Lituma en los Andes:
una reflexión sobre violencia vertical y horizontal de las acciones humanas

Lucila Alvarez de la Cruz 

"El infierno es los otros"
Sartre

Violencia, fenómeno colectivo caracterizado por el empleo de la fuerza en determinados grupos sociales o ideológicos que hacen de ella un elemento de cultura. Violencia, empleo desmedido del poder físico, acción o actitud por la que se perjudica a alguna persona.

Lituma en los Andes es una novela representativa de la anarquía racional para respetar al otro, para tener claro hasta dónde llegan los límites de las relaciones humanas y el clima de respeto que exigen. En ella se pone en evidencia la actitud negativa y fatalista de los personajes y en cierta manera del autor, quien se vale de recursos narrativos para crear una atmósfera cruel donde la irracionalidad gobierna el espíritu de los participantes de la historia y por tanto, la violencia es uno de sus temas más evidentes.

Mario Vargas Llosa despliega, bajo el discurso literario, uno de los temas más escalofriantes de una civilización cuyo progreso y dominio de la naturaleza la llevan con triunfo hacia un nuevo siglo. El trabajo literario de este escritor peruano revela una toma de conciencia de un hecho de la realidad social y política de su país para traerlo al texto, sin perder de vista que se trata de una ficcionalización, una actitud humana generalizada, la maldad y la morbosidad de destruir, de solucionar los problemas por medio de la violencia, de la agresión física, psicológica y moral en distintos niveles y al parecer bajo distintos motivos, sin embargo, coinciden en la transgresión del respeto a la dignidad del ser humano, en su valor más importante: el respeto a la vida.

En este análisis se hace una distinción entre los motivos de carácter colectivo y de tipo personal proporcionados por esta novela, para mostrar con claridad por qué se habla de distintos niveles de violencia. Hacemos una clasificación para distinguir la violencia vertical, guerrilla versus gobierno (o viceversa), y horizontal, el ser humano embriagado que atenta contra otro para satisfacer su espíritu indómito, aquí se percibe la irracionalidad de una conducta gobernada por los instintos.

Lituma en los Andes es una novela de descubrimiento y asombro. La estructura narrativa se solidariza con el contenido; de esta manera se involucra al lector, se intenta atraparlo por medio de la dosificación de la información y así ponerlo a pensar a cerca de los responsables de las sádicas matanzas, llevándolo finalmente al asombro con la aclaración del problema inicial. Para asociar cómo la violencia se percibe desde el plano de la estructura narrativa y ver cómo ésta es un medio importante para inmiscuir a quien lee, presentamos una descripción de la organización de la técnica.

La trama de esta novela es la historia del cabo Lituma y su compañero Tomasito, quienes tienen la tarea de investigar el destino de tres personas que han desaparecido y temen hayan sido víctimas de Sendero Luminoso, el grupo rebelde que ocupa las montañas donde se encuentran estos soldados. En su tarea por averiguar su paradero los personajes están a la expectativa de ser sorprendidos y aniquilados por las fuerzas rebeldes; mientras, pasan sus días recopilando datos para descubrir qué ha sido de los tres hombres. En su estancia en ese inhóspito lugar empiezan las confesiones del motivo por el que se encuentran ahí, experiencias personales y revelaciones macabras se van narrando. Estos acontecimientos permiten ir preparando un inesperado final. En su búsqueda de información, los personajes tienen contacto con otras personas quienes les hablan de los actos criminales de Sendero Luminoso y de la voluntad caprichosa de seres mitológicos que habitan en la cordillera y viven amenazando a los habitantes de esos sitios.

La técnica narrativa se confabula con la transgresión. La información da al lector indicios para hacer del texto una aventura detectivesca. Estamos ante un narrador ausente como personaje de la historia que analiza los acontecimientos desde el exterior. Su postura es mostrarnos a los protagonistas de la novela desde afuera para luego progresivamente ir acercándonos a cada uno. Con esta técnica el lector queda casi al mismo nivel de conocimiento sobre las circunstancias que los participantes en la historia. De ahí que el receptor del texto escrito se convierta en un testigo de actos impunes y víctima de un narrador que no sabe mucho de la situación y si lo sabe, no nos quiere decir más.

