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El
tránsito de México hacia la democracia

Gabino
de Alba
Contenido
1. Definición de democracia
2. Interpretación de los tres conceptos implicados en la definición
de democracia
3. Evolución democrática y desarrollo histórico
-La democracia en el
contexto de la condición social y política de la Nueva España,
antes de la Independencia
-La condición social y política del México independiente
-El escenario actual: perspectivas y reflexiones
Definición de democracia
Parto del principio de que sólo teniendo
una clara definición de democracia es posible saber si la sociedad
mexicana transita hacia tan importante forma de régimen político.
Democracia: Gobierno del pueblo,
por el pueblo y para el pueblo
Debo aclarar que esta no es una definición
mía; se trata de una definición antigua y muy mencionada. La uso
porque es breve y directa; liga tres conceptos que son fáciles
de aclarar y nos permiten saber si México los satisface o si transita
hacia ellos hasta darles plena satisfacción.
Interpretación de los tres conceptos
de la definición
Gobierno del pueblo: Indica
que las personas (hombres o mujeres) que encabezan el poder ejecutivo
en sus tres niveles: Presidente de la República, Gobernadores
de los Estados y Presidentes Municipales, deben ser electos por
los ciudadanos a través del voto directo y secreto. Lo mismo aplica
para los integrantes del poder legislativo, tanto federal como
de los estatales.
Gobierno por el pueblo: Denota
que los requisitos para ser candidato a un puesto de elección
correspondiente a cualquiera de los tres poderes (ejecutivo, legislativo
y judicial), no discriminan a los habitantes de México, por condiciones
de sexo, raza, religión, estatura, peso, color de la piel, etc.
Gobierno para el pueblo: Expresa
que los actos del gobierno deben ser en beneficio de toda la sociedad,
tales como la educación, salud, comunicaciones e investigación
de tecnología y científica, etc., para aplicarla a cualquier actividad
que beneficie y proteja al pueblo.
Evolución democrática
y desarrollo histórico
La democracia en el contexto de
la condición social y política de la Nueva España, antes de la
Independencia
La historia anterior a la Independencia
nos demuestra que no se cumple ninguno de los tres conceptos mencionados.
En ninguna parte del imperio español se ejerció el voto; el gobierno
era del rey, por el rey y para el rey. El rey nombraba a sus virreyes,
los cuales gobernaban en su nombre; esta fórmula autocrática se
aplicó férrea e inapelablemente a todos los demás miembros del
gobierno, ya fueran designados por el rey o por algunos de sus
subalternos. En suma, toda autoridad emanaba del rey, todo acto
de gobierno se ejerció en su nombre, y todo impuesto colectado
se destinaba a su regia persona. Puede afirmarse que en la Nueva
España la democracia no se practicaba en ninguna forma, puesto
que era poco conocida y menos comprendida; así que, los demócratas,
si acaso los hubo, no fueron populares ni respetados. En el ámbito
del pueblo, el gobierno se ejercía por el clero católico que actuaba
como estado civil.
El clero católico tenía a su cargo
el registro de los nacimientos, los matrimonios y las defunciones
como sacramentos y no como actos administrativos de un estado
civil. Antes de 1860, en México no existían actas de nacimiento;
todo nacimiento se comprobaba con una "Fe de Bautismo";
si el individuo no había sido bautizado, carecía de identidad
legal; para la sociedad era un marginado sin estatus alguno; era
como si la persona no hubiera nacido, aunque hubiera existido.
Lo mismo puede decirse de las actas de matrimonio y defunción.
Si una pareja no cumplía con el sacramento del matrimonio, todos
sus hijos eran bastardos. Si los familiares del difunto no acudían
al curato a registrar su muerte y a pagar por el entierro, no
podía ser sepultado "en sagrado". De hecho, tal fue
la causa de la polémica sostenida entre el liberal Melchor Ocampo
y un obispo de Michoacán poco antes de 1857.
