculo. Aquí tenemos entonces, que para crecer se necesita invertir en nuevas tecnologías y esta decisión resulta complicada sobretodo para aquellas empresas que por años han trabajado de manera rigurosa y han logrado establecerse en un mercado con sólidas bases, pues el afrontar las nuevas tendencias comerciales y recientes maneras de hacer negocio, implica invertir en sofisticadas tecnologías en muchos de los casos desconocidas para la toma de decisiones.

Administradores que mantienen reglas y procedimientos instituidos por años, difícilmente pueden de la noche a la mañana olvidarlas. Es así, que uno de los mayores problemas que deben resolver las empresas es encarar de manera competitiva y global la nueva forma de hacer negocios, comenzando con el problema de la cultura organizacional (Carrasco, 2001) que impide a micro, pequeñas y grandes empresas aceptar los cambios que implica una economía matizada con ambientes cambiantes y que necesariamente deben manejarla con nuevas herramientas. Esta situación es clara: enfrentar la nueva economía es tarea desequilibrante, es convertir mi empresa ubicada en una determinada región, con determinado mercado, en un medio conocido y claras fronteras, a una que tiene como límite al mundo y como competencia a todos; esto requiere de una transformación completa en la cual la reingeniería es una palabra obsoleta y limitante.
La nueva cultura tecnificada que debe asimilarse debe ser llevada a la práctica en los negocios con nuevas formas de organización y referirse a la implementación de dichos instrumentos requiere pensar en lo que actualmente es la empresa. La gran mayoría de las empresas privadas en nuestro país son pequeñas y medianas y para poder ser competitivas requieren de una infraestructura tecnológica y capacitación para poder aprovecharla en el negocio. Las empresas más emprendedoras en su lucha por el mercado, invierten en tecnologías de información y en el desarrollo de equipos y aún así, las desventajas son múltiples. La transformación de la empresa implica: responder completamente a las expectativas del consumidor, aprovechar las nuevas oportunidades de hacer negocio y disminuir los costos respondiendo de manera flexible y adaptable al mercado (Kalakota & Robinson, 1999). Junto a esto, el éxito lo alcanzarán empresas eficientes en el manejo de recursos, distribución, transacciones, ventas, operaciones y procesos y realizarlo implica grandes inversiones en sistemas de apoyo a las decisiones (DSS). Las grandes compañías que utilizan dichas herramientas basadas en computadora, tienen la posibilidad de ahorrar valioso tiempo al convertir laboriosas, lentas y rutinarias actividades de la empresa en ágiles respuestas al mercado.

La tecnología ha hecho factible que los ejecutivos de la empresa en los diversos niveles que la componen, tengan la posibilidad de entrar a útiles programas que no requieren de gran experiencia para su manejo y que les ayudan a responder con rapidez, lo que en este mercado globalizado y competido es imprescindible. Si deseáramos reducir a una palabra todas las ventajas que los DSS representan para las empresas que los han implantado, esa sería: productividad, lograr que los recursos produzcan más y con esto obtener mayores beneficios o menores costos. La versatilidad de los DSS, los hace aún más buscados pues se pueden adquirir según las necesidades del negocio:

* Sistemas de información gerencial que realizan funciones de información necesarias para el control de diferentes actividades de la empresa.
*Sistemas expertos que recurren a la retroalimentación de individuos con conocimientos y experiencia en ciertas áreas manejando gran cantidad de variables.

*Sistemas de soporte a la decisión que permiten colaborar a través de hypermedios para la solución de complejos problemas de planeación con capacidad general de análisis.
*Sistemas de soporte a las decisiones grupales que permiten encuentros virtuales de equipos de trabajo mejorando la toma de decisiones al permitirse el anonimato y la facilidad de interacción.

*Sistemas de información ejecutivos que apoyan a la alta gerencia proporcionando acceso a todas las bases de datos y conexiones externas, facilitando procesos de benchmarking y servicios de evaluación.

Por supuesto, estos valiosos instrumentos computacionales implican desviar inversiones para su adquisición, y esto no es fácil para la empresa promedio en México. Las pequeñas y medianas empresas no cuentan con capital suficiente para la compra de dichos sistemas y en todo caso recurrir a la banca para su adquisición, implica enfrentarse a altas tasas de interés que desalientan por el alto costo de oportunidad que significan, con el riesgo inherente de enfrentarse a un mercado doméstico poco desarrollado incapaz de restituir los costos. Es así, que la brecha entre las empresas poderosas y las de menor tamaño se hace aún mayor y su impacto en las sociedades en las que se ubican marcarán aún más la diferencia entre los países. Los países industrializados que generan los mayores cambios tecnológicos y retienen los mayores ingresos per cápita, continuarán ubicándose en la punta del desarrollo impulsados por fuertes y exitosas empresas. La nueva economía seguirá marcada por la eficiencia de los mercados y no por la justicia o la igualdad.

El camino del crecimiento y la disminución de la desigualdad, puede emprenderse con la tecnología y los actuales sistemas de soporte a las decisiones que las empresas adopten. Quienes realicen este tipo de inversiones, entrarán al mercado y tendrán la oportunidad de luchar; quienes decidan no integrarse, deberán aceptar lo que les dicte la competencia. Posiblemente un camino que puedan seguir las empresas en México, sea la adquisición de equipo por medio de arrendamiento con lo que se tendría el beneficio de evitar su obsolescencia pero se tendrá que evaluar el costo del dinero y el retorno de la inversión
En todo caso, gran parte de la diferencia entre los países industrializados y los de menor desarrollo, se encuentra en la capacidad de sus empresas (privadas y públicas) para encarar de manera eficiente la producción y mejorar el nivel de vida de sus habitantes.


Bibliografía:

Fischer, S., Dornbusch, R., Schmalensee, R. (1990). Economía. México: McGraw-Hill.

Kalakota, R. & Robinson, M. (1999). e-Business. Roadmap for Success.Upper Saddle River, New Jersey: Addison-Wesley.

Turban, E. & Aronson, J.E. (1998). Decision Support Systems and Intelligent Systems. Upper Saddle River, New Jersey: Prentice Hall

Carrasco, M.C. (Febrero 27, 2001). "La economía virtual, una nueva cultura". El Financiero, 12

Artículo de la revista Crónica:
Vera, A. (Octubre 1, 2000). El gran menú del financiamiento. Crónica. México, D. F.
Tomado del Worl Wide Web:
http://biblioteca.itesm.mx/cgi-bin/salta?http://zeus.infolatina.com.mx/universidad/index.cgi


 

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