Al inicio de la novela nos enteramos del problema que tienen que resolver los personajes principales. El cabo Lituma y su subordinado Tomás Carreño deben descubrir el paradero de tres hombres. -"Pero qué está pasando aquí- exclamó el guardia civil-. Primero el mudito (Pedrito Tinoco), después el Albino (Casimiro Huarcaya). Ahora uno de los capataces de la carretera (Medardo Llantac quien luego cambia su nombre por Demetrio Chanca)" (Vargas 11). A partir de esta circunstancia surgen las teorías sobre los supuestos responsables de las desapariciones. "Se los habrán llevado más bien a su milicia. A lo mejor hasta los tres eran terrucos. ¿Acaso Sendero desaparece a su gente? La mata, nomás y deja sus carteles para que se sepa" (Vargas 15).

Las dos primeras narraciones se encargan de dar evidencias de las manifestaciones bestiales de los terroristas, para achacarles las últimas desapariciones y, comentar sobre los espíritus malignos y caprichosos que exigen sangre para estar contentos. Estas versiones dan pistas al lector para que se imagine el destino que pudieron tener los tres hombres. La inclusión de los atracos de los rebeldes a personas inocentes es con el fin de conocer su desmesura para adquirir lo que creen que buscan: bienestar para su pueblo

En Lituma en los Andes la información está intercalada; es un juego de datos que enmascara dos vertientes de violencia: un grupo armado en busca de poder y posibles pretextos de sacrificios humanos para los dioses manes de la cordillera andina. La estructura narrativa está organizada por bloques de comentarios: primero acompañamos al cabo en sus averiguaciones, luego presenciamos el trabajo sádico de los rebeldes y por último caemos en un juego de voces y pensamientos en la plática de los guardias civiles.

El lector tiene un abanico de actitudes negativas, salta del campamento de Lituma y Tomás, su subordinado, para llevarnos a la escena donde los senderistas aplican su fuerza física y destrozan a personas de una manera indignante. Además, pasar de un punto de vista del cabo y su subordinado a lo que piensan los dueños de la cantina sobre los diosecillos malignos de la cordillera y la pregunta latente ¿qué pasó con los desaparecidos?, mantiene un interés en la lectura y asombro ante actitudes irreconciliables en el ser humano.

La estructura narrativa es una organización dosificada de datos que van marcando un lineamiento de responsabilidad al grupo rebelde. En el epílogo se invierte el orden de aparición de información. Ahora, los hechos relacionados con el romance de Tomás y Mercedes se resuelven al inicio con la llegada de ella al campamento y con su firme decisión de declararle su amor. Lituma va a la cantina y ahí se da cuenta de una pista importante: uno de los responsables directos de las acciones vandálicas es el alcohol.

El alcohol es el que da libertad al hombre para olvidarse de sí y en él encuentra la redención al destruir al otro. Por fin se da la respuesta al problema inicial. Es preciso mencionar que Lituma se entera de lo que pasó pero eso no resuelve nada, no hay motivos para castigar a los responsables, son muchos los que estarían involucrados. "Todo hombre es una jaula en la que hay encerrado un animal, <<una bestia>> cuando se suelta, causa estragos" (Vargas 1994, 288). Lo único que le queda es reprobar el acto y desilusionarse de la naturaleza malvada del hombre.

Este análisis pretende esquivar el convertirse en un comentario sensacionalista al pronunciar que la violencia inunda el corazón humano. Sería fantasioso considerar que la humanidad está corrompida y sólo por medio de la violencia puede lograr algo, sin embargo, existen ejemplos considerables que pudieran dar validez a este comentario. Por esta razón, el análisis sobre la violencia se va a centrar en la realidad del contexto en el que vive Lituma, se hace una revisión histórica de los participantes de la historia para identificar la violencia vertical y luego se exponen algunas actitudes encaminadas a mostrar cómo el hombre se declara enemigo del bienestar de su prójimo, cuando transgrede los límites de la cordura para satisfacer sus necesidades marcadas más por un instinto.