La condición social y política
del México independiente
En 1821, México era un imperio. En
1823, fue una república. Ni una cosa ni la otra causaron mayor
impacto en la vida de los antiguos novohispanos, ni en los ahora
mexicanos. La independencia política no importaba mayor cosa a
las clases medias y altas, y menos importaba aún a las clases
populares que andaban en la "bola" sin entender casi
nada de lo que ocurría; aquella ignorancia de la "bola"
y su rodar sería lo normal para el pueblo de México por más de
cien años. Lo importante era lanzar el anzuelo en aquel río revuelto,
puesto que "agarrando de aquí y de allá, es como se hace
de mulas Pedro"
Lo que sí importaba a todos eran
los empleos, y éstos los obtuvieron de inmediato. Desde 1821 hasta
el día de hoy, el gobierno ha sido hecho por el pueblo, es decir,
por mexicanos; dejaron de existir los virreyes españoles peninsulares
enviados por el rey de España para gobernar la colonia en su nombre
y para su beneficio.
Con la independencia, la política
de cómo gobernar el país pasó a manos de los mexicanos, pero el
problema fue que no había una clase política que supiera hacer
ese trabajo. No existían verdaderos partidos políticos y la actividad
política no era vista por la sociedad como algo digno. Las escuelas
de educación superior no ofrecían cursos ni seminarios sobre temas
políticos. Lo usual era que el entrenamiento en tales temas se
asociara con la masonería. Ser político liberal y ser masón fueron
casi sinónimos, lo cual significó el anatema de la Iglesia Católica
que, según quedó dicho, controló el estado civil hasta que Benito
Juárez expidió las Leyes de Reforma.
La Independencia trajo a los mexicanos
un cúmulo de problemas, entre los más apremiantes, principalmente
el de cómo gobernar y cómo transferir el mando. Las escuelas (todas
controladas por monjas y frailes) que educaron a las élites, enseñaron
mucha religión y filosofía escolástica, pero nada de administración,
civilidad y economía de mercado.
Fue el ejército el encargado de llenar
aquel vacío. Nada tienen de raro las frecuentes revoluciones y
cuartelazos. Desde 1821 hasta 1946, los presidentes de México
fueron generales o fueron impuestos, sostenidos o depuestos por
el ejército. Benito Juárez y Francisco I. Madero eran civiles;
el primero fue sostenido por el ejército contra los ataques del
general Porfirio Díaz; el segundo fue depuesto y asesinado por
el general Victoriano Huerta. Venustiano Carranza, otro presidente
civil, fue depuesto y asesinado por el general Álvaro Obregón.
De 1920 a 1946, México fue gobernado por cuatro generales: Álvaro
Obregón, Plutarco Elías Calles, Lázaro Cárdenas y Manuel Ávila
Camacho. De 1946 a 1999, México ha sido gobernado por nueve presidentes
civiles.
Abundando en este tema, puedo decir
que de 1823 a 1855, la figura política dominante es el general
Antonio López de Santanna. De 1876 a 1910, lo es el general Porfirio
Díaz. En el interregno de 1855 a1876, dominan dos grupos: del
lado liberal están los licenciados (Juárez, Ocampo, Lerdo, Prieto)
y del lado conservador están los generales (Miramón, Márquez y
Mejía)
La diferencia básica en la historia
de nuestro país entre los primeros 125 años de vida independiente
y los últimos 54, en lo que respecta a la transmisión del mando
político de la República, es la existencia de un partido político
a partir de 1929, así como la formación de una clase política
en el lapso de 1929 a 1945. Esos breves 16 años de práctica política
bajo el gobierno de tres generales (Calles, Cárdenas y Ävila Camacho),
permitieron formar una clase política que aprendió a pasar el
mando ordenadamente. De la misma manera, el ejército aprendió
a respetar y obedecer a la autoridad civil.
Un acuerdo tácito de la clase política
de 1940 a 1994, fue la autoridad absoluta del Presidente de la
República, incluido el derecho de designar a su sucesor, pero
con el compromiso ineludible de retirarse al silencio y la oscuridad.
Así se cumple el segundo concepto
de la definición de democracia: "Un gobierno por el pueblo".
Fue lento y doloroso aprender a constituir un gobierno bajo este
principio y los resultados aún no son del todo satisfactorios.
Falta mucho por hacer en cuanto a la calidad de gobierno. Falta
calidad política y eficiencia administrativa en los niveles municipal,
estatal y federal, y en todos los poderes: ejecutivo, legislativo
y judicial.
