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13 razones...

A Rubén Munguía
 
No es la primera vez que me pasa. Si el primer capítulo promete una buena trama, me resigno y hago a la idea de que llegaré en calidad de bulto a la oficina, porque no me levantaré del sillón hasta no ver en qué acaba la historia.

Esta vez una de las culpables de mis desveladas fue la serie “13 razones por...” (13 Reasons why) que transmite Netflix. No voy a negarlo, la serie me tuvo pegado a ella por el tema tan escabroso que aborda: el suicidio adolescente.

Basada en la novela de Jay Asher, la serie trata de las 13 razones que condujeron a Hannah Baker a quitarse la vida con tan sólo 17 años. Cada capítulo es una razón que queda narrada en los casetes que Hannah va dedicando a todos aquellos que la empujaron a suicidarse. Por la forma en que transcurre la trama, el suicidio de Hannah, más que una decisión individual, resulta ser el lamentable producto de un fracaso colectivo. A la debilidad emocional de Hannah se sumaron las acciones de aquellos que le fueron matando sus ganas de vivir.

Si Chris Cornell, vocalista de Soundgarden y Audioslave, con toda una exitosa trayectoria musical en el género “Grunge”, 52 años, hijos pequeños, una esposa y un tratamiento médico para reducir la ansiedad, no pudo contener el tornado interno que lo condujo a estrangularse en el baño del hotel en el que se hospedó después de acabar un concierto, imagínese cómo se sentirán los jóvenes que día con día se enfrentan al bullying en el aula, el que circula en las redes sociales, al acoso sexual, la depresión, la falta de autoestima, la identidad o manejo de la sexualidad, la falta de habilidades sociales, las relaciones tóxicas, la desatención, la violencia intrafamiliar, la ausencia paterna, la miopía familiar al momento de identificar aquellos síntomas de que algo no anda bien, la mala comunicación, el contacto con las drogas, la ineficacia de los centros escolares para detectar y tratar a tiempo dichas problemáticas, y un largo etcétera que los jóvenes llevan a cuestas, sin que las familias y las escuelas se enteren de ello.

Proporciones guardadas, el conjunto de factores que condujeron a Hannah al prematuro desenlace fatal, ilustra las causas que nos permiten comprender por qué tantos millones de mexicanos han conducido al desfiladero al ciudadano que llevaban dentro. Sobran los motivos que nos permiten comprender este “ciudadanicidio masivo”.

Dado que me es imposible listar todas, siguiendo la misma lógica de Hannah Baker, sólo mencionaré las 13 razones que considero más determinantes en este tiempo y momento. Para que cobren más sentido, lo único que usted tiene que hacer es leer cada una de ellas anteponiendo lo siguiente: “Por más que me esfuerzo y trabajo para ser un ciudadano activo y comprometido...”

1. Salen beneficiados los mismos de siempre. En esta razón caben políticos de todos los colores, empresarios favorecidos por los políticos, malandrines y demás gandallas que siguen atracando sin que la autoridad les eche el guante encima.

2. Las cosas no cambian. Esta razón tiene su variante en la siguiente.

3. Si las cosas llegaran a cambiar, sería muy a largo plazo. En este par de razones caben las decepciones asociadas a la inercia con la que transcurre la vida cotidiana: escuela, trabajo, tele, redes sociales, flojear, carnita asada, dormir, escuela, trabajo, tele, redes sociales, flojear, carnita asada,, dormir, escuela, trabajo...

4. El tiempo invertido y el sacrificio realizado para encabezar una causa ciudadana resulta muy poco rentable. La desilusión y consecuente desmotivación ciudadana se presenta cuando uno se lanza en pro de una causa y únicamente tres personas acuden al llamado, de las cuales dos son familiares o amigos muy cercanos. Lo peor viene cuando alguien te embarra en la cara: “Ya ves, eso te pasa por andar de idealista”.

5. Las vías cortas, las de la tranza y el engaño, día a día, nos confirman su eficiencia. Años y años, y más años de actuar teniendo a la ética como guía, se vuelven un suspiro cuando te das cuenta que el impresentable de tu vecino o compañero de oficina acaba de cambiar de coche, compró un terrenito campestre, remodeló la casa, mandó a los hijos al extranjero... Cierto, algún día lo atraparán, pero eso será a partir de su quinta o sexta reencarnación.

6. Los que luchan por una causa justa, pueden terminar con un balazo en la cabeza, o sin cabeza. ¿Hay necesidad de dar otros ejemplos si pensamos la manera tan cobarde en que le arrebataron la vida al periodista sinaloense Javier Valdez?

7. La anterior razón podría derivar o modificarse por la siguiente: el esfuerzo de los que actúan en pro del bien común es aprovechado y utilizado (¿manoseado?) por los gandallas de siempre. Piense usted en las muchas marchas ciudadanas que han sido empañadas por politicuchos que aprovechan el movimiento para llevar agua a su molino.

8. Son más los que violan las reglas, que los que las siguen. No vayamos muy lejos: piense en las reglas de tránsito. ¿Cuántas veces ha llegado tarde a un sitio por no meterse en sentido contrario, cuántas veces le han cerrado una tienda por no querer aparcar frente a una rampa, un lugar exclusivo para mujeres embarazadas o los del “car pulling”? De esas reglas pásese a la declaración de impuestos, los permisos para la construcción de obras, la fayuca que puede traer legalmente del otro lado (si aún va), etcétera.

9. La gente de mi generación parece tener un repelente a las causas ciudadanas. Mueve más una novela, serie de Netflix o el Candycrush que ir a gritarle en su cara a los políticos que devuelvan lo que se han robado.

10. Muy pocos cumplen con lo que prometen. Dado que esta razón es un barril sin fondo, la dejo sólo a nivel de título.

11. Nos sigue atenazando la cultura del “nomás tantito”. En esta razón caben la desidia para poner al corriente algunos trámites, el momentito que dejamos el coche en doble fila mientras ¡nos bajamos al banco!, el agua que dejamos correr innecesariamente, las pequeñas tranzas que hacemos “y que no afectan a nadie”, etcétera.

12. La apatía o desinterés que surge cuando sale a la plática un tema que pudiera despertar la indignación y participación ciudadana. Si uno quiere que lo vuelvan a invitar a nuevas reuniones, lo mejor es no hablar de esos temas.

13. La cultura del primero yo, después yo y siempre yo, desmonta cualquier intento de organización y participación ciudadana.

Pensándolo bien, iré con Selena Gómez a plantearle estas nuevas 13 razones. Quizá su vena mexicana le mueva, como dice ella, a invertir en una nueva serie que por su actualidad, relevancia y urgencia tenga sentido producir. Lo del título es lo de menos.

Esta colaboración fue publicada originalmente en NOROESTE el día 21 de mayo de 2017.