Conocemos sobre la presencia de la guerrilla Sendero Luminoso en los cerros de Naccos. "Esta organización rebelde le declaró la guerra al Estado peruano en 1980. La situación social en ese tiempo no era muy alentadora por la criminal (así calificada por los rebeldes) política económica de Fernando Belaúnde Terry, presidente de Perú. Él parecía haberse encargado de hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. La crisis era más resentida por la espalda del pueblo. Esta política agredía, arruinaba y hundía a las masas de la ciudad y del campo en el hambre y la miseria." ( Cfr. Valqui 21)

La administración de Belaúnde y su parlamento constituían un régimen al servicio de los monopolios estadounidenses. Esto causaba disgusto en algunos sectores del pueblo y se creaba una atmósfera de violencia; por lo que empieza una campaña contra guerrillas.

Cateos, cercos, rastrillajes militarización de ciudades y poblados, patrullajes, imposición de estado de sitio y algunos toques de queda. Bombardeos con aviones supersónicos y helicópteros, utilización de armas químicas. Además de persecuciones, detención, secuestros y desaparecimientos, tortura (que incluía aplicación de corriente eléctrica a pechos y órganos genitales), liquidación física y exterminio de campesinos y trabajadores (Valqui 22) .

La violación a los Derechos Humanos, el desamparo a la niñez, el hambre, la desnutrición, la falta de atención a las necesidades de salud y educación, entre otras carencias de la población peruana, se daban a la par con las estrategias brutales para restaurar el orden (o bien desorden) legal. Mientras, Sendero Luminoso se organizaba.

(…) reunía a miles de comerciantes ambulantes, taxistas, tolerados, autoconstructores de barriada, pedigüeños, cantantes callejeros de Lima y el Callao. Miembros todos ellos de la llamada economía subterránea o ilegal, pues resultaban ser presa fácil de esa fuerza guerrillera clandestina y emboscada. Allá en los sótanos de la sociedad habían de encontrarse y empezar a causar problemas ( Valqui 8).

Sus militantes se infiltraban en zonas populosas al este de Lima y en los conos del sur desde donde controlaban y promovían las invasiones de la tierra y cometían sus actos delictivos. Sendero Luminoso ha sido calificado por la ONU como "terrorista y genocida" (Valqui 5), título ganado por sus pretensiones de conseguir adeptos para continuar con sus objetivos de luchar contra el Estado.

Entre los objetivos importantes de Sendero Luminoso destaca la paralización de la economía y desestabilización del gobierno empujándolo a tomar decisiones cada vez más impopulares bajo el imperio de circunstancias que se le escapan. Su estrategia consiste en multiplicar acciones de comando, los actos de sabotaje y los atentados en un territorio cada vez más vasto y obligar de esta manera a las fuerzas armadas a dispersarse en todo el país.

El grupo guerrillero se nos presenta como el maleficio de Perú, su aparición es sigilosa y se manifiesta con una crueldad incisiva y la frialdad para aniquilar a los enemigos del pueblo, es decir a la clase dominante.

En el texto vemos como los terrucos realizan sus actos, cómo se encargan de hacer su justicia, cómo muestran la solidaridad con su pueblo y se desaparecen brutalmente a una serie de personas. Aquí se presenta la violencia vertical. Los personajes al sentirse víctimas de una situación social injusta, usan la violencia como una forma de liberación colectiva. Consideran que para construir se necesita primero destruir. "Para la paz se hace la guerra" (Dorfman 19).

El hombre cree que la violencia cobra sentido cuando va dirigida contra los de arriba, como respuesta a la opresión. Se piensa que se puede controlar ese tipo de limitación y se recurre a la agresividad.

En la novela hay un orden establecido para mostrar al lector cuando va a aparecer el grupo rebelde a realizar alguno de sus atracos: aparición, justificación de la víctima, justificación del agresor y ejecución. Esta secuencia se presenta cada vez que salen a hacer sus cruentas acciones: cuando matan a los turistas franceses por la simple condición de estar de paseo, les hacen mazamorra sus cabezas. En la matanza de las vicuñas donde argumentan que el rebaño que cuidaba Pedrito Tinoco, el tonto del pueblo, es una reserva del enemigo, es decir inventada por el imperialismo.

