El tránsito de México hacia la democracia

WALL

Gabino de Alba

 

Contenido

1. Definición de democracia
2. Interpretación de los tres conceptos implicados en la definición de democracia
3. Evolución democrática y desarrollo histórico

-La democracia en el contexto de la condición social y política de la Nueva España, antes de la Independencia
-La condición social y política del México independiente
-El escenario actual: perspectivas y reflexiones

 

Definición de democracia

Parto del principio de que sólo teniendo una clara definición de democracia es posible saber si la sociedad mexicana transita hacia tan importante forma de régimen político.

Democracia: Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo

Debo aclarar que esta no es una definición mía; se trata de una definición antigua y muy mencionada. La uso porque es breve y directa; liga tres conceptos que son fáciles de aclarar y nos permiten saber si México los satisface o si transita hacia ellos hasta darles plena satisfacción.

Interpretación de los tres conceptos de la definición

Gobierno del pueblo: Indica que las personas (hombres o mujeres) que encabezan el poder ejecutivo en sus tres niveles: Presidente de la República, Gobernadores de los Estados y Presidentes Municipales, deben ser electos por los ciudadanos a través del voto directo y secreto. Lo mismo aplica para los integrantes del poder legislativo, tanto federal como de los estatales.

Gobierno por el pueblo: Denota que los requisitos para ser candidato a un puesto de elección correspondiente a cualquiera de los tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial), no discriminan a los habitantes de México, por condiciones de sexo, raza, religión, estatura, peso, color de la piel, etc.

Gobierno para el pueblo: Expresa que los actos del gobierno deben ser en beneficio de toda la sociedad, tales como la educación, salud, comunicaciones e investigación de tecnología y científica, etc., para aplicarla a cualquier actividad que beneficie y proteja al pueblo.

Evolución democrática y desarrollo histórico

La democracia en el contexto de la condición social y política de la Nueva España, antes de la Independencia

La historia anterior a la Independencia nos demuestra que no se cumple ninguno de los tres conceptos mencionados. En ninguna parte del imperio español se ejerció el voto; el gobierno era del rey, por el rey y para el rey. El rey nombraba a sus virreyes, los cuales gobernaban en su nombre; esta fórmula autocrática se aplicó férrea e inapelablemente a todos los demás miembros del gobierno, ya fueran designados por el rey o por algunos de sus subalternos. En suma, toda autoridad emanaba del rey, todo acto de gobierno se ejerció en su nombre, y todo impuesto colectado se destinaba a su regia persona. Puede afirmarse que en la Nueva España la democracia no se practicaba en ninguna forma, puesto que era poco conocida y menos comprendida; así que, los demócratas, si acaso los hubo, no fueron populares ni respetados. En el ámbito del pueblo, el gobierno se ejercía por el clero católico que actuaba como estado civil.

El clero católico tenía a su cargo el registro de los nacimientos, los matrimonios y las defunciones como sacramentos y no como actos administrativos de un estado civil. Antes de 1860, en México no existían actas de nacimiento; todo nacimiento se comprobaba con una "Fe de Bautismo"; si el individuo no había sido bautizado, carecía de identidad legal; para la sociedad era un marginado sin estatus alguno; era como si la persona no hubiera nacido, aunque hubiera existido. Lo mismo puede decirse de las actas de matrimonio y defunción. Si una pareja no cumplía con el sacramento del matrimonio, todos sus hijos eran bastardos. Si los familiares del difunto no acudían al curato a registrar su muerte y a pagar por el entierro, no podía ser sepultado "en sagrado". De hecho, tal fue la causa de la polémica sostenida entre el liberal Melchor Ocampo y un obispo de Michoacán poco antes de 1857.

