México: ¿rumbo a la democracia?

Yurysol Romano Canela

"Los pobres no ven el beneficio
práctico de la democracia si
continúan con hambre"
Rodríguez y González

Es cierto que el pluralismo no garantiza el futuro democrático de México, y mucho menos cuando hay factores que aún prevalecen en nuestro sistema y cultura mexicana. Por muchos años, el autoritarismo, el populismo, la corrupción, la falta de conciencia cívica y la pobreza han prevalecido. Son estos mismos quienes han hecho muy difícil nuestro "gran cambio histórico".

Hasta las elecciones federales de 1997, nuestro país vivió bajo las prácticas monopólicas del partido de estado: el PRI. Durante su estadía total en el poder, los mexicanos nos acostumbramos a los discursos demagógicos que hablaban de libertad, democracia y "bienestar para la familia"; nos acostumbramos a la intimidación a la prensa, los asesinatos políticos, la represión de las comunidades indígenas y peor aún, al abuso de la ignorancia al ofrecer pan por votos. Aquí cabrían las preguntas: ¿Cuál es la utilidad de la democracia y la libertad si la ignorancia y la pobreza son prominentes? (Carpizo:1998), ¿Acaso los que tienen hambre y necesitan un lugar donde vivir entienden lo que es la democracia?. Aunada a la pobreza y a la ignorancia, existe algo más terrible: la desilusión; ese fenómeno de adaptación que muchos mexicanos hemos tomado y del que no nos hemos podido desprender. Nos encontramos con desilusión en todas partes y por muchos motivos: violencia en las calles que en la mayor parte de los casos es protegida por los mismos organismos que imparten "justicia", un sistema económico en donde una mayoría de los mexicanos vive en la pobreza, con un ambiente más que corrupto en donde la desconfianza prevalece y por lo mismo, contradice al fuerte nacionalismo que se intenta imponer en las escuelas, basado en las creencias de un país libre, soberano y justo.

Podemos creer que la mayoría de los mexicanos hemos vivido inmersos dentro de un sistema al que nunca pensamos cambiar. Bien se dice cuando por alguna razón nos enfrentamos a una persona obstinada, la cual no da su brazo a torcer: "gánale al PRI". Esta ha sido la mentalidad que por muchos años se albergó en nuestra sociedad; y fue hasta hace año y medio, cuando pudimos observar el primer paso hacia la democracia. Es decir, cuando por primera vez pudimos tener un congreso plural. México se enfrentaba a una generación de frustrados; idealistas que dejaban sus sueños de lado por miedo, por no encontrar salidas. Sin embargo, dimos el primer paso contra el miedo e iniciamos el camino hacia el cambio…¿un cambio verdadero?. Difícil de concretar aún. El hecho es que lo hicimos y es el parteaguas para nuevos bríos. Sin embargo, debemos darnos cuenta que estos nuevos bríos deben estar encaminados a un cambio favorable para toda la población, y no caer nuevamente en el círculo histórico de que ante los cambios sólo hay cambio de poder de unas manos a otras y lo demás casi queda intacto. ¿Qué se necesita?. A gritos podemos decir: EDUCACIÓN. Esta palabra es uno de nuestros principales problemas, pero también puede ser una de nuestras mejores soluciones.

La educación como solución nos habla del surgimiento de nuevos líderes que traigan nuevas esperanzas y opciones para salir adelante; necesitamos liderazgo que no esté contaminado por la corrupción y la mera idea de poder (Silva-Herzog: 1996); que esté comprometido con servir a su gente, que tenga la responsabilidad para crear confianza en las instituciones. Se necesita también que esta nueva generación reconozca la importancia de la conciencia cívica que toda la población necesita. Se necesita reconocer que así como todos tenemos derechos como ciudadanos, también tenemos deberes y que debe haber co-participación entre el gobierno y su pueblo. Que este hecho es sumamente importante para el crecimiento democrático del país, puesto que cada mente cívica se suma a los deseos de un mejoramiento económico, social y político. El voto es la mejor manifestación que se puede encontrar, y el gobierno en sus deseos por comprometerse a esa apertura democrática debe pensar seriamente en impulsar educación cívica relacionada con el derecho / deber del voto y sus implicaciones en las escuelas, en las mismas instituciones gubernamentales en donde tantos empleados trabajan con la convicción de que si tienen un trabajo ahí, se le debe un favor al partido en poder y se cegan ante la posibilidad de otras opciones; en los mismos sindicatos, donde ampliamente se han observado los acarreos a eventos del partido oficial; pero, ¿qué tipo de gente vive con esta convicción? La gente con miedo al hambre, a la desesperación; temor a que se le cierren las puertas si no permanecen con el "sistema". ¿Dónde comienza la formación democrática de las nuevas generaciones? Con profesores preparados para impartir este valor.