Se percibe cómo al grupo rebelde no sólo le satisface matar, sino hacerlo de alguna forma en la que el ser humano sufra y adquiera conciencia que va a ser maltratado y lo sienta hasta las entrañas. Así, la milicia usa la fuerza y pone en marcha una estrategia criminal para acercarse al poder. Hacen alusión a una frase de Lincoln, (claro, distorsionada): "La violencia es del pueblo, por el pueblo y para el pueblo". La crueldad, evidencia de la sinrazón, y trasmitida por medio de estrategias macabras de ataque, es el medio por el cual la guerrilla se defiende afirmando: "frente a la violencia institucionalizada la lucha armada es un recurso legítimo y necesario del pueblo para restituir su voluntad soberana" (Belmont 10).

El ejército y la policía adoptan una postura agresiva en contra de los conciudadanos y ya no identifica quién es el delincuente o quién no. En este caso sería bueno consultar a Maquiavelo para encontrar una solución viable al ambiente político y social irrespirable en Perú, en especial éste:

Digamos que primero hay dos maneras de combatir: una, con las leyes, otra, con la fuerza. La primera es indistinta del hombre; la segunda, de la bestia. Pero como a menudo la primera no basta, es forzoso recurrir a la segunda. Un príncipe (en este caso el gobierno y su ejército) debe saber entonces comportarse como bestia y como hombre (…) Un príncipe debe saber emplear las cualidades de ambas naturalezas y que una no pueda durar mucho tiempo sin la otra (Maquiavelo 36).

Entonces, hacer algo inteligente para resolver la situación radica en considerar la posibilidad de usar la cabeza para entablar un diálogo y llegar a un consenso donde el pueblo salga beneficiado. Sin embargo, en muchas ocasiones las partes en conflicto son demasiado necias y no conciben una solución oportuna alejada de lo bélico. La capacidad de discernir del hombre parece llenarse de bruma y caprichos donde se patentiza quien tiene el poder y se sobrepone a un concilio de los intereses y ganancias colectivas.

En esa atmósfera de violencia, el sadismo es una característica importante. No se trata sólo de matar, "matar es lo de menos" (Vargas 310), se trata de disfrutar la superioridad con respecto al que se intimida; se trata de gozar como se saca del juego a personas que forman parte del sistema. No se investiga si éstos son o no simpatizantes del gobierno, tienen una posición solvente y eso es suficiente para su liquidación. "A esos francesitos en Andahuaylas, por ejemplo. Los habían bajado del ómnibus y les habían machucado las caras hasta volverlas mazamorra" (Vargas 68). O el que sufre Pedrito Tinoco, víctima de los soldados que van a investigar lo de la matanza de vicuñas, como era el único en el lugar, lo acusan y lo quieren hacer declarar con el tratamiento de quemarlo con fósforos y encendedores. Castigo inhumano pues el pobre hombre por vivir lejos de la civilización con vicuñas como amigas, desconoce la lengua y su capacidad para comunicarse es casi nula. Por tanto, tendría que tolerar la cruel prueba de resistencia o hablar de los responsables de la muerte de los animales (hecho que quedaba descartado). "Empezando por los pies, y, poco a poco, subiendo. Con fósforos y encendedores, como lo oye. Era lentísimo. La carne se le cocinaba, empezó a oler a chicharrón" (Vargas 69).

Es por eso, frente a estos actos de crueldad extrema se puede calificar como afición por lo morboso el ver el cuerpo humano convertido en miserias, utilizado para convertir su dignidad en piltrafas. La manifestación del sometimiento de la víctima expresada en el texto, tiene su posible origen en la búsqueda de las diferentes caras que tiene el hombre para poner en evidencia el lado oscuro de su conducta, es un posible acercamiento a las distintas facetas que lo conducen a una desmesurada violencia y lo condenan a la brutalidad. "La violencia lo escoge a uno desde que nace, y lo que debemos determinar es cómo la utilizamos, en qué dirección o contra quién descargo esta energía que monta en mí y que tiene que salir por alguna parte" (Dorfman 15).

