El
mejoramiento continuo: una ansiada y escurridiza cualidad empresarial

Rubén Beltrán
Hay una cualidad a la que casi todas
si no es que todas - las organizaciones aspiran: el mejoramiento
continuo. Aunque hay algunas que esperan que les caiga del cielo,
hay muchas otras que la buscan con afán, de las más variadas maneras
y en los más recónditos lugares. El mejoramiento continuo es un
sueño por el que se han pagado millones y millones de pesos, una
cualidad que ocupa el tiempo de miles y miles de "expertos"
en la materia; un proyecto que quita el sueño a miles de directivos
de empresas y un atributo que ha merecido toneladas de artículos
de revistas y de libros. Y a pesar de tanta insistencia, es preciso
reconocer que para la gran mayoría de las organizaciones, ese
sueño aún se sigue negando, esa aspiración está lejos de materializarse.
No hay una persona en el mundo que
de manera seria y honesta pueda rebatir el hecho de que, para
lograr una prosperidad segura y duradera, una organización debe
tener la capacidad de mejorar continuamente sus procesos y productos,
reduciendo gradualmente todas las fuentes de desperdicio. El mejoramiento
continuo se ha convertido en la piedra angular de la revolución
de la calidad alrededor del mundo.
Pero, ¿qué es el mejoramiento continuo?
Definitivamente no se limita a ser un método para resolver problemas,
ni tampoco es un programa específico de reducción de costos con
tiempos definidos de inicio y de terminación. Verlo de esa manera
tan estrecha, limita el verdadero potencial que el mejoramiento
continuo puede ofrecer a una organización.
Y entonces, ¿qué es? Sin duda, es
un atributo clave de las organizaciones exitosas. Es la capacidad
que tiene una empresa de renovarse cada día, de identificar las
oportunidades y convertirlas en mejoras permanentes; es una cualidad
que permite beneficiarse de los problemas y las quejas de los
clientes para no volver a repetir los mismos errores. Es una forma
de vida, una cultura en la cual todos los que trabajan en la empresa
tienen sus ojos, su mente y sus oídos bien abiertos para poder
reconocer las oportunidades de mejoramiento y capitalizarlas en
acciones concretas que se reflejan en mejores procesos y productos.
Mejoramiento continuo significa perfeccionamiento
sobre la marcha que involucra a todos; significa progreso permanente
en pasos cortos. Implica lograr que se arraigue en las mentes
de los empleados la idea de mejorar cada día, aunque sea en algo
pequeño.
Verdaderamente, existen muchas definiciones
y tratados sobre el mejoramiento continuo; sin embargo, la mayoría
de ellas parece coincidir en la noción de una cascada de mejoras
graduales y constantes que surgen como parte de las actividades
cotidianas en el lugar de trabajo. No obstante, más allá de definiciones
y terminología, lo irrebatible son los beneficios que se pueden
obtener de un sistema bien cultivado de mejoramiento continuo,
uno que haya echado raíz y se haya convertido en parte de la cultura
de trabajo de la empresa.
La creación de una cultura de mejoramiento
continuo no es una tarea fácil. Aunque son muchas las organizaciones
que presumen de tenerla, la realidad es que muy pocas de
ellas lo han logrado de manera genuina. Un estudio reciente en
los Estados Unidos mostró que menos del 1% de las organizaciones
en ese país operan en un verdadero estado de mejora continua.
¿Qué es lo que dificulta que se pueda
lograr una cultura organizacional de mejoramiento continuo? Hay
causas muy diversas, pero se pueden resaltar las siguientes como
las más comunes:
- Soberbia organizacional
- Miedo al cambio
- Falta de paciencia
- Participación restringida de la
gente
Soberbia organizacional
"No hay peor ciego que el que
no quiere ver", reza un refrán popular, muy apropiado para
ilustrar este punto. La "soberbia organizacional" es
un tipo de altanería o engreimiento compartido por los miembros
de una organización que los hace pensar que no hay nada ni nadie
en el mundo que amenace su posición de liderazgo dentro del mercado.
Esa arrogancia lleva a una organización a creer que ya no hay
nada que mejorar, que están para ser imitados por ser un modelo
de empresa, que han alcanzado la cumbre y no hay nada más allá.
Este engreimiento es el preludio de algo parecido a una paraplejia
competitiva, el inicio del descalabro organizacional y de la maligna
complacencia.
La primera condición para que se
dé el mejoramiento continuo es reconocer la necesidad de hacerlo,
sentir que es una obligación apremiante del negocio para permanecer
en el mercado. Muchas empresas piensan que el hecho de no tener
problemas significa que no tienen necesidad de mejoramiento. Por
principio de cuentas, decir que no se tienen problemas es en sí
una forma de arrogancia, de soberbia, una ceguera que conduce
a la inmovilidad. No hay organización en los mundos (porque deben
ustedes saber que hay primero, segundo y tercer mundo, más el
cuarto mundo que se está formando rápidamente) que no tengan problemas.
