EZLN: Evolución de una lucha

Mariana Olivera

mmmmmmmmmmm "No es un mundo pasivo, estático, sino que vive en tensión permanente.Los pueblos del México profundo crean y recrean continuamente su cultura, la ajustan a las presiones cambiantes, refuerzan sus ámbitos propios y privados, hacen suyos elementos culturales ajenos para ponerlos a su servicio, reiteran cíclicamente los actos colectivos que son una manera de expresar y renovar su identidad propia; callan o se rebelan, según una estrategia afinada por siglos de resistencia." - Guillermo Bonfil mmmmmm

 

"Callan o se rebelan…" a toda voz lanzan un ¡Ya Basta! o nos gritan su indignado silencio. Todo depende. Depende de lo que quieran decir y de quién esté dispuesto a escuchar. Depende también, de las respuestas que el gobierno y la sociedad tengamos para ofrecerles.

"…hacen suyos elementos culturales ajenos para ponerlos a su servicio…", Se valen de las vías modernas de comunicación para desplegar sus comunicados, para dar a conocer su causa a México y al mundo. Los medios electrónicos de información son el mejor método para encontrar apoyo, y son, efectivamente, puestos al servicio de la lucha desde sus inicios.

A lo largo de casi cinco años de lucha, las consignas han cambiado, las demandas se han enriquecido, los llamados apelaron a distintos interlocutores y a todos a la vez. La esencia de su lucha sigue siendo la misma, aunque sus formas se han adaptado, y este proceso se hace patente en las cinco Declaraciones de la Selva Lacandona.

Para romper 500 años de silencio, una declaración de guerra, la Declaración de la Selva Lacandona. Un llamado a las armas, a la deposición del presidente. El llamado es al Congreso de la Unión y al poder Judicial, para pedirles orden y legalidad mediante el cambio del ejecutivo. El llamado es también a los organismos internacionales, solicitando su vigilancia. Las demandas se resumían en once puntos elementales: trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, democracia, justicia, libertad y paz. Elementales, pero todo un reto para un gobierno centralizado y represivo, que no entendió el lenguaje de los desposeídos. El despliegue de poder fue inmediato y la respuesta fue la guerra.

En medio de una guerra, es la sociedad quien protesta, quien obliga a dialogar. Y a ella se dirige esta vez el llamado: "Hoy no llamamos a los fallidos poderes de la Unión(…) Es en la Sociedad Civil en quien reside nuestra soberanía, es el pueblo quien puede, en todo tiempo alterar o modificar nuestra forma de gobierno y lo ha asumido ya. Es a él a quien hacemos un llamado…" (Subcomandante Marcos, Segunda Declaración de la Selva Lacandona, 1994). Piden una Convención Nacional Democrática, un frente de oposición del que emanen un gobierno de transición y una nueva Carta Magna. Exigen la muerte del sistema de partido de Estado como condición necesaria para la paz.

La estrategia es el cese al fuego y el diálogo, cambiar la guerra por paz. Una paz digna, no pagada con limosnas. Al "¡Ya Basta!" se suman nuevas consignas que reafirman las demandas: "¡No nos rendiremos!", dicen esta vez; "Para todos todo, nada para nosotros"; "El que mande, que mande obedeciendo"; "¡Democracia! ¡Libertad! ¡Justicia!".

Tal vez fue demasiado pedir. La respuesta del gobierno se caracterizó por la prepotencia, los cercos militares, la represión violenta y nuevamente su incapacidad para satisfacer o siquiera negociar las demandas. Por su parte, la respuesta de la sociedad fue el desinterés. Las elecciones del 94 arrojaron resultados desalentadores para la lucha y las mismas truculencias electorales de siempre, controladas, disfrazadas, reducidas tal vez.

La estrategia fue nuevamente modificada. Se rompieron cercos en una nueva ofensiva militar. "No se olviden de nosotros. Aquí estamos. Reafirmamos los once puntos todavía incumplidos y pedimos además que se reconozcan las características culturales, sociales y políticas de los indígenas y se les incorpore a la vida nacional. Reconocimiento y autonomía incluyente. Y la demanda de un nuevo gobierno sigue en pie." (Subcomandante Marcos, Tercera Declaración de la Selva Lacandona, 1995).

La respuesta del gobierno tuvo dos caras, la del aparente diálogo y la de la solución militar que llevó al EZLN a replegarse. La indignación fue general. La sociedad civil no pudo seguir en la indiferencia y volvió a movilizarse, obligando al gobierno a detener la ofensiva.

Después de una consulta nacional en la que los ciudadanos expresaron su opinión, la lucha entró en una nueva etapa: se constituye el Frente Zapatista de Liberación Nacional como fuerza política que sustenta las mismas demandas. Todas, excepto la extinción del actual gobierno. La lucha se ajusta, va perdiendo el tinte que a muchos les pareció radical. Ahora el frente es por la vía política.

"…reiteran cíclicamente los actos colectivos que son una manera de expresar y renovar su identidad propia…" Los congresos indígenas y los encuentros intercontinentales por la humanidad y contra el neoliberalismo son una convocatoria mundial y una nueva lucha por universalizar las demandas de los indígenas pero de otras minorías y por reafirmar su identidad. La sociedad internacional recoge las propuestas y les hace eco en una proclamación solidaria:, en una respuesta:"No los dejemos solos". La consigna universal: "Queremos un mundo en donde quepan muchos mundos".

La esperanza que brilló en los acuerdos de San Andrés pronto se extinguió ante su incumplimiento por parte del gobierno. Y después, un largo silencio de indignación: "Vimos que, callando, mejor podíamos escuchar voces y vientos de abajo, y no sólo la ruda voz de los vientos de arriba. Vimos que callando, más fuerte habló la resistencia de nuestros pueblos en contra del engaño y la violencia." (Subcomandante Marcos, Quinta Declaración de la Selva Lacandona, 1998) Si las armas y gritos de guerra no fueron la vía, si las palabras y los acuerdos eran vanos, entonces el arma nueva sería el silencio. Callando, protestaron "…y en silencio les construimos esta respuesta." (Subcomandante Marcos, Quinta Declaración de la Selva Lacandona, 1998).

Las demandas son ahora más concretas: el cumplimiento de los acuerdos de San Andrés; el reconocimiento de la autonomía, territorialidad y sistemas normativos de los pueblos indios; la elevación de la Ley de la Cocopa (Comisión de Concordia y Pacificación) a rango constitucional; el fin de la guerra de exterminio y algunos cambios a la Constitución. Atrás quedó la total abolición del sistema, pues la demanda se demostró poco viable dentro del marco político y social que compartimos como nación. Se dan cuenta de que el cambio es gradual, de que en el Congreso poco a poco la balanza de poder se estabiliza, y fincan en ese cambio lento su esperanza.

Han sido las circunstancias nacionales, las respuestas, y la necesidad de concretar sus exigencias. Ha sido tal vez la desilusión o el refinamiento de la estrategia. La firme determinación a no rendirse y la necesidad de apoyo. El resultado es la evolución de una lucha, la creatividad de consignas que no son gratuitas, y la espera…¿Hacia dónde queremos llevar sus siguientes pasos?

 

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