Hay varios caminos y circunstancias que pueden conducir al crimen: las condiciones de hacinamiento, la desesperación por falta de empleo, la pérdida de valores morales y familiares y la desconfianza ciudadana,entre otros. Pero, ¿es posible que se crea aún en los sacrificios humanos o se recurra a ellos como una justificación de la bestialidad humana para resarcir conductas inverosímiles?

Esta novela nos permite acompañar a Lituma en busca del paradero de las tres personas misteriosamente desaparecidas. Hay elementos que indican la culpabilidad de Sendero, sin embargo, se presentan indicios valiosos que descubren una cruda realidad que hubiera sido mejor no conocer, como lo comenta desilusionado el protagonista, al final de la obra. "Me arrepiento de haberme enterado tanto en saber lo que les pasó a ésos mejor me quedaba sospechando. Ahora, me voy y te dejo dormir. Aunque tenga que pasar la noche a la intemperie, para no molestar a Tomasito" (Vargas 312).

En Lituma en los Andes, hay una extraña manera de enajenación ligada con lo mitológico. El fetichismo nubla la razón de los habitantes de Naccos; la violencia se mezcla con la fantasía; se utiliza la mitología para responsabilizarla de las tres desapariciones (asesinatos). Entonces, identificamos la violencia horizontal caracterizada por la lucha entre seres que ocupan un mismo nivel existencial de desamparo y alucinación, es decir, "máquinas golpeadoras desatándose en contra de hermanos que son tratados como enemigos" (Dorfman 26).

Los hombres se olvidan de las leyes morales y sucede entonces una guerra civil en la cotidianidad de sus vidas, sin que esto les llegue a asombrar. "Vivir significa tener que matar. (Al matar significa que no hay vida para el otro, para algún otro)" (Dorfman 25).

La violencia horizontal se caracteriza por burlar la tranquilidad del prójimo y hacerlo víctima de las orgías provocadas por el abandono de la razón a través del alcohol. En la novela se habla de la presencia de divinidades caprichosas que habitan los cerros, su función está relacionada a atribuirles a ellos las inaceptada responsabilidad de los crímenes.

El diablo es el responsable mayor de los actos negativos en la novela. El maligno espíritu gobierna la tierra y es él quien viene a realizar sus criminales acciones. Sus amigos son los huaynos, el muki, los apus, el pishtaco. Los huaynos son los que ocasionan los desprendimientos de nieve, rocas y barro que desde lo alto de la cordillera, bajaban como con una tromba de muerte. El muki es el vengador de los cerros explotados por la codicia de los humanos. Mata sólo a los mineros. Los apus son los dioses manes, los espíritus tutelares de los cerros de la cordillera. "Cada elevación de los Andes por chiquita que sea, tiene su diosecillo protector. Los apus deciden la vida y la muerte en estas tierras. A ellos les debemos el estar aquí, mis amigos" (Vargas 174).

La presencia de estos seres sobrenaturales obliga a los habitantes de Naccos a realizar sacrificios humanos para mantener contentos a estas caprichosas criaturas. El progreso del pueblo en la novela se manifiesta con la construcción de una carretera que bordea la cordillera, por tanto se requiere mantener a los dioses tranquilos por la violación de su morada.

-Poco se puede contra ellos- prosiguió doña Adriana-. Pero algo sí. Desenojarlos, distraerlos. No con esas ofrendas de los indios en las abras. Esos montoncitos de piedras, esas florecitas, esos animalitos, no sirven para nada. Ni esos chorros de chicha que les derraman. En esa comunidad de aquí al lado les matan a veces un carnero, una vicuña. Tonterías. Estará bien para tiempos normales, no para éstos. A ellos lo que les gusta, es el humano (Vargas 45).