La condición social y política del México independiente

En 1821, México era un imperio. En 1823, fue una república. Ni una cosa ni la otra causaron mayor impacto en la vida de los antiguos novohispanos, ni en los ahora mexicanos. La independencia política no importaba mayor cosa a las clases medias y altas, y menos importaba aún a las clases populares que andaban en la "bola" sin entender casi nada de lo que ocurría; aquella ignorancia de la "bola" y su rodar sería lo normal para el pueblo de México por más de cien años. Lo importante era lanzar el anzuelo en aquel río revuelto, puesto que "agarrando de aquí y de allá, es como se hace de mulas Pedro"

Lo que sí importaba a todos eran los empleos, y éstos los obtuvieron de inmediato. Desde 1821 hasta el día de hoy, el gobierno ha sido hecho por el pueblo, es decir, por mexicanos; dejaron de existir los virreyes españoles peninsulares enviados por el rey de España para gobernar la colonia en su nombre y para su beneficio.

Con la independencia, la política de cómo gobernar el país pasó a manos de los mexicanos, pero el problema fue que no había una clase política que supiera hacer ese trabajo. No existían verdaderos partidos políticos y la actividad política no era vista por la sociedad como algo digno. Las escuelas de educación superior no ofrecían cursos ni seminarios sobre temas políticos. Lo usual era que el entrenamiento en tales temas se asociara con la masonería. Ser político liberal y ser masón fueron casi sinónimos, lo cual significó el anatema de la Iglesia Católica que, según quedó dicho, controló el estado civil hasta que Benito Juárez expidió las Leyes de Reforma.

La Independencia trajo a los mexicanos un cúmulo de problemas, entre los más apremiantes, principalmente el de cómo gobernar y cómo transferir el mando. Las escuelas (todas controladas por monjas y frailes) que educaron a las élites, enseñaron mucha religión y filosofía escolástica, pero nada de administración, civilidad y economía de mercado.

Fue el ejército el encargado de llenar aquel vacío. Nada tienen de raro las frecuentes revoluciones y cuartelazos. Desde 1821 hasta 1946, los presidentes de México fueron generales o fueron impuestos, sostenidos o depuestos por el ejército. Benito Juárez y Francisco I. Madero eran civiles; el primero fue sostenido por el ejército contra los ataques del general Porfirio Díaz; el segundo fue depuesto y asesinado por el general Victoriano Huerta. Venustiano Carranza, otro presidente civil, fue depuesto y asesinado por el general Álvaro Obregón. De 1920 a 1946, México fue gobernado por cuatro generales: Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles, Lázaro Cárdenas y Manuel Ávila Camacho. De 1946 a 1999, México ha sido gobernado por nueve presidentes civiles.

Abundando en este tema, puedo decir que de 1823 a 1855, la figura política dominante es el general Antonio López de Santanna. De 1876 a 1910, lo es el general Porfirio Díaz. En el interregno de 1855 a1876, dominan dos grupos: del lado liberal están los licenciados (Juárez, Ocampo, Lerdo, Prieto) y del lado conservador están los generales (Miramón, Márquez y Mejía)

La diferencia básica en la historia de nuestro país entre los primeros 125 años de vida independiente y los últimos 54, en lo que respecta a la transmisión del mando político de la República, es la existencia de un partido político a partir de 1929, así como la formación de una clase política en el lapso de 1929 a 1945. Esos breves 16 años de práctica política bajo el gobierno de tres generales (Calles, Cárdenas y Ävila Camacho), permitieron formar una clase política que aprendió a pasar el mando ordenadamente. De la misma manera, el ejército aprendió a respetar y obedecer a la autoridad civil.

Un acuerdo tácito de la clase política de 1940 a 1994, fue la autoridad absoluta del Presidente de la República, incluido el derecho de designar a su sucesor, pero con el compromiso ineludible de retirarse al silencio y la oscuridad.

Así se cumple el segundo concepto de la definición de democracia: "Un gobierno por el pueblo". Fue lento y doloroso aprender a constituir un gobierno bajo este principio y los resultados aún no son del todo satisfactorios. Falta mucho por hacer en cuanto a la calidad de gobierno. Falta calidad política y eficiencia administrativa en los niveles municipal, estatal y federal, y en todos los poderes: ejecutivo, legislativo y judicial.

A México le tomó 125 años dar su primer paso hacia la democracia. Lo hemos hecho nosotros mismos por nuestro propio interés y a nuestra manera. Es auténticamente nuestro. Son por completo diferentes los casos de Alemania, Japón y Rusia (por citar ejemplos bien conocidos).En los dos primeros, Estados Unidos fue a imponerles la democracia y a controlar sus respectivos ejércitos. En el caso de Rusia, está por darse ese primer paso hacia la democracia: aplicar una fórmula ordenada de pasar el mando.