La educación como crisis de este país se manifiesta en la ignorancia con que la mayoría de los mexicanos ejercemos nuestro derecho a elegir a nuestros gobernantes. Si bien el triunfo del pluralismo en las cámaras se debió al voto de castigo, de enojo ante décadas de priísmo, esto no significa que sea un voto meditado, un voto maduro, un "elegir la mejor opción". Aún nos falta mucho para que esto ocurra. Sin embargo, nuestro nuevo ambiente pluralista también refleja la ignorancia de los legisladores para saber comportarse en sus cargos. La falta de experiencia y el partidismo acérrimo ha destruido muchas cosas; entre ellas, la confianza de ver un congreso serio en donde en realidad se legisle y no sólo se viva el eterno juego de encontrar errores en los opositores. En estos debates se pierde mucha energía, muchas buenas propuestas son anuladas por rencores. A nuestros legisladores también les falta aprender a vivir en pluralismo, a vivir para servir a quienes representan, no usarlos como medio para alcanzar el poder.

¿Cuáles son nuestros mayores retos y cuáles nuestras opciones?. Sin duda, atacar la corrupción, analizar el rol del modelo económico vigente que ha exacerbado las diferencias entre ricos y pobres, encontrar líderes que ataquen la desconfianza de la gente con hechos y no promesas. Dentro de nuestras opciones, debemos votar por una participación activa de la sociedad civil en el conocimiento de las situación política, económica y social del país, votar e ir encontrando el camino a una actitud más madura para tomar nuestras decisiones, atañendo a esto un voto pensado; votar por la tolerancia y la cooperación en esta etapa que iniciamos de pluralismo mexicano, porque las propuestas de unos no sean rechazadas inmediatamente por el hecho de considerarse opuestas a una ideología partidista. Sin embargo, la otra opción que tenemos los mexicanos es la de permanecer en nuestra actitud pasiva y dejar pasar la oportunidad de cambiar a nuestro país; de forzar a nuestro gobierno a que verdaderamente marche dentro de un marco de justicia y legalidad. Con esta opción podemos tener otra generación perdida, acostumbrada a vivir en una sociedad corrupta, violenta y pobre, que no hace nada más que lamentarse o migrar a lugares donde consideran que existe una mejor manera de vivir. La participación de la sociedad civil en el desarrollo de la democracia puede verse reflejada dentro de partidos políticos u organizaciones no gubernamentales que de alguna u otra manera presionan a nuestros gobernantes a que se comprometan a trabajar por su pueblo y o sus intereses personales.

La democracia en México se mueve lentamente, tiene muchos enemigos y, por ser apenas naciente, es vulnerable. En un país donde la inequidad es enorme, cada paso que se de en favor de la democracia retará a los privilegiados social y económicamente. Hombres de negocios y caciques que se benefician con un estado autoritario y represor, sin duda se oponen al cambio y para impedirlo han creado un ambiente más "negro", con más crimen, más fraude y más represión para infundir temor de que si las cosas comienzan a tomar otro rumbo, el ambiente será peor. (Semo: 1998).

Tantos años viviendo en crisis han creado un ambiente de escepticismo, de incredulidad. La mayor parte de los mexicanos no creen en la fuerza de las leyes, mucho menos en la idea de que las istituciones gubernamentales los pueden proiteger. Este ambiente nos ha hecho cínicos, y en el peor de los casos, indiferentes ante la problemática que nos absorbe (Latapí: 1998).

Se necesitan hechos, se necesita un cambio en las actitudes culturales del desgano y la apatía, del sufrir y no ser oído, del hablar demagógicamente y no hacer algo; se necesita también tolerancia política y no permitir que diferencias ideológicas desvirtúen la meta que todos los mexicanos deseamos alcanzar: una democracia "incluyente", que demuestre la participación y voz de todos los sectores de la población.. ¿Quiénes están dispuestos al cambio?. No serán los mártires muertos, es la sociedad de hoy. Tenemos el gran compromiso de no dejar pasar este momento abierto por el pluralismo, debemos seguir abriendo puertas a la democracia; promoviendo a una sociedad educada y consciente de que es la unidad la que nos va a sacar adelante. La no participación y el ser pasivo en sí, albergan conformismo, desilusión; y lo que es peor: adaptación… acostumbrarnos a quejarnos de un país que se habla da mucho, pero que finalmente muy pocos reciben algo.

 

Bibliografía

Carpizo, Jorge, "Reflexiones en torno a la Democracia y otros problemas en Latinoamérica" en: "The Selecciones de América Latina y sus problemas". Marzo 1998. Localizado en: http://daisy.unwaterloo.ca/-alopez-o/politics/intcascbc.html

Latapí, Pablo, "Educar en un entorno de desaliento" Marzo 1998. Localizado en: http://proceso.com.mx/1113/1113n20.html

Rodríguez y Patricia González, "If Mexico now has a democracy, credit for that can be shared" en "The salt Lake Tribune". 7 julio de 1997. Localizado en: http://www.sltrib.com/97/jul/071997/COMMENTA/27507.htm

Semo, Enrique, "Y entonces la militarización" en: Proceso 4 de enero de 1998 pp.34-35

Silva-Herzog, Jesús, "La Transición según los correctos" Marzo 1998. Localizado en: http://daisy.unwaterloo.ca/-lopez-o/politics/transdem.html

 

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