Hay que considerar que esas explicaciones, como dice Lituma, no hay que entenderlas con la cabeza, pues no tienen fundamentos racionales. La imaginación se torna destructora y se encarga de fundamentar la realidad en ese contexto. El hombre nos presenta su agresividad a través de fantasmagorías en torno al incompresible acto ya efectuado: el canibalismo.

No son los rituales los destinados a matar a personas para mantener el favor de los seres divinos, es tener una razón que valide el gusto por matar, por convertir el cuerpo humano en un medio para satisfacer los deseos de aniquilación de una manera denigrante.

-¿Te ves comiéndote a tu paisano? ¿Eso es lo que te sueñas? -Yo rara vez entro en el sueño- aclaró el barrenero, con toda docilidad -. Ellos nomás. Cortándoles sus criadillas, tajándoselas y banqueteándose como si fueran un manjar.- Le vino una arcada y Lituma lo sintió encogerse-. Cuando entro en el sueño yo también, es peor. Esos dos vienen y me las arrancas a mí con sus manos. Se las comen en mi delante. Prefiero chupar antes que soñar eso. (Vargas 312)

Lo increíble resulta que la educación no parece tener efectos favorables en la extraña actitud de los habitantes de esa población. "Saber leer y escribir, usar saco y corbata, haber ido al colegio y vivido en la ciudad, ya no sirve. Sólo los brujos entienden lo que pasa"(Vargas188). Pero, "¿Cómo era posible que esos peones, muchos de ellos acriollados, que habían terminado la escuela primaria por lo menos, que habían conocido las ciudades, que oían la radio, que iban al cine, que se vestían como cristianos, hicieron cosas de salvajes calatos y caníbales?" (Vargas 205).

Una forma de acercarnos a esa niebla que empaña la razón del hombre y lo conduce a comportarse como animal, es la bebida alcohólica. Dionisio es un personaje cuya actividad se centra en ofrecer a los hombres del pueblo la oportunidad de sacar su animal interior por medio de la borrachera. Los invitaba a ser felices de esa forma, a olvidarse de pensar para entrar a otro nivel, a un nivel en el que se comulga, en el que por un momento se puede salir de la cárcel que aprisiona el espíritu.

Con la borrachera viajas, dice Dionisio, visitas a tu animal, te sacudes la preocupación, descubres tu secreto, te igualas. El resto del tiempo estás preso, como los cadáveres en las huacas antiguas o en los cementerios de ahora. Bailando y bebiendo se borran las diferencias y nos volvemos como espíritus: indios, mestizos y caballeros a la vez; ricos y pobres, mujeres y hombres al mismo tiempo. No todos viajan bailando, cantando o chupando, sólo los superiores. El que no pone a dormir su pensamiento el que no se olvida de si mismo, ni saca las vanidades y soberbias ni se vuelve música cuando canta, ni baile cuando baila, ni borrachera cuando se emborracha. Ése no vive: es decadencia y está vivomuerto. No serviría ni para alimentar a los de la montaña tampoco (Vargas 274).

La evasión es una actitud para experimentar la felicidad, para alcanzar por un momento la libertad. Al parecer salirse del cauce de la normalidad en las acciones, trae un cierto alivio para el espíritu. Ese alivio es de alguna forma la manifestación de la violencia, una antítesis, pues esa misma actitud lo conduce por un camino oscuro. Esa raíz mágica lleva al ser humano hacia una sensación ilógica y destructiva. Según la experiencia de un participante en la matanza de Demetrio Chanca, las actividades realizadas en cada uno de los sacrificios dejan un amargo sabor de boca, y no precisamente por el hecho de devorar los cuerpos una vez que los han matado sino por las consecuencias que le siguen una vez finalizado el rito. El recuerdo los esclaviza, les patentiza mediante los sueños sus inexplicables acciones. La única solución para olvidarse de la sensación gustativa es chupando. Sin embargo, esto los vuelve a convertir en partícipes de nuevos banquetes humanos. "Ni cuando duermo se quita- afirmó el barrenero-. Cuando chupo nomás. Por eso me he vuelto tan chumaco. Pero me hace mal, se me abren las úlceras" (Vargas 311).