En este lento y, con frecuencia, doloroso tránsito de México hacia la democracia, el segundo paso fue dar cumplimiento al tercer elemento de la definición de democracia: "gobierno para el pueblo". Debo advertir que mantener el orden en una sociedad y castigar al transgresor no es gobernar para el pueblo, eso es gobernar para todos y sobre todo para las élites, porque son las que más pierden en un caso de conflicto.

Son los liberales quienes inician en 1867 el gobierno para el pueblo, impulsando la construcción de ferrocarriles y el tendido de líneas telegráficas. En efecto, en 1870, bajo la presidencia de Benito Juárez, se completa el sistema ferroviario México- Veracruz. No es hipérbole decir que con ello se da inicio a la vida del México moderno. Atrás han quedado 350 años de vida colonial impulsada por energía de animales de tiro y de carga. A partir de aquel hito histórico, el desarrollo del país dependió de la velocidad con que se construyeran y operaran los ferrocarriles y las líneas telegráficas.

Para 1910, en poco más de 40 años de gobierno liberal, se ha comunicado al país a través de ferrocarriles y telégrafos; la distancia que antes se recorría en un día de fatigosa marcha a lomo de mula, mediante el ferrocarril se pudo hacer en una hora o un poco más, viajando sentado, resguardado del sol, viento, lluvia y frío en un cómodo carro de pasajeros. Los mensajes por telégrafo alcanzaron su destino en cuestión de minutos. Llegaron al país múltiples productos de la industria europea y norteamericana, que cambiaron para bien la vida entera de los mexicanos, por ejemplo: la macilenta luz de una vela dio paso a la fuerte luz de un quinqué o una linterna de petróleo, la cual era portátil e inmune a las corrientes de aire. La ropa de París y los muebles austríacos para sala fueron parte de la vida diaria de las clases medias en pueblos y ciudades.

Con los satisfactores materiales vinieron los libros, revistas, periódicos y viajeros que trajeron nuevas ideas. La distancia intelectual entre el mexicano de 1910 y el de 1860, era mayor que la distancia de éste último con el novohispano de 1760. Telégrafos y ferrocarriles forjaron una urdimbre que integró a México, y también fue el camino que trajo a México el mundo de afuera. Las ideas de la revolución social, como la de 1910, vinieron de Europa y los Estados Unidos en barco de vapor y en ferrocarril.

El mundo liberal hizo poco a favor de la educación y nada por la salud de la población. A los mexicanos de ahora se nos presenta como un gran suceso cultural la fundación, en 1867, de la escuela Nacional Preparatoria y no hay duda de que lo fue, dada la inmensa pobreza cultural del país. Pero, en su día y en comparación con el nivel de Europa o los Estados Unidos, se trata de una modesta escuela de educación media, de las que allá existen por cientos, una en cada pueblo y mucho mejor equipadas. Sin embargo, en México ese modesto paso fue el inicio de un nuevo tipo de educación de enorme importancia: la educación laica con bases científicas y objetivas. Su mayor limitación no fue lo modesto de sus alcances, sino haber excluido de sus aulas a las mujeres. Quienes formarían a la siguiente generación ignoraban aún las nuevas ideas y seguían siendo portadores del pensamiento tradicional. No es de extrañar que el progreso en educación, en el incipiente México liberal, fue tan reducido.

Para 1910, el liberalismo se agotó. Los hombres en los puestos de mando llegaron a la ancianidad; la edad promedio de los integrantes del gabinete de Porfirio Díaz rondaba los 65 años de edad (Díaz tenía 80 años). Cometieron el inmenso error de no pasar el mando a tiempo, antes de llegar a viejos, ya no digamos a seniles. La revolución contra aquellos ancianos duró escasos seis meses: bastó una pequeña derrota –La pérdida de Cd. Juárez- para que el senil gobierno liberal sucumbiera. Pagaron muy caro la mentira en que vivieron; se decían demócratas pero no lo fueron, no gobernaron para el pueblo e impidieron que las nuevas generaciones también gobernaran; a dos generaciones les negaron el mando: la de 1890 y la 1905. Aquel primer intento de democracia fracasó. Descansa en paz.