A México le tomó 125 años dar su
primer paso hacia la democracia. Lo hemos hecho nosotros mismos
por nuestro propio interés y a nuestra manera. Es auténticamente
nuestro. Son por completo diferentes los casos de Alemania, Japón
y Rusia (por citar ejemplos bien conocidos).En los dos primeros,
Estados Unidos fue a imponerles la democracia y a controlar sus
respectivos ejércitos. En el caso de Rusia, está por darse ese
primer paso hacia la democracia: aplicar una fórmula ordenada
de pasar el mando.
En este lento y, con frecuencia,
doloroso tránsito de México hacia la democracia, el segundo paso
fue dar cumplimiento al tercer elemento de la definición de democracia:
"gobierno para el pueblo". Debo advertir que mantener
el orden en una sociedad y castigar al transgresor no es gobernar
para el pueblo, eso es gobernar para todos y sobre todo para las
élites, porque son las que más pierden en un caso de conflicto.
Son los liberales quienes inician
en 1867 el gobierno para el pueblo, impulsando la construcción
de ferrocarriles y el tendido de líneas telegráficas. En efecto,
en 1870, bajo la presidencia de Benito Juárez, se completa el
sistema ferroviario México- Veracruz. No es hipérbole decir que
con ello se da inicio a la vida del México moderno. Atrás han
quedado 350 años de vida colonial impulsada por energía de animales
de tiro y de carga. A partir de aquel hito histórico, el desarrollo
del país dependió de la velocidad con que se construyeran y operaran
los ferrocarriles y las líneas telegráficas.
Para 1910, en poco más de 40 años
de gobierno liberal, se ha comunicado al país a través de ferrocarriles
y telégrafos; la distancia que antes se recorría en un día de
fatigosa marcha a lomo de mula, mediante el ferrocarril se pudo
hacer en una hora o un poco más, viajando sentado, resguardado
del sol, viento, lluvia y frío en un cómodo carro de pasajeros.
Los mensajes por telégrafo alcanzaron su destino en cuestión de
minutos. Llegaron al país múltiples productos de la industria
europea y norteamericana, que cambiaron para bien la vida entera
de los mexicanos, por ejemplo: la macilenta luz de una vela dio
paso a la fuerte luz de un quinqué o una linterna de petróleo,
la cual era portátil e inmune a las corrientes de aire. La ropa
de París y los muebles austríacos para sala fueron parte de la
vida diaria de las clases medias en pueblos y ciudades.
Con los satisfactores materiales
vinieron los libros, revistas, periódicos y viajeros que trajeron
nuevas ideas. La distancia intelectual entre el mexicano de 1910
y el de 1860, era mayor que la distancia de éste último con el
novohispano de 1760. Telégrafos y ferrocarriles forjaron una urdimbre
que integró a México, y también fue el camino que trajo a México
el mundo de afuera. Las ideas de la revolución social, como la
de 1910, vinieron de Europa y los Estados Unidos en barco de vapor
y en ferrocarril.
El mundo liberal hizo poco a favor
de la educación y nada por la salud de la población. A los mexicanos
de ahora se nos presenta como un gran suceso cultural la fundación,
en 1867, de la escuela Nacional Preparatoria y no hay duda de
que lo fue, dada la inmensa pobreza cultural del país. Pero, en
su día y en comparación con el nivel de Europa o los Estados Unidos,
se trata de una modesta escuela de educación media, de las que
allá existen por cientos, una en cada pueblo y mucho mejor equipadas.
Sin embargo, en México ese modesto paso fue el inicio de un nuevo
tipo de educación de enorme importancia: la educación laica con
bases científicas y objetivas. Su mayor limitación no fue lo modesto
de sus alcances, sino haber excluido de sus aulas a las mujeres.
Quienes formarían a la siguiente generación ignoraban aún las
nuevas ideas y seguían siendo portadores del pensamiento tradicional.
No es de extrañar que el progreso en educación, en el incipiente
México liberal, fue tan reducido.
Para 1910, el liberalismo se agotó.
Los hombres en los puestos de mando llegaron a la ancianidad;
la edad promedio de los integrantes del gabinete de Porfirio Díaz
rondaba los 65 años de edad (Díaz tenía 80 años). Cometieron el
inmenso error de no pasar el mando a tiempo, antes de llegar a
viejos, ya no digamos a seniles. La revolución contra aquellos
ancianos duró escasos seis meses: bastó una pequeña derrota La
pérdida de Cd. Juárez- para que el senil gobierno liberal sucumbiera.
