|

Branderburg Castle
Emprendedores y empresarios del milenio
Aníbal Basurto Amparano
"Las grandes reconciliaciones siempre están
precedidas de grandes acontecimientos traumáticos..." S.E.
No cabe la menor duda: somos la generación puente. Sabrá Dios si este
hecho constituya una bendición o un maligno designio enviado por el demonche
o uno de sus adláteres, pero el caso es que quienes rifamos alrededor
de los cuarenta, nos ha tocado vivir una serie de acontecimientos que
parecerán increíbles a nuestros nietos.
Hemos sido testigos de la casi consumación de los tiempos a causa del
comunismo depredador, hasta su aplastamiento por parte de la reserva humana
de quienes resistieron dentro y fuera de la cortina de hierro; también
presenciamos el resurgimiento del capitalismo mercantilista, cuyo triunfo
histórico demostró que es el peor de los sistemas, a excepción de todos
los demás.
Hemos visto el paso de las películas en blanco y negro del "Santo"
y de los hermanos Soler, hasta el "dvd" que puede confundirse
con un botón de blusa de trasvesti; hemos pasado de los monstruosos televisores
cuadrados, desbordantes de aburrimiento con programas como "El mundo
al día" y "Tarde de toros", hasta los redondos aparatos
de hoy, que vomitan frivolidad, sexo y violencia que hacen pecar al más
augusto; de las ruidosas máquinas de escribir "Remington" a
las computadoras que caben en la bolsa del pantalón; de la hombruna brillantina,
al champú unisex.
Han sido estos años pródigos en descubrimientos en todas las áreas de
la actividad humana; también han sido dispendiosos en enterrar tabúes
de todo tipo y careta.
Sin embargo, tal vez el protagonismo más relevante que ha representado
esta generación, es la posibilidad de vivir de principio a fin uno de
los acontecimientos más asombrosos que la inmensa mayoría no ha logrado
captar aún: el cambio de era histórica, de una sociedad vertical, estandarizada,
desalmada, robótica, masiva y dominada por los "fierros", a
una sociedad donde reinará la mente y el espíritu de las personas que
vertebran las organizaciones.
Tal vez, los mitotes que se dieron en todo el mundo celebrando erróneamente
el cambio de milenio debieron haber apuntado a este megaevento, representado
por un cambio de época, que sin duda constituye uno de los hitos más rasgantes
en la historia del hombre.
Lo que para nuestros hijos será sin duda algo muy normal: trabajar, vivir
y pensar en base al aprendizaje-conocimiento, para los líderes de las
organizaciones mexicanas actuales está resultando más lento y penoso de
lo que se hubiera pensado.
Estamos conscientes de lo reiterativo que hemos sido al respecto, pero
para quienes amamos y nos preocupamos por el desarrollo de nuestra comunidad
en todos los órdenes, tenemos la obligación moral de seguir gritando la
cercanía del lobo devastador, que insaciable, día a día se engulle a más
y más empresas atoradas en los viejos esquemas.
Los sonorenses, seguimos sin definir una visión clara y compartida de
lo que queremos para nuestra región; la economía sigue lenta, le seguimos
apostando casi totalmente al capital foráneo para cubrir las cuotas de
empleo que demanda la comunidad. Cada día estamos más a merced de las
decisiones que se toman al otro lado del mundo para hacer crecer nuestra
actividad económica; la transferencia tecnológica y el quid directivo
siguen sin permear a los trabajadores y líderes regionales.
Realmente es desolador darse cuenta que, en los últimos años, no se ha
realizado un sólo proyecto importante generado por empresarios locales.
Lo anterior es la parte fea con lo que tendremos que lidiar en este año
que cierra el siglo y el milenio (aunque la globalizada raza, azuzada
por el comercio mundial haya decidido cerrarlo ya); sin embargo, es bueno
poner de relieve la reserva humana, las cosas buenas con que contamos
para enfrentar los retos que se ven venir.
Lo primero es, sin duda, la conciencia cada vez más clara de líderes
de todo tipo, en el sentido de que nos falta ponernos de acuerdo sobre
el presente y futuro que debemos construir para nuestros hijos. La gigantesca
indiferencia con que se planteaba este asunto, poco a poco cede el paso
a una preocupación cada vez más notoria para hacer algo respecto al estancamiento
económico, lo cual muestra una cara de optimismo, ya que los estados que
están creciendo a tasas importantes, así empezaron: tomando conciencia
de su estancamiento.
Por otra parte, es evidente el convencimiento creciente de que los ciclos
económicos agrícolas que otrora pusieron a Sonora en el frontis del mapa
nacional, son ahora sólo bellos recuerdos. El empresario regional se ha
convencido poco a poco de que la forma changarrera de hacer negocios,
donde se invertía y a los tres meses se podía rescatar la inversión con
jugosas ganancias y cómodos avíos no volverá.
Asimismo, es notorio el esfuerzo que está haciendo el gobierno del estado
por buscar fórmulas que pivoteen la inversión tanto doméstica como externa.
Tal vez no se estén planteando las cosas adecuadas, o la mejor forma de
llevarlas a cabo, pero sería sumamente ingrato no reconocer este afán
por promover el crecimiento económico por parte de la administración pública
estatal.
También nos debe alentar el hecho de que las instituciones de educación
superior, poco a poco están tomando conciencia del gran error histórico
que cometen al estar formando legiones de empleados, en lugar de buscar
crear emprendedores que construyan empleos. Unas más rápido, otras más
lentamente, pero el caso es que poco a poco, los líderes de las universidades
públicas y privadas, están replanteando el perfil de egresado que exige
la actual realidad, y la conclusión no puede ser otra: se necesitan profesionales
que dejen de ser buscadores de trabajo, para convertirse en generadores
de empleo.
En general, podemos apreciar que prácticamente todos los actores del
acontecer de la vida regional, están dando los primeros pasos para volver
a darle a la entidad el ritmo de desarrollo que tuvo en idos tiempos.
Estos serán los temas que seguirán creando una preocupación por colocar
nuestro granito de arena en esta inmensa duna de quehaceres, por adquirir
un verdadero compromiso con nuestra querida región.
Es reconfortante saber que esta nueva etapa de tiempo, representada por
el cambio de año, siglo, milenio o lo que sea, ha estado planteándose
como una buena oportunidad para renovar la esperanza, pues al fin de cuentas,
los mexicanos somos un pueblo que ha tejido sus grandes momentos históricos
en torno a la esperanza. Todo puede morir en una comunidad que aspira
a encontrase a sí misma, menos la esperanza; cuando ésta muere, ya nada
queda.
Es por eso, que pese a los problemas, las ingratitudes, los errores cometidos
y por cometer, debemos conservar la esperanza de que más temprano que
tarde, encontraremos finalmente el hilo conductor que nos coloque de lleno
en el camino del progreso, la reconciliación y el amor común por lo que
nos une: México. ESSS.......
|