Si el vocablo "problema" resulta incómodo, entonces
podemos cambiar la redacción y llamarlo elegantemente como "área
de oportunidad". Una cosa es no tener problemas y otra muy
diferente es no querer verlos. Como se mencionó antes, no hay
peor ciego que el que no quiere ver. La complacencia y la soberbia
son los peores enemigos del mejoramiento continuo. Para que se
desarrolle una verdadera cultura de mejoramiento continuo, la
organización debe promover la humildad como un valor compartido
por todos, reconocerse como una organización limitada, con carencias,
con necesidades, con retos por vencer, etc. Esta modestia organizacional
es la que se transmite a los miembros de la empresa, y de esa
manera se puede esperar que la gente sienta una auténtica necesidad
de mejorar, en todos los aspectos de su vida, personal y laboral.
Miedo al cambio
La resistencia al cambio es natural
en el ser humano y, por consecuencia, en las organizaciones. El
miedo a lo inexplorado inhibe hasta las más nobles intenciones.
Sin embargo, es indiscutible que los tiempos modernos son tiempos
de cambio. Es común escuchar que "la única constante es el
cambio". La competitividad y el éxito empresarial son "blancos
movibles", y ésta es una imagen que está ganando cada vez
más aceptación en el mundo de los negocios. El enfoque ideal para
lograr el liderazgo en los negocios es reconocer que las expectativas
y necesidades del mercado cambian a un ritmo mayor que la misma
capacidad de respuesta de las empresas. En este sentido, el mejor
escenario para una empresa es ser el número uno en el mercado
"mientras puede ver lo que viene a la vuelta de la esquina".
El éxito es un proceso, es un camino y no un lugar a donde llegar.
El cambio como una cultura de vida es un elemento indispensable
para que se pueda dar el mejoramiento continuo. Cuando se cierran
las puertas al cambio, se niega toda posibilidad de progresar.
Participar en el mundo de los negocios es algo así como participar
en una carrera sin meta, como lo expresó David Kearns, ex-presidente
de Xerox, refiriéndose a la calidad.
Todas las empresas que operen bajo
la creencia de que el liderazgo y el éxito son un blanco fijo,
un destino, un lugar a donde llegar, están obligadas a cambiar
inmediatamente de mentalidad para adoptar una nueva filosofía
en donde el cambio sea un elemento natural en el trabajo de todos
los miembros de la organización. Lo que es bueno hoy debe ser
mejor mañana. Como dijo un empresario estadounidense dirigiéndose
a sus directivos: "Caballeros, aquí sólo hay de dos sopas:
o administramos el cambio, o cambiamos la administración".
Falta de paciencia
Desarrollar una verdadera cultura
de mejoramiento continuo requiere de tiempo, de mucho esfuerzo,
de la colaboración de toda la gente, y de mucho aguante antes
de poder saborear sus frutos. Es algo parecido a la tarea de sembrar
la tierra: primero hay que poner mucho trabajo en prepararla antes
de poner la semilla, y una vez que se pone la semilla, hay un
montón de trabajo, de desvelos, de riesgos, de inversión, etc.
antes de poder recoger los frutos. Esto se puede entender muy
bien. Pregúntenle a un hombre de campo. Sembrar requiere de paciencia
además del trabajo, por supuesto- e inclusive de una buena
dosis de fe, pues son muchos elementos que se deben dar para obtener
los resultados deseados.
Muchas veces se ha usado la expresión
de "el milagro Japonés", refiriéndose al impresionante
avance competitivo y el consecuente liderazgo de la industria
japonesa en el mundo. No hay tal milagro. Es preciso saber que
hay muchas empresas en Japón que se han esforzado durante los
últimos 50 años por crear y refinar su cultura de mejoramiento
continuo, o "Kaizen" como ellos lo llaman. La competitividad
y el liderazgo en el mercado no son cuestión de milagros ni de
magia. Lo que ha habido en Japón es un cúmulo de trabajadores
honestos, con sólidos hábitos de trabajo, quienes han trabajado
muy duro desde sus trincheras para hacer las cosas un poco mejor
cada día y así obtener mejores resultados.
Los administradores de Japón han
estado trabajando por décadas para motivar y convencer a los trabajadores
para que mejoren sus procesos gradualmente. Hay gente que asegura
que esta actitud de los japoneses es genética; "los japoneses
ya traen el mejoramiento continuo en la sangre", se dice.
No hay tal verdad. Basta con saber que en Japón las cosas no siempre
han sido como se conocen ahora. Por ejemplo, durante el periodo
de las reformas conocidas como Kansei (entre 1789 y 1793) uno
de los decretos fue: "los trabajadores japoneses no deben
inventar nada nuevo". Y más recientemente, justo antes
de la Segunda Guerra Mundial, las ideas de mejoramiento eran aceptadas
sólo si venían de ciertos empleados "élite" que estaban
considerados como los únicos con capacidad para generar ideas
de mejoramiento.