Si la lucha contra el porfiriato fue breve y poco violenta, ¿porqué la etapa armada de la Revolución duró 20 años y fue tan violenta y sanguinaria? Creo que durante aquel conflicto se peleó en forma sucesiva por diferentes problemas y en diferentes tiempos, entre ellos: la revolución maderista o democrática en el norte, de 1910 a 1913. La revolución zapatista o agraria, en Morelos de 1910 a 1919. La revolución social, carrancista, en todo el país, de 1913 a 1917. Y la revolución popular, cristera, en el occidente de México, de 1926 a 1929. Para esta fecha, los problemas por los que se luchaba se habían agotado, resuelto, negociado o las tres cosas juntas: tal es el germen del partido (oficial) revolucionario, gracias al cual las facciones dejaron de luchar por el poder para dedicarse a "gobernar para el pueblo", en el entendido de que el que gobierna es el primero o casi el primero en el pueblo.

En esta acción de gobernar para el pueblo, destacan dos generales revolucionarios: Calles, quien en el cuatrienio en que fue Presidente de la República fundó tres entidades administrativas (comisiones), a saber: la Comisión Nacional de Caminos, la Comisión Nacional de Irrigación y la Comisión Nacional Bancaria, las cuales tenían el propósito de darle nuevo impulso al desarrollo económico y social del país.

Con la irrigación entró la tecnología moderna al campo. Los estados del centro y del norte son los que más se beneficiaron con los programas de irrigación. La comunicación se orientó hacia la construcción de carreteras; la idea original consistió en ejes que irradiaban de la Cd. de México; ejemplo relevantes son las rutas México-Laredo, México-Piedras Negras, México-Cd. Juárez, México-Guadalajara y México-Veracruz. Todas estas carreteras fueron "puebleando"; el plan y proposición central fue comunicar la capital con el centro y norte del país. La Comisión Nacional Bancaria se orientó a dotar al país de un sistema de bancos que capitalizara el ahorro del pueblo, desplazando a los agiotistas y poniendo en manos del gobierno la emisión de papel moneda por medio del banco del estado, el Banco de México.

En este gobernar para el pueblo, la labor de Cárdenas destacó por su impulso a la reforma agraria. En su sexenio (el período presidencial se extendió de cuatro a seis años en 1928), se destruyeron las haciendas y surgieron miles de ejidos por todo el país; por un momento el campesino fue feliz al tener una parcela casi propia. Pero ser propietario implicaba ser empresario, y esta condición no se daba, se obtenía por herencia. Así, la reforma agraria cardenista no se tradujo en redención económica, sino en un cambio de amo; el nuevo amo fue un político oportunista, ausentista y desconocido para el ejidatario. Con este tipo de reforma agraria el hacendado perdió la tierra, el ejidatario perdió la ilusión de ser independiente y el país perdió la agricultura. En muchos aspectos, la agricultura mexicana no es competitiva en el mercado internacional por efectos de la Reforma Agraria, puesto que ha dotado de tierra de labor a quienes carecen de actitudes empresariales.

La educación y sanidad fueron programas que tomaron en serio los gobiernos revolucionarios; durante los años 30 y los 40, las escuelas en los pueblos no tenían primaria completa, sólo ofrecían planes de estudio de primero a cuarto grado; hoy cubren toda la primaria e incluso la secundaria, por lo menos. En cuanto a sanidad, se pasó la receta casera al dispensario y la clínica; los programas de ingeniería civil y de ingeniería sanitaria garantizaron agua potable, drenajes y pavimentos. En estos aspectos, no hay duda de que México se ha gobernado para el pueblo.

