Marcela Flores Iga
En este escrito se pretende revisar y explicar de manera breve y concreta
algunas de las teorías feministas y su relación con la literatura, en
específico, con la literatura escrita por mujeres.
Primero que nada, la relación que existe entre literatura y feminismo
se entiende a partir de la idea de Freud que establece que todo ser
humano se compone esencialmente de sexo y lenguaje. A partir de esto,
la mujer y el hombre se diferencian entre sí a través de una serie de
determinaciones que acaban por colocarlos en una relación de oposición
en la dicotomía masculino-femenino.
Iris Zavala, siguiendo las propuestas de Lacan, en su artículo "Reflexiones
sobre el feminismo del milenio" establece que "cada sujeto
se ubica a un lado o a otro de la oposición a través de su palabra.
El sexo no se corresponde con lo biológico sino con una posición discursiva;
el proceso de sexuación no proviene de la biología ni de la cultura,
sino de la lógica del lenguaje."
La literatura escrita por mujeres pretende una apropiación del lenguaje
a través de la escritura, en la búsqueda de una identidad propia que
no esté en función del orden masculino. Según Lucía Guerra Cunningham,
la literatura femenina es "el proceso interior de la adquisición
de una identidad". Esta autora en su texto "Silencios,
disidencias y claudicaciones: los problemas teóricos de la nueva crítica
feminista", establece que la escritura de la mujer se adentra y
se asimila a un espacio intertextual predominantemente masculino, así,
ubica los "elementos de una visión del mundo subordinada a través
de márgenes, vacíos, silencios, inversiones y mímicas con un valor subversivo"
y también renovador.
Para comprender mejor lo anterior, es fundamental definir y diferenciar
los conceptos de feminismo y femenino, los cuales se encuentran en estrecha
relación para la construcción de la teoría feminista.
Tomando las ideas que Toril Moi establece en su artículo "Feminist,
Female, Femenine" sobre está diferenciación, es posible definir
que el feminismo es esencialmente una posición política, mientras que
lo femenino hace referencia al conjunto de normas y convenciones que
le han sido impuestas a la mujer, las cuales pretenden enseñarle lo
que su sexualidad significa y cómo debe comportarse dentro de ella.
Ahora bien, el feminismo adquirió su nombre como posición política
a finales de los sesenta. A lo largo del tiempo, ha tomado diferentes
matices que propugnan desde el categórico rechazo a lo masculino, la
búsqueda de igualdad entre los sexos, hasta una nueva significación,
no sólo de lo femenino sino también de lo masculino, en donde ambos
conceptos no se encuentren opuestos en una dicotomía. Esta resignificación
es la que interesa a la teoría feminista, ya que pretende lograr un
cambio político y cultural mediante las implicaciones de esta nueva
relación.
Por otro lado, como ya se ha mencionado, lo femenino se refiere a todos
los patrones que le han sido impuestos a la mujer por normas o convenciones
culturales y sociales. A la mujer se le ha enseñado que tiene que ser
discreta, dulce, frágil, etc. A partir de esta imposición, surge el
concepto o la idea de la opresión patriarcal (o masculina). Esta opresión,
según Toril Moi, "consiste en imponer estándares sociales de
femineidad en una mujer, con el preciso propósito de hacerle creer que
estos estándares seleccionados son los naturales. De modo que, una mujer
que se niega a asimilar esto se convierte en no-femenina y, por ende,
no-natural. (anormal)"
De esta manera, los conceptos de feminismo y femenino están en estrecha
relación, ya que el feminismo, como posición política, busca liberarse
de la imposición patriarcal de lo femenino, así como de la posición
sexista que implica definir a la mujer en una dicotomía como la ausencia
o lo contrario de lo masculino. Esta dicotomía, a lo largo del tiempo,
se ha convertido en una relación de oposición en donde lo masculino-femenino
implica una correspondencia directa con los conceptos de positivo-negativo,
opresor-oprimido, superior-inferioir, fortaleza-debilidad, etc.
Es así, en búsqueda de la ya mencionada liberación, que el feminismo
encuentra su desarrollo en la literatura. Para destruir la concepción
patriarcal y sexista a la que ha sido sometida, la mujer pretende apropiarse
del discurso tradicionalmente masculino (desde la perspectiva feminista,
la literatura es considerada como un patrimonio masculino), para convertirlo
en uno propio, que logre definirla a partir de ella misma.
Para Toril Moi, esta apropiación del discurso se entiende en el sentido
de una transformación. Sin duda, la teoría feminista debe cuidarse de
no caer en lo mismo que critica y que pretende anular; el feminismo
tiene que ser "pluralista" y aceptar que todas las ideas están
influidas de mayor o menor grado por el pensamiento patriarcal.