Participación restringida de la
gente
El trabajo de toda persona dentro
de una empresa debe tener dos componentes principales: Mantenimiento
y Mejoramiento. Por un lado, el mantenimiento se refiere a realizar
las tareas que ya se hacen bien y que son parte del aprendizaje
organizacional, apegándose a los reglamentos y las políticas de
la empresa, a los estándares, etc. Por otro lado, el mejoramiento
se refiere a las actividades que se deben realizar para hacer
mejor lo que ya se hace bien.
Dependiendo del nivel en la estructura
organizacional, la asignación de tiempo a estas dos áreas del
trabajo va a cambiar de acuerdo a la siguiente figura:

Es universalmente reconocido el papel
central que juega la gente en la cruzada moderna del mejoramiento
continuo. Un sistema exitoso de mejoramiento continuo requiere
descansar en la habilidad de los miembros de una empresa para
reconocer oportunidades de mejoramiento. En resumidas cuentas,
la gente es la fuente del mejoramiento. Cuando los miembros de
una organización pierdan su capacidad (o su interés, o ambos)
de reconocer oportunidades de mejoramiento, en ese momento se
puede declarar a la empresa cómo "clínicamente muerta",
aunque aún pueda seguir operando por un tiempo determinado. El
tiempo que le quede de vida dependerá de la competencia, y el
nivel de respuesta que le exija el mercado.
El espíritu de mejoramiento debe
prevalecer y permearse en todos los estratos de una empresa todo
el tiempo. Un autor expresó esta necesidad de una manera muy original,
diciendo: "para que una empresa sea exitosa, necesita crear
un saludable estado de caos entre sus empleados" Es una propuesta
atrevida pero sumamente congruente con lo que se ha venido mencionando
en este artículo.
Según un empresario norteamericano,
la administración de una empresa debe ser "la inteligencia
colectiva de toda la organización" . En el mismo orden de
ideas, el fundador de la empresa NCR en Estados Unidos definió
en alguna ocasión a su empresa como "un cerebro de mil cabezas",
haciendo alusión a su intención de incorporar a sus 100 empleados
en el proceso de mejora. Es decir, los empleados deben mantener
un estado de crecimiento y desarrollo intelectual, participando
permanentemente en actividades de mejoramiento. Es una burla imperdonable
saber de empresas que, por un lado, afirman que su gente es su
activo más valioso, pero le dedican más tiempo y recursos al mantenimiento
de sus máquinas que al desarrollo de su personal. Por eso, si
una compañía no invierte en el desarrollo de su gente y no aprovecha
todo su enorme potencial intelectual, la gente puede convertirse
en su mayor carga.
Los empleados de los niveles altos
en la jerarquía de una empresa han sido los que tradicionalmente
han proporcionado las ideas de mejoramiento. Se les puede identificar
como los "pensadores" de la empresa, los que están viendo
formas de hacer mejor las cosas. Eso ha dejado a los empleados
de los niveles más bajos como meros ejecutores de las ideas de
otros. Uno de los objetivos de una cultura auténtica de mejoramiento
continuo es hacer de toda la gente, independientemente de su posición
en la jerarquía de la empresa, un "pensador", una fuente
permanente de ideas de mejoramiento. Toda aquella empresa que
esté empeñada en dividir a su gente en categorías de "pensadores"
y "hacedores" está destinada a fracasar en sus intentos
de establecer una cultura de mejoramiento continuo.
Como se puede apreciar, la creación
de una cultura de mejoramiento continuo es un gran reto; es una
tarea difícil pero al mismo tiempo es una necesidad impostergable.
La competencia fiera y global que caracteriza el mundo empresarial
moderno exige que se considere el mejoramiento continuo como un
elemento de sobrevivencia. El sentido común lo está diciendo a
gritos. Pero si la voz del sentido común es poco convincente,
tal vez ayude más la opinión de gente tan reconocida como los
estudiosos investigadores del Massachusetts Institute of Technology,
el MIT, quienes integraron la Comisión sobre Productividad Industrial
con el propósito de ayudar a la industria norteamericana a revertir
la erosión de su posición competitiva. Los expertos del MIT reportaron:
"otra área en la cual las empresas estadounidenses se han
quedado rezagadas comparadas con sus competidores de Japón es
su capacidad para identificar y capitalizar oportunidades de mejoramiento
continuo. El efecto acumulativo de mejoras graduales sucesivas
puede ser muy importante y rebasa nuestros esfuerzos por mejorar,
que están basados en avances cuánticos y espectaculares".
En resumen, resulta mucho más efectivo
para una organización tratar de mejorar de manera gradual pero
constante, un pasito a la vez, en lugar de tratar de avanzar "apuntándole
a la luna". Toda organización, sin excepción, tiene la misma
necesidad de crear y mantener una cultura de mejoramiento continuo,
independientemente de su actual posición competitiva. O lo hacen
hoy o lo hacen mañana
si es que la competencia les permite
sobrevivir hasta ese mañana.
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