La ingeniería sanitaria y la medicina preventiva trajeron un descenso en la mortalidad, tanto infantil como adulta; la esperanza de vida casi se duplicó: de al rededor de los 30 años de edad a casi los 60. La respuesta de las distintas clases sociales a este cambio vital fue muy diferente. Las clases medias y altas cambiaron sus normas reproductivas, aplicaron la planificación familiar y el uso de anticonceptivos. Las familias acomodadas ahora tenían de dos a cuatro hijos, como máximo. Las clases populares no reaccionaron ante este fenómeno; sin mortalidad infantil y sin control reproductivo, las familias de escasos recursos crecieron a números escalofriantes: de ocho hasta quince hijos. Esta es la causa de la enorme pobreza de las clases bajas que hoy agobia al país, así como de la sobrepoblación que pone en riesgo la existencia de nuestra incipiente democracia. Un pueblo al borde del hambre es fácil de manejar por un demagogo.

En general, creo que el tercer postulado de la democracia, "gobernar para el pueblo", ha tenido un resultado inferior al mediano. No se dio al pueblo un sistema coherente de ideas, servicios y productos sanitarios, aspectos de planificación y ahorro económico, que permitieran, a nivel personal, comprender que siguiendo tales normas cualquiera tenía al alcance de sus manos un futuro promisorio. Un ejemplo es: tener sólo dos hijos bien espaciados deriva en mejor salud familiar, mejor condición económica, mejor educación para los hijos, mejor vida para todos.

Entender que la planificación es la base del desarrollo económico, educativo, cultural de un país, es una idea que las élites no le han hecho llegar al pueblo en forma efectiva.

El tránsito hacia el primer postulado, "gobierno del pueblo", ha ido tomando ímpetu a partir del desarrollo de la clase política. No se expresó con votos, se expresó en corporativismo; formar sindicatos, centrales obreras, confederaciones campesinas o asociaciones de cualquier tipo, obligó al político a tratar con los líderes o representantes de esos grupos. Así, el impacto del pueblo en el gobierno se hizo sentir en una forma mediatizada, por medio de sus líderes y representantes.

Un ejemplo de lo anterior se dio cuando el general Lázaro Cárdenas intentó designar como su sucesor a un general de izquierda, Francisco J. Mujica, el cual no era popular en el ejército, ni aceptable a los grandes empresarios y líderes obreros. Ante tal problema, Cárdenas designó como su heredero político al general Manuel Ávila Camacho, que sí fue aceptado por todos y se le conoce en la historia como el Presidente Caballero.

Como condición necesaria para que se dé el primer postulado de la definición de democracia, "gobierno para el pueblo", existen las opciones por quién votar. Si sólo hay un candidato para el puesto de gobierno que esté por renovarse, el voto del pueblo es totalmente inútil. Ese fue el caso en la elección para presidente de la República en 1976, el único candidato a ese puesto era José López Portillo. Para tener opciones por quién votar, se necesita tener partidos políticos y clases políticas que compitan entre sí por el gobierno de la comunidad; pero es necesario que estas clases políticas compartan un conjunto de ideas básicas sobre la clase de país y de sociedad que se desea tener, y que además difieran en aspectos complementarios; por ejemplo, estar de acuerdo en que se tendrá propiedad privada, diferir en los impuestos que se aplicarán a esta propiedad.

En este asunto de la democracia, tenemos el siguiente conflicto: para tener democracia se necesita una amplia población de individuos demócratas. Para que éstos tengan opciones al votar, se necesitan dos o más partidos políticos. Los partidos políticos cuestan mucho dinero, de donde se infiere que si en una sociedad no hay un buen número de ciudadanos demócratas que aporten suficiente dinero para tener partidos políticos que postulen buenos candidatos para los puestos de elección, el pueblo no tendrá por quien votar y por lo tanto no se tendrá democracia; por desgracia, ese es el caso de México.

Para salir de este problema y tener democracia sin tener demócratas que paguen por los partidos políticos, el Estado mexicano tomó a su cargo ese costo. También se crearon más puestos de elección popular para dar más oportunidades de empleo a los individuos de los diferentes partidos; el caso del Congreso Federal es ilustrativo: la Cámara de Diputados pasó de 300 a 500 escaños, un incremento del 67%, la Cámara de Senadores pasó de 64 a 128 individuos, un incremento del 100%; en conjunto, el Congreso pasó de 364 a 628 congresistas, un incremento del 73%. Con estos incentivos, tenemos abundantes partidos y más políticos que compiten por el voto del pueblo, lo que no tenemos es muchos demócratas, que no es lo mismo que votantes.