La enajenación domina al ser humano, también lo incapacita para sentir culpabilidad en el hecho realizado. Sólo puede experimentar la propia incomodidad alejada de la comprensión de sus actos. La incomodidad es la respuesta a querer repetir lo más pronto posible un platillo de carne humana. Con la iniciación en esos hábitos alimenticios se crea un gusto por volver a disfrutar de otra orgía. "La violencia se ve como una manera habitual de defensa, un método disponible, el más fácil en ocasiones, para que a uno lo maten también" (Cfr. Dorfman 12). La inseguridad está a la orden del día. Como diría Borges, la muerte está a la vuelta de la esquina: acecha al hombre desde siempre y desde todas las partes, y el único aliado es uno mismo, pero paradójicamente, el enemigo ya ha entrado, yo soy mi propio enemigo (Borges en Dorfman 13) o bien el ambiente de inseguridad es una conjunción de los demás en contra mía, como lo concibe Sartre, el infierno es los otros, que viene a apoyar la modalidad de violencia horizontal. Entonces, la violencia surge como necesidad para seguir viviendo, es tomado como un acto connatural, como respirar o dormir. La maldad manifestada en los hechos, empieza a confundirse con lo biológico, con lo instintivo, se convierte en un recurso que le ayuda al hombre a conseguir algo.

Al parecer la violencia se hace de muchos aliados: la naturaleza y la leyenda, son cómplices que la ayudan a existir. El universo mismo se unifica en torno a esta actitud negativa, pues tiene como fin cambiar su sentido. Naccos, el pueblo, por tanto tenía una fuerza mágica. Eso lo convierte en un lugar atractivo para el peligro pues los cerros se convertían en refugio de enemigos.

Todos los cerros están llenos de enemigos. Viven allí dentro. Se la pasan urdiendo sus maldades día y noche. Hacen daños y más daños. Ésa es la razón de tantos accidentes. Los derrumbes en los socavones. Los camiones a los que se les vaciaron los frenos o les faltó pista en las curvas. Las cajas de dinamita que estallaban llevándose piernas y cabezas (Vargas 44).

La cordillera es un lugar adecuado para camuflar en él. El misterio de seres fantásticos con influencia sobre los humanos que transitan o viven en esos lugares; y la superioridad de la clandestinidad de un grupo de rebeldes en busca de poder político, la convierten en un sitio con características malignas.

Ya sea vertical u horizontal, la violencia es tema importante en Lituma en los Andes. Su presencia pone a reflexionar al lector sobre cómo lo instintivo e irracional del hombre lo conduce a su destrucción. Ya no es la falta de educación la causante de la agresividad, ya no aplica la preocupación de los filósofos al referir que la mejora de la condición humana es la difusión de ideas en la sociedad, porque la principal causa de la esclavitud es la ignorancia. Los personajes en la novela se convierten en blanco seguro de los guerrilleros, o bien en carnada para ser sacrificados ante los temibles dioses (en realidad posible víctima de ebrios con antojo de un bocado humano).

El fenómeno de la agresividad pone en duda el papel de la evolución del hombre a través del tiempo. Parece que no se han superado las crisis de un pasado histórico escrito con sufrimiento. Hagamos memoria, la conquista de los pueblos indios de América por la cultura española es prueba fehaciente de ello. La brutalidad y la imposición de violencia dieron como resultado la dependencia del nuevo mundo hacia España. "La agresión ha comenzado hace mucho tiempo: América es fruto de una violencia prolongada de un saqueo continuo, de la guerra civil y fratricida en toda su geografía" (Dorfman 12). Ahora, se puede percibir cómo se repiten las mismas actitudes, todavía hablamos de una violencia enmarcada en un afán de solucionar los conflictos sociales y políticos por medio del abuso y del aniquilamiento de los representantes del sistema, y un medio de exponer la bestialidad del hombre todavía no superada a través de su historia y la evolución de su pensamiento.

