Miseria mexicana

Ignacio Sánchez

Resulta difícil e indignante asimilar las cifras que presenta el Informe de Desarrollo Humano 1998 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) (Proceso, 1142). Al 20% de los habitantes más ricos del mundo corresponde el 86% del total del consumo privado, mientras que para el 20% de los habitantes más pobres sólo corresponde el 1.3 %

Sobre la acumulación de riqueza, las cifras que presenta el informe son escandalosas. La riqueza acumulada por las 225 personas más ricas del planeta equivale al ingreso anual del 47% más pobre de la población mundial, estimado en 2.5 millones de personas. El caso de México es igual de grave. Unas cuantas familias tienen el control económico y político mientras millones de personas no pueden ni siquiera alimentarse.

La acumulación sin límites de la riqueza es un problema que con las políticas del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, aunado a la falta de sensibilidad social de muchos empresarios, afectan a millones de personas en el mundo.

Nuestro país, es aunque el Presidente se resista a aceptarlo, un gran "productor" de pobres extremos. Según datos de la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto por Hogar (ENIGH 96) (La Jornada, 16/Oct/98), en 1994, el número de pobres en México era de 61.664 millones de personas; para 1996 sumaban 72.219 millones. En 1994, la cifra de pobres extremos era de 36.2 millones; para 1996 era de 50.9 millones. Entre 1994 y 1996, el incremento de la población fue de 3.2% y el crecimiento de pobres en grado de miseria fue de 14.7%. Esto es hasta 1996, y la mínima lógica nos permite pensar que estas cifras han aumentado, aunque el señor Presidente diga que la política económica aplicada es la correcta.

El problema fundamental, desde mi perspectiva, es la falta de sensibilidad social ante el fenómeno de la pobreza y la marginación. Como hemos visto, a los grandes capitalistas, que han construido una economía a la cual lo mismo el efecto samba, que el dragón, el tequila o el vodka hacen temblar, no están preocupados por la miseria a la que envían a millones de seres humanos. Y es que tal vez en este orden, lo único importante es mantener ( y aumentar) la riqueza de una cada vez más escandalosa élite.

En México, en aras de la defensa del libre comercio, del desarrollo y la modernización económica, muchos millones de personas han sido arrojadas a la pobreza. Pero además, como en el caso de Chiapas, quiere vendérseles la idea del desarrollo y del progreso "por las buenas o por las malas" a los grupos indígenas.

Y es que bajo el argumento de invertir para generar empleos en la zona (además de Tabasco, Veracruz y Campeche) más de 500 mil hectáreas están siendo rentadas a empresas trasnacionales como la International Paper y a grandes empresarios mexicanos para el monocultivo de eucalipto, con el fin de producir celulosa para la producción de papel. El problema es que según varios grupos ecologistas esto afecta el equilibrio ecológico de la región . Algunos grupos indígenas se han opuestos a esta inversión ya que ellos privilegian el sentido de pertenencia a la tierra sobre el valor de la producción comercial de la misma. Es decir que no son tan "modernos" como nosotros que ya no pensamos en las consecuencias ecológicas de lo que nos damos en llamar desarrollo. La pregunta sería si cuando las autoridades hablan de intereses extranjeros involucrados en el conflicto chiapaneco, se refieren a estos inversionistas.

México pues, es un país con enormes contrastes. La acumulación de riqueza tiene como contraparte a millones de personas sin educación, sin alimentación, sin salud y sin vivienda. O trabajamos por construir, desde la sociedad civil un país más justo, o de plano no nos escandalicemos de los brotes de violencia que surgen de las voces de los más necesitados. De frente a las próximas elecciones presidenciales, la sociedad civil, ese nuevo actor en nuestro país, tiene en sus manos realizar un verdadero cambio de las estructuras y formas del poder, participando de la toma de decisiones y presionando para que ésta sea realmente en beneficio de la mayoría de todos los mexicanos. Mientras tanto, sólo me quedo pensando que cuando nos decían, como lema de campaña presidencial "…él sabe como hacerlo", bien nos hubieran podido advertir a qué se referían.

 

 

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