Los demócratas tiene que aportarlos el pueblo y para ellos no hay sueldo. Ser demócrata cuesta tiempo, esfuerzo y dinero; si esto no se da, no hay genuino gobierno por el pueblo, que es el primer postulado de la definición de democracia. Ahora, el estado Mexicano está empeñado en que haya democracia y está asignando el dinero necesario para tenerla, lo que falta es la respuesta del pueblo; si no hay demócratas no habrá democracia, habrá un remedo de democracia.

El Estado mexicano ha decidido pagar por la democracia lo que sea necesario, esto no es ni amor ni mística por la democracia, es cumplir con el requisito internacional que los Estados Unidos y la Unión Europea imponen a todo el país que desea pertenecer a su círculo íntimo comercial, cultural y político.

El precio que México paga por vestirse de demócrata es el más alto del mundo, como ejemplo está esto: en Estados Unidos, cada voto cuesta menos de 20 centavos de dólar (unos 2 pesos); en México, cuesta alrededor de unos 20 pesos, o sea, 10 veces más. La razón de lo anterior es la deshonestidad del político mexicano. La democracia está basada en una conducta ética impecable; esa clase de conducta nos es casi ajena, se da en pocas personas de la clase política.

En suma: "gobierno del pueblo" es algo que estamos aprendiendo a practicar, pero nos queda mucho por aprender. De los tres postulados de la democracia, el primero es el que nos queda más distante. El segundo, "gobierno por el pueblo" es el que practicamos en mejor forma. El tercero, "gobierno para el pueblo", es algo que no hacemos tan mal, pero distamos mucho de hacerlo bien. Mal que bien, a tropezones, hemos llegado a la mitad del camino: en el primer postulado el resultado es pobre; en el segundo, es bueno; en el tercero, regular.

El escenario actual. Perspectivas y reflexiones

La democracia que vivimos actualmente tiene más relación con la Reforma Protestante que con la Grecia Clásica. Arranca de una tesis dada en Alemania por Martín Lutero en 1517: "La comunidad de feligreses debe elegir a su clero". Esto marca un contraste con la Iglesia católica en donde los sacerdotes son ordenados por el Papa. Cuando en 1620, las primeras colonias de ingleses protestantes se establecieron en América, generalizaron al aspecto político su práctica religiosa y eligieron a sus gobernantes en los tres niveles: ejecutivo, legislativo y judicial. En 1788, cuando estas colonias constituyeron los Estados Unidos, la práctica de la democracia les era natural, y así Estados Unidos vino a ser el primer país moderno del mundo.

En Francia, en 1789, se inició una revolución que tenía entre sus objetivos el de un gobierno democrático, la cosa no fue fácil, al pueblo francés le tomó casi 80 años (1789-1870) consolidar la democracia. Pongo esto para contrastar que si la democracia no arranca de las ideas y la práctica cotidiana de la religión, será lento y difícil incorporarla plenamente a la cultura de un pueblo.

No hay duda que el pueblo mexicano es altamente religioso, pero el catolicismo es totalmente antidemócrata. El católico no elige a su párroco, es el obispo quien se lo manda; tampoco puede seleccionar a su obispo, es el Papa quien lo hace; la elección de un Papa le es totalmente ajena. Para el católico esto es normal, así ha vivido generación tras generación. Es más, gran parte de las clases medias y altas son educadas en escuelas confesionales, que van desde la preprimaria hasta el posgrado y, en esas escuelas, lo que enseñan es la fe y obediencia, pero no hay evidencia de que les enseñen la democracia.

Con este antecedente cultural, es difícil tener demócratas y democracia. A corto plazo, México evolucionará hacia una democracia costosa en dinero, pagada por el Estado, operada por políticos que buscan empleo sin tener mística democrática y vivida por un pueblo que cree que ser demócrata es ir a votar. Esto es una democracia endeble y pobre, que puede derrumbarse en cualquier momento. Pero es muy nuestra, es lo que hemos podido hacer en casi doscientos años, luchemos por conservarla y mejorarla, hablemos de la democracia y, en alguna forma seamos demócratas.

 

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