La novela de Vargas Llosa es un viaje por la cordillera andina, una aventura atrevida y desgarrante que nos permite conocer la intranquilidad en la que viven los personajes. No por ser los malhechores tienen ganada la felicidad, también ellos pagan en carne viva las consecuencias de una guerra de todos contra todos. Los policías son asediados con una estrategia de malestar de nervios por los rebeldes, quienes les darían un peculiar tratamiento para atormentarlos y luego matarlos. El pueblo ubicado en el centro de esta rebelión se ocupa por lo tanto en transgredir las leyes sociales y morales y hacer uso de su poder para dar una muerte útil a quien consideran necesario.

Vargas Llosa declara a la literatura como "esencialmente mentirosa", es decir, lo que presenta como realidad es fundamentalmente una ficción, es decir, una mentira. (…)" Aclara sin embargo que cuando una ficción es lograda, se trasluce y se transparenta una verdad profunda. Pero que no es jamás la verdad explícita, no de un tema ni de unos personajes, ni de una psicología y menos de una historia" (Espejo de escritores 155). De ahí que concluya que la maestría con que trata un tema de una vigencia continua da la posibilidad de aceptar como reveladora esta novela. El trabajo es una ficción que puede asociarse con una realidad sociocultural íntimamente parecida a la que estamos expuestos y por eso puede resultar difícil identificar qué es cierto y qué no.

En esta novela se aprecian actitudes humanas nada alejadas de nuestras experiencias conocidas a través de los medios de comunicación. Eso sí, alejadas del morbo y del amarillismo con que pueden conocerse a través de periódicos baratos o noticieros alarmistas. La lectura nos lleva por los peligrosos caminos de los cerros andinos; nos hace testigos de los atracos impunes que sufren las víctimas de Sendero; nos deja sorprendidos por la magnitud que adquiere la agresión.

Detrás de ese marco de intolerancia y violación a los derechos del hombre y su integridad física, queda la incertidumbre de si después de todo eso, al final, seremos capaces de alcanzar una reconciliación con lo que haya escapado de la voracidad humana. Estaremos a la expectativa de ver si es posible que la educación supere con creces la conducta instintiva del hombre.

En este análisis mostramos la violencia en dos vertientes, manifestada en línea vertical, de las personas que en distinto nivel de poder se atacan para establecer una ideología dominante y la horizontal, donde hay actitudes transgresoras cuya función es destruir al prójimo, es la imposición de conductas basadas en creencias donde el sector social se encarga de matar a su propio hermano. Lituma en los Andes es una novela con una fuerte carga de pesimismo ante las relaciones personales y gregarias, es una muestra cruda de lo complicado que el ser humano puede hacer de su vida y de las interacciones colectivas donde hay una ausencia de seguridad.

La violencia es una actitud generalizada, ya vertical, ya horizontal, pero cuyo dominio puede estar bajo un control ante la conciencia de las repercusiones y un interés fehaciente de aprender a hacer un clima propicio para respetar la dignidad del hombre; aprender a dominar la bestia que mora en el interior, buscar alternativas para deshacerse de esa intención destructiva y dar la oportunidad de conciliar el sentido común con los conocimientos logrados a través del progreso científico y tecnológico y esa presunción de civilización, para establecer un equilibrio que restituya un lugar donde poder vivir.

 

Textos consultados

BELMONT, Jesús. Una guerrilla sin ideología. Época, Semanario de México, No. 274, 2 de Septiembre de 1996. pp.16-26

DORFMAN, Ariel. Imaginación y violencia en América. Barcelona: Anagrama, 1972.

ESPEJO DE ESCRITORES. Hanover: Ediciones del Norte, 1985.

MAQUIAVELO, Nicolás. El Príncipe. México: Editorial Porrúa, 1994.

VALQUI, Camilo. Perú: Una luz en el Sendero Luminoso. México: Fontamarra, 1988.

VARGAS Llosa, Mario. Lituma en los Andes. México: Planeta 1993.

__________. Desafíos de libertad. México: Ed. Aguilar Nuevo Siglo, 1994.

VILLORO, Luis. El concepto de ideología y otros ensayos. México: Fondo de Cultura Económica, 1985.

 

 

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