La idea anterior la encontramos en Hèléne Cixous, que en su artículo
"The laugh of Medusa" retoma o se apropia de la teoría de
la deconstrucción del filósofo francés Jacques Derrida, con la intención
de anular la tradicional oposición masculino-femenino que corresponde
al pensamiento patriarcal para llegar a una nueva significación de ambos
a partir de su diferencia.
Cixous en su texto considera que la escritura es el medio por el cual
la mujer tiene la posibilidad de apropiarse de aquello que le ha sido
anulado por las imposiciones patriarcales: su identidad y, con ella,
su cuerpo; deconstruyendo (según el concepto de Derrida) la oposición
masculino-femenino en donde se encuentra en desventaja, la mujer podrá
reconocerse, recuperarse y redefinirse a sí misma a través de su escritura;
para esta autora, la mujer debe escribirse, más bien, reescribirse para
encontrar una identidad que esté definida por lo que ella es y no a
partir de lo que el pensamiento masculino establece que ella debe ser.
Escribiendo se rompe el silencio, se rebasa la marginalidad y la represión
a las que las mujeres han sido sometidas en mayor o menor grado.
Al igual que Moi, Cixous establece que para deconstruir la oposición
binaria de lo masculino y femenino es necesario considerarla como una
relación heterogénea que no encapsule a ambos términos en una diferencia
exclusiva que implique oposición y que termine por caer en el juego
patriarcal del opresor y el oprimido, sino que logre encontrar una nueva
significación para cada uno a partir de sí mismo.
Sobre esta idea Lacan afirma que: "no es el poder de nombrar
lo que confiere la libertad que deriva del discurso del dominio, sino
la habilidad de escapar al poder de los significados impuestos por el
otro."
Por otro lado, Julia Kristeva en su escrito "Women´s Time"
establece que la mujer como ser marginado puede concebirse en los límites
que el orden patriarcal establece, es decir, como la frontera divisoria
entre el hombre y el caos, en donde la mujer tiene contacto también
con ese caos. Kristeva afirma que las mujeres como límite nunca pertenecen
ni fuera ni dentro de la misma frontera que ellas mismas delimitan (según
el orden patriarcal), por lo que su identidad nunca está definida.
Sin embargo, Kristeva hace referencia a lo femenino como todo aquello
que se encuentra marginado por el orden patriarcal; entonces, la resignificación
de lo femenino puede corresponder tanto al hombre o a la mujer, ya que
implica llevar a cabo un proceso de descentralización del pensamiento
patriarcal o falocéntrico con respecto a la posición de ambos en la
dicotomía masculino-femenino, con el propósito de encontrar una identidad
que le sea propia a cada uno.
De manera general, la teoría feminista ha creado una evolución en el
pensamiento actual, no sólo dentro de la literatura sino también dentro
de otras disciplinas, lo que ha causado un cambio de gran valor en la
concepción de la mujer y del hombre así como de su mutua relación, para
llegar a nuevas significaciones que los sitúen como iguales fuera de
cualquier subordinación, pero sin dejar de enfatizar las diferencias
entre ambos que dan a cada uno un valor único.
Para lograr una nueva relación entre lo masculino y lo femenino, como
lo pretende la teoría femenina al eliminar el pensamiento patriarcal
y la posición sexista y subordinadora, es necesario llegar a un nuevo
reconocimiento de ambos a través del discurso, de la reescritura de
los discursos tradicionales. La escritura femenina se ha convertido
en el instrumento de liberación y redefinición de la relación entre
ambos sexos y de la identidad de cada uno.
Retomando una idea que Virginia Woolf establece en "Un cuarto
propio", se puede concluir que "el estado normal y placentero
es cuando están en armonía los dos (hombre y mujer), colaborando espiritualmente.
Hasta en un hombre, la parte femenina del cerebro debe ejercer influencia;
y tampoco la mujer debe rehuir contacto con el hombre que hay en ella.
Esa tal vez fue la intención de Coleridge cuando dijo que una gran inteligencia
es andrógina"
Fuentes
Woolf, Virginia. Un cuarto propio. Colofón: México, 1998.
Derrida, Jaques. La escritura y la diferencia. Anthropos:
España, 1989.
Guerra Cunningham, Lucía."Silencios, disidencias y claudicaciones:
los problemas teóricos de la nueva crítica feminista". En A. López,
comp. El discurso femenino actual. Universidad de Puerto Rico:
San Juan, 1995. pp. 21-32.
Cixous, Hèléne. "The laugh of Medusa". En Adams, Hazard y
Leroy Searle Tallahassee. Critical theory since 1965. Miami:
Florida State University Press, 1986. pp. 308-320.
Kristeva, Julia. "Womens time". En Adams, Hazard y
Leroy Searle Tallahassee. Critical theory since 1965. Miami:
Florida State University Press, 1986. pp. 470-484.
Moi, Toril. "Feminist, Female, Feminine". En C. Belsey y
J. Moore, ed. The Feminist Reader. Essays in Gender and and
the Politics of Literary Criticism. Blackwell Pub: 1988. pp. 117-132.