Pagaron muy caro la mentira en que vivieron; se decían demócratas
pero no lo fueron, no gobernaron para el pueblo e impidieron que
las nuevas generaciones también gobernaran; a dos generaciones
les negaron el mando: la de 1890 y la 1905. Aquel primer intento
de democracia fracasó. Descansa en paz.
Si la lucha contra el porfiriato
fue breve y poco violenta, ¿porqué la etapa armada de la Revolución
duró 20 años y fue tan violenta y sanguinaria? Creo que durante
aquel conflicto se peleó en forma sucesiva por diferentes problemas
y en diferentes tiempos, entre ellos: la revolución maderista
o democrática en el norte, de 1910 a 1913. La revolución zapatista
o agraria, en Morelos de 1910 a 1919. La revolución social, carrancista,
en todo el país, de 1913 a 1917. Y la revolución popular, cristera,
en el occidente de México, de 1926 a 1929. Para esta fecha, los
problemas por los que se luchaba se habían agotado, resuelto,
negociado o las tres cosas juntas: tal es el germen del partido
(oficial) revolucionario, gracias al cual las facciones dejaron
de luchar por el poder para dedicarse a "gobernar para el
pueblo", en el entendido de que el que gobierna es el primero
o casi el primero en el pueblo.
En esta acción de gobernar para el
pueblo, destacan dos generales revolucionarios: Calles, quien
en el cuatrienio en que fue Presidente de la República fundó tres
entidades administrativas (comisiones), a saber: la Comisión Nacional
de Caminos, la Comisión Nacional de Irrigación y la Comisión Nacional
Bancaria, las cuales tenían el propósito de darle nuevo impulso
al desarrollo económico y social del país.
Con la irrigación entró la tecnología
moderna al campo. Los estados del centro y del norte son los que
más se beneficiaron con los programas de irrigación. La comunicación
se orientó hacia la construcción de carreteras; la idea original
consistió en ejes que irradiaban de la Cd. de México; ejemplo
relevantes son las rutas México-Laredo, México-Piedras Negras,
México-Cd. Juárez, México-Guadalajara y México-Veracruz. Todas
estas carreteras fueron "puebleando"; el plan y proposición
central fue comunicar la capital con el centro y norte del país.
La Comisión Nacional Bancaria se orientó a dotar al país de un
sistema de bancos que capitalizara el ahorro del pueblo, desplazando
a los agiotistas y poniendo en manos del gobierno la emisión de
papel moneda por medio del banco del estado, el Banco de México.
En este gobernar para el pueblo,
la labor de Cárdenas destacó por su impulso a la reforma agraria.
En su sexenio (el período presidencial se extendió de cuatro a
seis años en 1928), se destruyeron las haciendas y surgieron miles
de ejidos por todo el país; por un momento el campesino fue feliz
al tener una parcela casi propia. Pero ser propietario implicaba
ser empresario, y esta condición no se daba, se obtenía por herencia.
Así, la reforma agraria cardenista no se tradujo en redención
económica, sino en un cambio de amo; el nuevo amo fue un político
oportunista, ausentista y desconocido para el ejidatario. Con
este tipo de reforma agraria el hacendado perdió la tierra, el
ejidatario perdió la ilusión de ser independiente y el país perdió
la agricultura. En muchos aspectos, la agricultura mexicana no
es competitiva en el mercado internacional por efectos de la Reforma
Agraria, puesto que ha dotado de tierra de labor a quienes carecen
de actitudes empresariales.
La educación y sanidad fueron programas
que tomaron en serio los gobiernos revolucionarios; durante los
años 30 y los 40, las escuelas en los pueblos no tenían primaria
completa, sólo ofrecían planes de estudio de primero a cuarto
grado; hoy cubren toda la primaria e incluso la secundaria, por
lo menos. En cuanto a sanidad, se pasó la receta casera al dispensario
y la clínica; los programas de ingeniería civil y de ingeniería
sanitaria garantizaron agua potable, drenajes y pavimentos. En
estos aspectos, no hay duda de que México se ha gobernado para
el pueblo.
