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¿Cómo nos ven en oriente?

Fui invitado a como ponente en el Centro de Estudios Americanos de la Universidad de Fudan, China. Asistí al foro e hice la tarea. Llevé mi presentación pensando en cada detalle. Cumplí con los 15 minutos y dejé claro mi posición sobre lo que si podemos aprender de China y lo qué no, así como expuse algunas opciones de desarrollo para nuestra región, especialmente en México a través de la transferencia de mecanismos de cooperación regional como el que ellos han desarrollado denominado one belt one road en Asia. Propuse, entre otras cosas para México, la recuperación de la imagen de los comerciantes prehispánicos a través de la “Ruta Pochteca” y crear un mecanismo de cooperación horizontal y comercio con la región con miras a diversificar nuestras relaciones económicas y políticas más aun considerando el contexto en América del Norte y las consecuencias de ello para nuestro país. Luego de mi presentación siguieron otros ponentes chinos y latinoamericanos. 

Los chinos, a pesar de que son especialistas en América Latina y en sí, de otros países de la región, tienen una visión muy general de nosotros. Generalmente piensan que somos iguales y eso, para el el diseño de una política a la región, es un error. La región es diversa y cada país o subregión tiene una realidad propia. Ya he comentado con algunos colegas sobre mi opinión que la  integración económica o política en América Latina al final es un deseo y termina siendo una integración espiritual, no real. 

El Bolivarismo es un sueño. Es más retorico el asunto dado la composición de nuestros sistemas económicos y productivos. En la mayoría de los casos, a excepción de México, se adolece de un desarrollo industrial sofisticado convirtiendo a la región en abastecedora en los mercados globales de productos agropecuarios, materias primas o en algunos casos, de insumos o bienes intermedios. Hemos sido economías competitivas entre sí, no complementarias. Por ello y usando sólo 4 ejemplos, el fracaso de los mecanismos de integración en la región, ya sea el de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio que data de los años sesenta (ALALC) o su sucesora, la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) surgida en los años ochenta, o los subregionales, como el ya caduco Grupo de los Tres (G3) entre Colombia, México o Venezuela o el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) que agoniza, así lo demuestran.  En la parte política, la cosa está peor si consideramos que en la mayoría de los casos nuestra historia como naciones independientes ha estado rodeada de caudillos y líderes populistas. 

En cuanto a los latinoamericanos que escuché en las intervenciones no puedo rescatar mucho. Un discurso de apertura elocuente de una funcionaria ecuatoriana. Un burócrata chileno que lejos de aprovechar el foro para aportar ideas propias, presentó una filminas llenas de datos sin sentido. Se centró en tratar de desmarcarse de mis dichos sobre los males de la región, espacialmente en el tema de la corrupción y la composición de las economías mono exportadoras de América Latina. El otro, un uruguayo que habló muy bien, bueno, improviso muy bien. Rollo, rollo y más rollo. Casos como estos son un desperdicio. Pocas son las oportunidades de hablar de manera seria en las tribunas académicas en Asia como para que se termine haciendo lo que regularmente se hace en nuestra región, es decir, “sentirse más inteligente que el que está al frente”. Por eso no nos toman en serio, mucho menos cuando las imágenes de nosotros queda enmarcada en los estereotipos característicos de cada país. El nuestro se ha quedado en el siglo de oro de las películas mexicanas o la asociación de México con en el tequila y el aguacate recientemente. Mucha tarea por hacer para nuestro país para difundir, pienso, a través de una diplomacia cultural activa, nuestra perfecta dimensión y dejar los mitos un lado y posicionarlos como lo que somos, un país en vías de desarrollo que puede ofrecer oportunidades de inversión, un comercio justo y alianzas estratégicas en el escenario internacional con sus socios o aliados.