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Alma mater

Texto íntegro del anuncio de jubilación, pronunciado el 22 de febrero de 2017 en la Reunión de Consejeros del Tecnológico de Monterrey



Este día es distinto -y muy especial- a los que he vivido en mi querido Tec durante 50 años, 100 semestres. Quiero compartirles una nueva etapa de mi vida. He sido muy feliz porque he caminado mucho tiempo al lado de las mejores personas, y en torno a una institución tan relevante como el Tecnológico de Monterrey. 

A partir del primero de julio iniciaré una nueva etapa de mi vida profesional y personal, desde la que seguiré sirviendo con todo el corazón y con gran pasión a mi querida institución, la que me abrazó desde hace medio siglo. Continuaré en las aulas y fuera de ellas transformando vidas.

La decisión de transferir el timón de la Rectoría en el año 2017, la tomé con plena conciencia desde que fui nombrado Rector del Tecnológico de Monterrey. La estoy viviendo con gran serenidad y alegría. 

Amar al Tec significa tener el valor de tomar decisiones difíciles, pero teniendo siempre por delante el bien del Tec y no el de uno mismo. Estoy viviendo lo que tantas veces le dije a mis compañeros durante estos años de transformación: Para asegurar la permanencia del Tec en el largo plazo prepárate, despréndete y no tengas miedo. Hoy estoy con una gran paz interior.

Ustedes saben que David Noel es un hombre de fe. Un hombre que no cree en las coincidencias, pero sí  cree en las Diosidencias. 

Por ello quiero agradecerle a ese gran Dios, que ha sido mi mejor amigo, socio y mentor. Siempre he afirmado que cuando me comparo con el universo y -aún más- con Dios, yo soy nada y Él es todo. Pero con mi nada y con Su todo he sido inmensamente feliz, me he realizado y he generado valor a mi familia, a mi querido Tec y a mi comunidad.

No se nos olvide que el que gobierna el mundo es Dios, no nosotros. Nosotros le ofrecemos a los demás nuestros servicios, sólo en lo que podemos y hasta que Él nos de fuerzas. Él siempre ha estado presente en mis decisiones trascendentales. Cuando elegí: estudiar en el Tec, la vocación de la docencia, dedicar toda mi vida a esta noble institución, a mi compañera de mi vida Magdalena y a mis colaboradores en las diferentes responsabilidades.

Él me ha guiado, ha estado cerca de mí, he podido percibir constantemente su presencia, tanto en los días de sol y de brisa suave, como en los días en que las aguas se agitaron y el viento era contrario, en los cuales siempre salí adelante. Mi vida me ha enseñado que el éxito fraguado en la adversidad, es más valioso, más noble y sabe mejor.

A mis amigos consejeros, liderados por José Antonio Fernández, les doy las gracias por todo el apoyo que siempre me brindaron, por su amistad, pero sobre todo por su gran cariño al Tec de Monterrey. Gracias de todo corazón, porque al ver su entrega y amor por la institución reafirmamos que el Tec es grande porque los tiene a ustedes. 

Gracias por apoyarnos, por transmitirnos su experiencia y sabiduría, por creer en la relevancia de la educación para transformar a nuestro querido México en uno de las mejores potencias del mundo y por poner su mirada en un mejor futuro, como la puso nuestro fundador don Eugenio Garza Sada, quien a través de su ideario y credo de vida sigue presente en el Tec y en México, y de quien yo aprendí desde que llegué al Tec a ser incansable en el actuar, generoso en el dar, sereno ante la adversidad, tenaz ante los retos, humilde y sencillo.

Deseo agradecer a todos mis colegas que con gran profesionalismo y calidad humana durante estos cincuenta años me han apoyado y brindado su amistad. En los últimos años contando con un gran mentor Salvador Alva. Nunca me he sentido solo en el Tec, siempre he estado muy bien acompañado, siempre he trabajado en equipo. 

Quiero reiterar una vez más que lo mejor del Tec es su gente. El Tec es grande por miles de mentes y corazones que se funden en torno a un amor profundo por esta gran institución. Gracias por sus consejos y amistad. Todos los logros alcanzados han sido porque que siempre he estado en hombros de gigantes. Gigantes de quienes he  aprendido: a ser visionario y audaz, a tener coraje emprendedor y curiosidad intelectual, a trabajar en equipo, a ser aguerrido y sencillo. 

Muchos son los que han caminado a mi lado durante estas cinco décadas. Algunos de ellos siempre permanecieron en la sombra, en el silencio y en la entrega cotidiana, pero fueron piezas clave para que pudiera hacer mi trabajo para engrandecer al Tec de Monterrey. Muchas gracias por su apoyo y entrega invaluable.

Quiero agradecer de todo corazón a mis colegas profesores y profesoras, cuya vocación de transformar vidas comparto. Con orgullo me he ganado el apodo de "el Profe". Reitero lo que siempre he dicho: ustedes son el corazón del Tec, la piedra angular. Gracias por su testimonio y entrega. Gracias por sus muestras de cariño y amistad a lo largo y ancho de todos los campus.

Gracias a la razón de nuestro Tec: a mis queridos alumnos quienes durante todo este tiempo en que he impartido clases me han contagiado de una juventud permanente, creativa, innovadora y alegre. Gracias a mis exalumnos, que son más de 25 mil, que han estado en el aula y que se han llevado algo de la vida de David Noel, y yo de la de ellos.

Pido perdón si a cualquiera de ustedes, en algún momento les fallé, o no estuve acorde a sus expectativas, créanmelo que siempre actué con todas mis fuerzas y con profundo amor por esta gran institución.

Me voy contento y alegre porque estoy convencido que me entregué en cuerpo y alma para cumplir con las diferentes responsabilidades que me fueron encomendadas. Todo esto lo pude hacer gracias al apoyo incondicional de la más efectiva colaboradora de David Noel, mi esposa Magdalena y mis grandes hijos Maquita y David Noel, quienes igual que un servidor, no llevan al Tec en una camiseta, lo tienen tatuado en su corazón y en su piel.

Siempre estaré cerca de todos ustedes, por la sencilla razón de que nos une el gran amor y pasión por nuestro Tec.

Ha sido el mayor honor de mi vida servir a nuestro querido Tecnológico de Monterrey durante cincuenta años, estos últimos siete años como Rector. El único deseo que tengo y tendré siempre, es que continúen los éxitos y triunfos para esta institución que amo tanto. 

Termino haciendo mías las siguientes palabras: Busquemos como quienes habrán de encontrar, encontremos como quienes deberán seguir buscando pues cuando el hombre encuentra algo y termina, es cuando verdaderamente empieza.

Muchas gracias y que Dios los bendiga.