La ingeniería sanitaria y la medicina
preventiva trajeron un descenso en la mortalidad, tanto infantil
como adulta; la esperanza de vida casi se duplicó: de al rededor
de los 30 años de edad a casi los 60. La respuesta de las distintas
clases sociales a este cambio vital fue muy diferente. Las clases
medias y altas cambiaron sus normas reproductivas, aplicaron la
planificación familiar y el uso de anticonceptivos. Las familias
acomodadas ahora tenían de dos a cuatro hijos, como máximo. Las
clases populares no reaccionaron ante este fenómeno; sin mortalidad
infantil y sin control reproductivo, las familias de escasos recursos
crecieron a números escalofriantes: de ocho hasta quince hijos.
Esta es la causa de la enorme pobreza de las clases bajas que
hoy agobia al país, así como de la sobrepoblación que pone en
riesgo la existencia de nuestra incipiente democracia. Un pueblo
al borde del hambre es fácil de manejar por un demagogo.
En general, creo que el tercer postulado
de la democracia, "gobernar para el pueblo", ha tenido
un resultado inferior al mediano. No se dio al pueblo un sistema
coherente de ideas, servicios y productos sanitarios, aspectos
de planificación y ahorro económico, que permitieran, a nivel
personal, comprender que siguiendo tales normas cualquiera tenía
al alcance de sus manos un futuro promisorio. Un ejemplo es: tener
sólo dos hijos bien espaciados deriva en mejor salud familiar,
mejor condición económica, mejor educación para los hijos, mejor
vida para todos.
Entender que la planificación es
la base del desarrollo económico, educativo, cultural de un país,
es una idea que las élites no le han hecho llegar al pueblo en
forma efectiva.
El tránsito hacia el primer postulado,
"gobierno del pueblo", ha ido tomando ímpetu a partir
del desarrollo de la clase política. No se expresó con votos,
se expresó en corporativismo; formar sindicatos, centrales obreras,
confederaciones campesinas o asociaciones de cualquier tipo, obligó
al político a tratar con los líderes o representantes de esos
grupos. Así, el impacto del pueblo en el gobierno se hizo sentir
en una forma mediatizada, por medio de sus líderes y representantes.
Un ejemplo de lo anterior se dio
cuando el general Lázaro Cárdenas intentó designar como su sucesor
a un general de izquierda, Francisco J. Mujica, el cual no era
popular en el ejército, ni aceptable a los grandes empresarios
y líderes obreros. Ante tal problema, Cárdenas designó como su
heredero político al general Manuel Ávila Camacho, que sí fue
aceptado por todos y se le conoce en la historia como el Presidente
Caballero.
Como condición necesaria para que
se dé el primer postulado de la definición de democracia, "gobierno
para el pueblo", existen las opciones por quién votar. Si
sólo hay un candidato para el puesto de gobierno que esté por
renovarse, el voto del pueblo es totalmente inútil. Ese fue el
caso en la elección para presidente de la República en 1976, el
único candidato a ese puesto era José López Portillo. Para tener
opciones por quién votar, se necesita tener partidos políticos
y clases políticas que compitan entre sí por el gobierno de la
comunidad; pero es necesario que estas clases políticas compartan
un conjunto de ideas básicas sobre la clase de país y de sociedad
que se desea tener, y que además difieran en aspectos complementarios;
por ejemplo, estar de acuerdo en que se tendrá propiedad privada,
diferir en los impuestos que se aplicarán a esta propiedad.
En este asunto de la democracia,
tenemos el siguiente conflicto: para tener democracia se necesita
una amplia población de individuos demócratas. Para que éstos
tengan opciones al votar, se necesitan dos o más partidos políticos.
Los partidos políticos cuestan mucho dinero, de donde se infiere
que si en una sociedad no hay un buen número de ciudadanos demócratas
que aporten suficiente dinero para tener partidos políticos que
postulen buenos candidatos para los puestos de elección, el pueblo
no tendrá por quien votar y por lo tanto no se tendrá democracia;
por desgracia, ese es el caso de México.
Para salir de este problema y tener
democracia sin tener demócratas que paguen por los partidos políticos,
el Estado mexicano tomó a su cargo ese costo. También se crearon
más puestos de elección popular para dar más oportunidades de
empleo a los individuos de los diferentes partidos; el caso del
Congreso Federal es ilustrativo: la Cámara de Diputados pasó de
300 a 500 escaños, un incremento del 67%, la Cámara de Senadores
pasó de 64 a 128 individuos, un incremento del 100%; en conjunto,
el Congreso pasó de 364 a 628 congresistas, un incremento del
73%. Con estos incentivos, tenemos abundantes partidos y más políticos
que compiten por el voto del pueblo, lo que no tenemos es muchos
demócratas, que no es lo mismo que votantes.
Los demócratas tiene que aportarlos
el pueblo y para ellos no hay sueldo. Ser demócrata cuesta tiempo,
esfuerzo y dinero; si esto no se da, no hay genuino gobierno por
el pueblo, que es el primer postulado de la definición de democracia.
Ahora, el estado Mexicano está empeñado en que haya democracia
y está asignando el dinero necesario para tenerla, lo que falta
es la respuesta del pueblo; si no hay demócratas no habrá democracia,
habrá un remedo de democracia.
El Estado mexicano ha decidido pagar
por la democracia lo que sea necesario, esto no es ni amor ni
mística por la democracia, es cumplir con el requisito internacional
que los Estados Unidos y la Unión Europea imponen a todo el país
que desea pertenecer a su círculo íntimo comercial, cultural y
político.
El precio que México paga por vestirse
de demócrata es el más alto del mundo, como ejemplo está esto:
en Estados Unidos, cada voto cuesta menos de 20 centavos de dólar
(unos 2 pesos); en México, cuesta alrededor de unos 20 pesos,
o sea, 10 veces más. La razón de lo anterior es la deshonestidad
del político mexicano. La democracia está basada en una conducta
ética impecable; esa clase de conducta nos es casi ajena, se da
en pocas personas de la clase política.
En suma: "gobierno del pueblo"
es algo que estamos aprendiendo a practicar, pero nos queda mucho
por aprender. De los tres postulados de la democracia, el primero
es el que nos queda más distante. El segundo, "gobierno por
el pueblo" es el que practicamos en mejor forma. El tercero,
"gobierno para el pueblo", es algo que no hacemos tan
mal, pero distamos mucho de hacerlo bien. Mal que bien, a tropezones,
hemos llegado a la mitad del camino: en el primer postulado el
resultado es pobre; en el segundo, es bueno; en el tercero, regular.
El escenario actual. Perspectivas
y reflexiones
La democracia que vivimos actualmente
tiene más relación con la Reforma Protestante que con la Grecia
Clásica. Arranca de una tesis dada en Alemania por Martín Lutero
en 1517: "La comunidad de feligreses debe elegir a su clero".
Esto marca un contraste con la Iglesia católica en donde los sacerdotes
son ordenados por el Papa. Cuando en 1620, las primeras colonias
de ingleses protestantes se establecieron en América, generalizaron
al aspecto político su práctica religiosa y eligieron a sus gobernantes
en los tres niveles: ejecutivo, legislativo y judicial. En 1788,
cuando estas colonias constituyeron los Estados Unidos, la práctica
de la democracia les era natural, y así Estados Unidos vino a
ser el primer país moderno del mundo.
En Francia, en 1789, se inició una
revolución que tenía entre sus objetivos el de un gobierno democrático,
la cosa no fue fácil, al pueblo francés le tomó casi 80 años (1789-1870)
consolidar la democracia. Pongo esto para contrastar que si la
democracia no arranca de las ideas y la práctica cotidiana de
la religión, será lento y difícil incorporarla plenamente a la
cultura de un pueblo.
No hay duda que el pueblo mexicano
es altamente religioso, pero el catolicismo es totalmente antidemócrata.
El católico no elige a su párroco, es el obispo quien se lo manda;
tampoco puede seleccionar a su obispo, es el Papa quien lo hace;
la elección de un Papa le es totalmente ajena. Para el católico
esto es normal, así ha vivido generación tras generación. Es más,
gran parte de las clases medias y altas son educadas en escuelas
confesionales, que van desde la preprimaria hasta el posgrado
y, en esas escuelas, lo que enseñan es la fe y obediencia, pero
no hay evidencia de que les enseñen la democracia.
Con este antecedente cultural, es
difícil tener demócratas y democracia. A corto plazo, México evolucionará
hacia una democracia costosa en dinero, pagada por el Estado,
operada por políticos que buscan empleo sin tener mística democrática
y vivida por un pueblo que cree que ser demócrata es ir a votar.
Esto es una democracia endeble y pobre, que puede derrumbarse
en cualquier momento. Pero es muy nuestra, es lo que hemos podido
hacer en casi doscientos años, luchemos por conservarla y mejorarla,
hablemos de la democracia y, en alguna forma seamos demócratas.
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